Un dermatólogo alerta de que una intoxicación por pescado puede parecer una alergia cutánea

La escombroidosis, intoxicación por pescado mal conservado, provoca síntomas cutáneos que a menudo se confunden con una alergia, según el dermatólogo Pedro Rodríguez.

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Una pescadería de Barcelona. David Zorrakino - Europa Press

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La escombroidosis es una intoxicación alimentaria vinculada a la ingesta de ciertos pescados que provoca en algunas personas enrojecimiento en la cara, picor intenso o aparición de ronchas en la piel. Estos signos, tal y como explica el jefe de Servicio Adjunto de Dermatología del Hospital Ruber Internacional y especialista en cirugía dermatológica de la Clínica Dermatológica Internacional (CDI), el doctor Pedro Rodríguez, no deben confundirse con los de una alergia.

Este cuadro se asocia sobre todo al consumo de pescados como el atún, la caballa o el bonito que, tras ser capturados, no han sido conservados de forma adecuada, lo que favorece un aumento de la histamina en el alimento. Aunque muchas personas interpretan estas manifestaciones como una reacción alérgica, el dermatólogo subraya que no hay participación del sistema inmunitario. “El organismo no está reaccionando contra el pescado en sí, sino frente a una sobrecarga de histamina. Por eso hablamos de una intoxicación y no de una alergia verdadera”, ha aclarado.

Los síntomas suelen iniciarse “pocos minutos después de la ingesta” y se manifiestan sobre todo a nivel cutáneo, “con enrojecimiento intenso de la cara y el cuello, sensación de calor, picor o urticaria”. En determinados casos también pueden darse molestias digestivas, cefalea o un característico sabor metálico al comer el pescado.

Rodríguez considera lógica la confusión con una alergia, ya que “la mejoría con antihistamínicos refuerza la idea equivocada de que existe una alergia y lleva a muchas personas a eliminar el pescado de su dieta”. Sin embargo, cuando estos mismos pacientes vuelven a tomar ese pescado en condiciones óptimas de conservación, “no presentan ningún problema”.

Para evitar la escombroidosis, la clave está en manipular y conservar el pescado de forma correcta. Una vez que la histamina se ha formado, no desaparece al cocinar, congelar o enlatar el producto. Por este motivo, es fundamental mantener la cadena de frío durante el transporte y consumir el pescado “lo antes posible”. “La seguridad empieza en la cadena de frío, desde el mar hasta la nevera”, ha insistido el especialista.

En la mayoría de los casos, esta intoxicación “se resuelve en pocas horas y no deja secuelas”. El dermatólogo recuerda que “es importante no alarmarse ni autodiagnosticarse. El pescado es un alimento saludable y seguro cuando se conserva correctamente; el problema no es el alimento, sino su manejo”, concluye Pedro Rodríguez.