La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) reclama un enfoque global y coordinado frente a la obesidad, así como avanzar en políticas públicas que incidan en los factores estructurales que la favorecen, "una enfermedad crónica y compleja, estrechamente vinculada a la desigualdad social". Con este objetivo, solicita al Ministerio de Sanidad la puesta en marcha de una Estrategia Integral para la Obesidad en Adulto.
"No tenemos una Estrategia Nacional Integral para Adultos, falta un reconocimiento formal y homogéneo dentro del Sistema Nacional de Salud, hay un acceso desigual a los recursos y a los tratamientos y hay una falta de educación probada", ha indicado el presidente de la SEEDO, el doctor Diego Bellido, durante la jornada "Periodismo y obesidad: el papel de los medios en una enfermedad compleja".
Bellido ha remarcado que "un mejor control del exceso de peso, incluso con reducciones moderadas, puede traducirse en beneficios relevantes en salud y en un ahorro significativo de recursos sanitarios y sociales". Asimismo, ha recordado que la obesidad es uno de los principales retos de salud pública en España, "profundamente condicionada" por el contexto económico y social, y ha incidido en el estigma, las dificultades de acceso al tratamiento y la falta de acompañamiento adecuado.
Ante este escenario, defiende un cambio de enfoque que implique reconocer la obesidad "crónica y abordable" como una enfermedad que requiere un abordaje integral, con medidas políticas, sanitarias y sociales coordinadas.
Por ello, insiste en que "emplear recursos en prevención y tratamiento de la obesidad no es un gasto, sino una inversión con retorno para la sociedad". Del mismo modo, subraya que "el reconocimiento de la obesidad como enfermedad es fundamental: sin reconocimiento no hay prioridad, sin prioridad no hay recursos, y sin recursos no hay solución".
De acuerdo con datos recientes, más de la mitad de la población adulta en España presenta exceso de peso, con mayor frecuencia en los grupos con menor renta y menor nivel formativo. Esta realidad "no solo tiene consecuencias clínicas, sino también un importante impacto económico y social, derivado del aumento de enfermedades crónicas, la pérdida de productividad y el deterioro de la calidad de vida".
"La obesidad no es un fracaso individual es un reto colectivo", ha señalado Bellido, reclamando una visión política de salud para las enfermedades crónicas. "Es una cuestión de justicia social", ha añadido, aludiendo a la urgencia de una estrategia específica ante el "acceso desigual en los tratamientos" y la "falta de educación a nivel de la población para evitar prejuicios".
"España avanza pero de manera insuficiente y desigual" y, por este motivo, uno de los objetivos centrales de la SEEDO es reforzar el reconocimiento de la obesidad como enfermedad.
Durante el encuentro se ha recordado que diversos estudios evidencian una fuerte relación entre obesidad y determinantes sociales de la salud, como el nivel socioeconómico, la formación, el diseño urbano, la disponibilidad de alimentos saludables o las posibilidades reales de hacer ejercicio físico. "La obesidad se duplica en los entornos más vulnerables, lo que pone de manifiesto que no todos partimos de las mismas condiciones para cuidar la salud", ha apuntado Bellido.
En la misma línea, la doctora Andreea Ciudin, miembro de la Junta Directiva de SEEDO e integrante del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Vall d'Hebron (Barcelona), ha recalcado que se precisan políticas y programas de alcance nacional para estudiar y corregir las 'capas externas' que rodean a los factores individuales: condiciones de vida, educación, nivel de ingresos y entornos obesogénicos, es decir, factores externos que favorecen el aumento de peso y limitan la capacidad real de elegir hábitos saludables.
Según subraya esta especialista, "en muchos casos, la obesidad es un reflejo de las desigualdades de nuestra sociedad"; además, advierte de que "a los factores descritos se suma el acceso a los fármacos para obesidad que, dada la falta de financiación por el sistema público, la necesidad de tratarse de por vida y su precio elevado, agrandan la brecha social".
Las tasas de obesidad resultan muy superiores en comunidades con menor renta, como Andalucía, Extremadura o Canarias, así como en personas con bajo nivel educativo. Aunque la prevalencia global es parecida entre sexos, las mujeres afrontan mayores riesgos metabólicos en etapas como la menopausia y sufren un estigma social más intenso. Además, los niños que crecen en entornos desfavorecidos presentan una probabilidad mucho mayor de desarrollar obesidad.
El tratamiento de la obesidad, una obligación sanitaria
La doctora Sharona Azriel, del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Infanta Sofía (Madrid) y secretaria general de SEEDO, ha remarcado que el abordaje de la obesidad supera la categoría de mera necesidad y se convierte en una obligación, defendiendo una medicina centrada en la persona, en la que el tratamiento se adapte a cada paciente.
En este sentido, considera imprescindible valorar el uso de los nuevos multiagonistas que están irrumpiendo en el campo farmacológico, así como los tratamientos ya disponibles dentro del arsenal terapéutico de la obesidad, dado que se están consolidando como opción para patologías concretas que incluso pueden llegar a revertirse.
El problema del abandono y la continuidad del tratamiento (al menos el 31% lo deja a los seis meses) lleva a Azriel a insistir en la importancia del acompañamiento para reducir las tasas de abandono. También ha resaltado la relevancia del desescalamiento, que debería ser un objetivo clínico en función de las necesidades del paciente, y el efecto rebote, que, según ha indicado, se ha convertido en un "gran desafio".
Junto a la accesibilidad y el coste, estos aspectos constituyen otros de los grandes desafios, junto con la necesidad de democratizar los tratamientos y garantizar el acceso a todas las personas que los precisen.