Un trabajo impulsado por la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH) concluye que cerca de dos de cada tres tratamientos crónicos, en concreto el 64,47 por ciento, pueden continuarse hasta el mismo día de la intervención quirúrgica, lo que contribuye a reducir el riesgo de descompensación de las enfermedades de base.
El estudio, difundido en la revista científica de la SEFH 'Farmacia Hospitalaria' y titulado 'Guía para el manejo perioperatorio de la medicación crónica en pacientes quirúrgicos', establece criterios comunes sobre qué fármacos deben interrumpirse y en qué momento deben reintroducirse en el contexto del quirófano, dando respuesta a un ámbito asistencial en el que la ausencia de protocolos uniformes incrementaba la inseguridad clínica.
“Esta guía es fundamental para nuestra especialidad porque consolida al farmacéutico como una figura esencial dentro del equipo multidisciplinar perioperatorio”, han indicado sus autoras principales, Laura Victoria Valdeolmillos y María Jesús Esteban, quienes han añadido que “la conciliación de la medicación y la validación de tratamientos en este periodo crítico permiten prevenir eventos adversos que podrían comprometer tanto el éxito de la cirugía como la estabilidad de las patologías crónicas del paciente”.
El documento recuerda que al menos la mitad de los pacientes que pasan por una operación siguen algún tipo de tratamiento farmacológico crónico. Por ello, advierte de que una gestión inadecuada de estos medicamentos no solo compromete la seguridad clínica, sino que también está detrás de la anulación de cirugías programadas, sobre todo por un uso inadecuado de anticoagulantes y antiagregantes.
Marco común para 76 subgrupos farmacológicos
En este escenario, los 10 especialistas que firman el estudio, procedentes de distintos hospitales españoles, subrayan que la principal contribución del trabajo es el desarrollo de una herramienta operativa apoyada en la evidencia científica reciente (2015-2024). “Nuestros resultados ofrecen por primera vez un marco de actuación homogéneo para 76 subgrupos farmacológicos, incluyendo áreas con escasa bibliografía previa, como las terapias biológicas y la fitoterapia”, explican las autoras.
Asimismo, destacan que se ha logrado “una información de alto valor clínico que evita suspensiones innecesarias de tratamientos que podrían agravar la enfermedad del paciente durante el postoperatorio”. Por este motivo, insisten en la necesidad de incorporar de forma sistemática al farmacéutico en el equipo perioperatorio y de potenciar la recogida estructurada de datos sobre la práctica real en cada hospital.
Según su valoración, esta estrategia facilitará la generación de evidencia robusta que refleje cómo influye la interrupción de la medicación en el entorno quirúrgico y su repercusión en el control de las patologías crónicas. En este sentido, apuntan que las terapias biológicas representan actualmente el desafío más complejo para la unificación de protocolos.