Un componente del té verde potencia memoria y razonamiento en niños con trastorno del espectro alcohólico fetal

Un estudio piloto revela que un compuesto del té verde mejora funciones cognitivas y reduce conductas agresivas en niños con trastorno del espectro alcohólico fetal.

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Investigadores de la Universidad Internacional de Valencia (VIU) y del Hospital Clínic de Barcelona han constatado el potencial terapéutico de la epigalocatequina galato (EGCG), principal molécula activa del té verde, para favorecer distintas capacidades cognitivas, como la memoria y el razonamiento, en menores diagnosticados con trastorno del espectro alcohólico fetal (TEAF).

El trabajo, difundido en la revista “Scientific Reports”, evaluó durante 12 meses el impacto de este antioxidante natural en 40 niños con una edad media de 10 años. Los autores señalan que la intervención no modifica el cociente intelectual total, sino que ejerce un efecto específico sobre determinados procesos cognitivos.

Los responsables del estudio, liderado por Elisabet Navarro y Vicente Andreu, recuerdan que la exposición al alcohol durante la gestación daña estructuras cerebrales al incrementar el estrés oxidativo y la neuroinflamación, lo que se traduce en problemas de aprendizaje y alteraciones conductuales.

Tras el tratamiento con EGCG, los niños mostraron una mayor habilidad para identificar patrones y resolver problemas visuales, una mejor retención y manejo de información a corto plazo, así como progresos en el reconocimiento de rostros y en la memoria diferida. Además, se observó una reducción notable de la conducta agresiva, una de las manifestaciones conductuales con mayor repercusión funcional en este colectivo.

Impacto en la expresión génica y el estrés oxidativo

Mediante un análisis transcriptómico, el equipo científico comprobó que la EGCG altera la expresión de más de 6.600 genes. El tratamiento redujo la actividad de genes asociados a la inflamación crónica del cerebro, como CCR2 o CASP5, y aumentó la de genes reguladores que participan en el control de la muerte celular, como DUSP4.

En el plano biológico, los indicadores de estrés oxidativo descendieron entre un 21 y un 39 por ciento tras los primeros seis meses de administración, lo que respalda el papel del compuesto como protector celular. Según los investigadores, estos hallazgos apuntan a una “reprogramación inmunometabólica” que estaría detrás de las mejoras registradas en el comportamiento y la memoria de los menores.

Aunque los datos de este estudio piloto resultan alentadores, los autores subrayan que es necesario reforzar la evidencia con nuevas investigaciones. “Nuestros datos refuerzan la idea de que el estrés oxidativo y la inflamación están implicados en las alteraciones neuroconductuales del TEAF”, han señalado.

En esta línea, el grupo ha avanzado que está poniendo en marcha un ensayo clínico multicéntrico, aleatorizado y controlado con placebo, con el objetivo de validar estos resultados y definir con mayor precisión el potencial terapéutico de la EGCG en niños con este trastorno.