Un estudio cifra el ahorro de la intervención farmacéutica en hasta el 0,4% del PIB en países desarrollados

Un informe de la Fundación Weber destaca el ahorro económico y el impacto clínico y social de la red de farmacias en España y países desarrollados.

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La intervención farmacéutica supone un ahorro de hasta el 0,4% del PIB en países desarrollados, según un estudio EUROPA PRESS

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El presidente de la Fundación Weber, Álvaro Hidalgo, ha dado a conocer el informe “El valor social de la red de farmacias”, elaborado por esta entidad, del que se concluye que la intervención farmacéutica genera un ahorro de “hasta el 0,4 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) en países desarrollados”, y que una implicación más amplia de las farmacias en España podría traducirse en un ahorro anual de hasta “5.700 millones de euros”.

Según ha detallado durante Infarma Madrid 2026, que se celebra en IFEMA, “no solamente se ahorran costes directos, también indirectos” porque, “con sus intervenciones, ahorran pérdidas de productividad y minimizan desplazamientos y tiempo perdido”. De ahí que considere imprescindible “valorar los resultados clínicos gracias a la farmacia”, ya que “si ganas años de vida con calidad, eso tiene repercusión económica”.

Hidalgo ha puesto como ejemplo de estas repercusiones monetarias la reducción de desplazamientos y de ingresos hospitalarios vinculados a la intervención farmacéutica, y ha resaltado el “impacto económico positivo” de la continuidad asistencial, reclamando que se integre “en los planes de las Consejerías”.

Junto al componente económico, ha remarcado otros “ejes” de la red de 22.000 farmacias y 55.000 profesionales: el social y el clínico. Entre los beneficios asociados a este último, ha mencionado “mejor control de crónicos, mayor adherencia, prevención y detección precoz más eficaz”.

Para Hidalgo, la farmacia es “el recurso sanitario más infravalorado del sistema” y ha recordado que la “revisión de literatura” en la que se basa el informe aporta “evidencia científica para sustentar lo que todo el mundo sabe: el valor de la oficina de Farmacia”. Este papel resulta clave “en el manejo de pacientes crónicos, en diabetes tipo 2 -con mejor control mediante seguimiento estructurado-” y “en asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)”.

Mejores resultados en diabetes tipo 2, hipertensión, asma y EPOC

En cuanto a los datos clínicos, el trabajo refleja que en diabetes tipo 2, hipertensión, asma y EPOC, el porcentaje de pacientes con buen control asciende al 71,3 por ciento cuando existe intervención farmacéutica, frente al 52,9 por ciento entre quienes no reciben este acompañamiento profesional.

El documento también analiza la adherencia terapéutica: alcanza el 62 por ciento en personas con riesgo cardiovascular atendidas por un farmacéutico, el 85 por ciento en pacientes con asma y el 91 por ciento en diabetes. En ausencia de este apoyo, estas tasas descienden al 39, 55 y 72 por ciento, respectivamente.

El ámbito de la prevención y la detección precoz ocupa otro apartado relevante del informe. Se ha constatado un incremento del 10,6 por ciento en nuevos diagnósticos de VIH atribuible a la actuación de los farmacéuticos, mientras que la cobertura de la vacunación antigripal pasa del 57 al 80 por ciento.

Desde la perspectiva social, el estudio estima que el 8,3 por ciento de la ganancia en calidad de vida se debe a la atención farmacéutica, porcentaje que podría elevarse hasta el 15 por ciento si se desarrollan nuevos servicios en la farmacia comunitaria.

Recomendaciones para integrar la farmacia en el sistema asistencial

A la luz de estos resultados, el informe propone avanzar hacia una integración más profunda de la farmacia en los circuitos asistenciales del sistema sanitario, reforzar la coordinación con la farmacia hospitalaria y priorizar los servicios farmacéuticos comunitarios en áreas donde ya existe evidencia clínica y económica.

Entre las medidas planteadas figura la implantación de modelos de prestación sistemática, evitando limitarse a proyectos piloto, así como aprovechar la capilaridad de la red de farmacias como recurso de proximidad. También se aboga por orientar los servicios hacia situaciones de mayor complejidad clínica, potenciar la formación, generar más evidencia e incorporar las actividades de prevención y detección precoz a las estrategias de salud pública.

Hidalgo ha insistido en que el farmacéutico debe asumir un papel más relevante “en el control de la adherencia”, el manejo “de pacientes crónicos” y “la prevención”, entre otros ámbitos, ya que “el rol muchas veces se limita solo a la dispensación del medicamento”. Por ello, ha defendido que es preciso “aprovechar todo su potencial”.

Para que este cambio sea posible, considera imprescindible “voluntad política” para “impulsar el cambio”, al tiempo que ha reconocido que “hay resistencias”. Frente a ellas, ha reivindicado la “evidencia” aportada por el informe y ha reclamado “financiar y retribuir a la oficina de farmacia” por los servicios que se incorporen al sistema.

“¿De qué se quejan los médicos y enfermeros?, de la presión asistencial que tienen”, ha planteado Hidalgo, convencido de que esta sobrecarga “se podría mitigar de forma muy importante con la farmacia”. A su juicio, “se trata de hacer más eficiente el trabajo de cada uno de los eslabones del sistema”, en un contexto que ha descrito como una “fase de sensibilización por parte de los decisores para abordar este reto”.

En términos similares se ha pronunciado el director general del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid (COFM), Francisco Fernández, quien ha señalado que hacen falta “soluciones nuevas” ante el “momento crítico” actual y ha concluido que es imprescindible “tratar de movilizar todos los recursos sanitarios disponibles para acercar el cuidado de la salud a las personas”.