Un especialista alerta de que la pubalgia causa hasta el 18% de las lesiones deportivas

La pubalgia, frecuente en deportes de alta exigencia, causa hasta el 18% de las lesiones deportivas y puede afectar a la vida diaria si no se trata a tiempo.

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Imagen del futbolista Lamine Yamal, que padecío una pubalgia durante la temporada. Javier Borrego / AFP7 / Europa Press

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El anestesiólogo de la Unidad del Dolor de Policlínica Gipuzkoa, Juan Martínez, ha subrayado que la pubalgia no es un problema exclusivo de los deportistas de élite, ya que puede presentarse en cualquier persona físicamente activa. De acuerdo con sus datos, este trastorno supone entre el 8 y el 18 por ciento de todas las lesiones deportivas, sobre todo en deportes con alta carga de carrera, cambios bruscos de ritmo o golpeo repetido de balón.

Martínez recuerda que la pubalgia, conocida coloquialmente como hernia del futbolista, se ha consolidado como una de las lesiones musculoesqueléticas que más inquietan a los profesionales sanitarios, tanto por el aumento de casos como por las limitaciones que genera en la vida diaria de los afectados.

Esta dolencia se manifiesta como un dolor en la parte más inferior de la pelvis, en la zona del pubis, originado por alteraciones en las vainas de los músculos abdominales que se insertan en esa región. Dichas alteraciones suelen estar relacionadas con sobrecargas, entrenamientos intensivos o una mala higiene postural, lo que configura la pubalgia como una patología de origen multifactorial en la que intervienen componentes musculares, articulares y biomecánicos.

El síntoma dominante es un dolor intenso y limitante que se agrava con el esfuerzo físico. “Por lo general, este dolor puede irradiarse hacia abdomen, ingles o parte interna del muslo, afectando tanto al rendimiento deportivo como a la vida diaria del paciente”, ha explicado el doctor. “El patrón típico consiste en un dolor que aumenta claramente con el ejercicio intenso, pudiendo llegar a imposibilitar la práctica deportiva e incluso actividades cotidianas si evoluciona sin tratamiento”, ha añadido.

El especialista indica que el diagnóstico se basa principalmente en la valoración clínica, apoyada en una exploración física minuciosa. Cuando es necesario, se complementa con pruebas de imagen como radiografías o resonancia magnética, consideradas esenciales para descartar otras patologías con síntomas parecidos y para localizar con exactitud la estructura responsable del dolor.

Reposo, fisioterapia y prevención

“El tratamiento de la pubalgia es, en la mayoría de los casos, conservador, de forma que el reposo, unas sesiones de fisioterapia orientadas a recuperar el tono y equilibrio muscular, y el uso de antiinflamatorios no esteroideos durante los primeros días resultan eficaces para aliviar los síntomas”, ha detallado.

En cuanto a los tiempos de recuperación, precisa que “los casos leves suelen resolverse entre cinco y diez días, mientras que los más complejos pueden requerir hasta tres meses”. Además, el responsable de la Unidad del Dolor señala que “los programas de ejercicio terapéutico y readaptación progresiva son los más eficaces y ofrecen mejores resultados a medio plazo, especialmente en deportistas. La cirugía queda reservada para los casos más graves en los que ningún tratamiento conservador ha dado resultado. Una situación que es poco frecuente”, ha sostenido Martínez.

Desde su punto de vista, la prevención resulta decisiva para disminuir la aparición de esta lesión. En este sentido, el anestesiólogo de Policlínica Gipuzkoa destaca que “la prevención desempeña un papel fundamental para reducir la incidencia de pubalgia. El fortalecimiento del core y la musculatura abdominal, junto con estiramientos adecuados y un calentamiento progresivo antes del ejercicio, son herramientas clave”.

Martínez recalca igualmente que “un tratamiento precoz es determinante, ya que la pubalgia, como cualquier patología dolorosa, puede cronificarse si no se aborda desde el inicio”. A ello suma que “las alteraciones en el equilibrio muscular entre abdomen y aductores y la falta de control motor pélvico son factores que elevan el riesgo de desarrollar esta lesión”.