Sanidad

SESPAS alerta de que las guerras dañan la salud mental en todo el mundo

SESPAS alerta de que las guerras multiplican los trastornos mentales y dañan la salud psicológica global, incluso lejos de los frentes de combate.

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Imagen de archivo de un ataque ruso en la ciudad ucraniana de Sumy. MINISTERIO DEL INTERIOR DE UCRANIA / TELEGRAM

Imagen de archivo de un ataque ruso en la ciudad ucraniana de Sumy. MINISTERIO DEL INTERIOR DE UCRANIA / TELEGRAM

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La Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) alerta de que los conflictos armados no solo generan sufrimiento directo en las zonas en guerra, sino que sus consecuencias traspasan las fronteras y afectan a la salud mental de comunidades enteras a escala mundial.

Esta es la principal conclusión del sexto y último tomo de la serie “Salud Pública y Conflictos Bélicos” de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), publicado bajo el título “La Salud Mental de las poblaciones en contexto de conflicto. El impacto invisible”.

Según el informe, las personas que viven de forma directa la violencia bélica presentan tasas de depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático que pueden duplicar o triplicar las registradas en poblaciones alejadas de la guerra. La vivencia de bombardeos, agresiones, desplazamientos forzosos, pérdidas repentinas y duelos sin cierre incrementa de forma notable el riesgo de desarrollar ansiedad, depresión y trastornos de estrés postraumático, con especial impacto en grupos ya vulnerados como mujeres, niñas, personas LGTBI+ y quienes arrastran problemas de salud mental previos.

No obstante, el daño psicológico no se restringe a quienes huyen de la violencia o permanecen bajo las bombas. También alcanza a diásporas repartidas por distintos países, comunidades que acogen a personas refugiadas, personal humanitario y poblaciones muy alejadas geográficamente que siguen los conflictos a través de los medios de comunicación y las redes sociales.

En esta línea, el documento señala que la exposición continuada a imágenes y narrativas de violencia genera ansiedad, temor y sensación de impotencia incluso en quienes viven lejos del frente. Este efecto se ve reforzado por el funcionamiento de las plataformas digitales, cuyos algoritmos tienden a priorizar y amplificar los contenidos más emocionales y trágicos.

De este modo se consolida el fenómeno del “doomscrolling”, consumo compulsivo de noticias trágicas, junto con la “infodemia”, una saturación informativa, con frecuencia plagada de datos falsos o imprecisos, que alimenta la confusión, la polarización y un estrés mantenido en la población general. Las campañas organizadas de desinformación mediante “bots”, perfiles falsos y “deepfakes” intensifican aún más estas dinámicas, elevando la ansiedad y la sensación de indefensión, en especial entre familias con lazos directos con territorios en conflicto y entre colectivos ya castigados por desigualdades estructurales.

Al mismo tiempo, SESPAS subraya que el entorno del personal humanitario y militar sufre un impacto psicosocial profundo. Las familias de quienes trabajan en primera línea viven en un estado de preocupación intensa y constante por su seguridad, que se traduce en insomnio, irritabilidad, problemas de concentración y sentimientos de impotencia. La omnipresencia del conflicto en los medios alimenta esta inquietud, generando una vigilancia permanente que va minando la salud mental colectiva.

El coste de oportunidad del gasto militar

Además, SESPAS llama la atención sobre el enorme coste de oportunidad de desviar recursos hacia el presupuesto militar en lugar de destinarlos a la salud pública y la atención psicológica. “Desde una perspectiva global, cada euro invertido en armamento es un euro que deja de financiar servicios comunitarios, iniciativas preventivas y sistemas de atención psicológica que podrían reducir el sufrimiento y fortalecer la resiliencia social”, explican la Sociedad.

Esta reasignación de recursos, advierte, deteriora de forma silenciosa la salud mental de sociedades que, aunque no sufran la guerra en primera persona, padecen sus efectos indirectos a través de la falta de inversión en bienestar y servicios de apoyo.

SESPAS sostiene que abordar el impacto de la guerra sobre la salud mental debe situarse como una prioridad ética y política central, y no considerarse solo un daño colateral a minimizar, si se aspira a construir paz y equidad a nivel global.

Este volumen se incorpora a la serie Salud Pública y Conflictos Bélicos, en la que SESPAS ya ha tratado cuestiones como la escasez de agua, el efecto de la guerra en personas con enfermedades crónicas, la vulnerabilidad de determinados colectivos en contextos bélicos, la salud planetaria y la inseguridad alimentaria y la malnutrición.