El presidente de la Fundación Patología Dual, el doctor Néstor Szerman, ha señalado que es "casi segura" la "presencia de otros trastornos mentales y de rasgos de impulsividad" en quienes sufren adicción al juego. A partir de esta constatación, un trabajo internacional que ha coordinado junto a otros especialistas plantea impulsar políticas preventivas fundamentadas en la evidencia científica.
Coincidiendo con la celebración, este martes, 17 de febrero, del Día Internacional del Juego Responsable, se ha recalcado que casi la totalidad de las personas con trastorno por juego padece, además, otro trastorno mental. Con este contexto se ha elaborado un artículo científico liderado por investigadores españoles, que también apuesta por el desarrollo de la neurociencia clínica y la Psiquiatría de precisión.
Diferentes investigaciones internacionales indican que más del 96 por ciento de quienes presentan un trastorno por juego tienen asociado otro trastorno mental, como ansiedad, depresión, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o trastorno bipolar, lo que se denomina patología dual. Si se añadieran los trastornos psicóticos y de personalidad, la proporción se acercaría prácticamente al 100 por cien.
Esta concurrencia de diagnósticos "debería servir para recordar, a los clínicos, psiquiatras y psicólogos, que esta dualidad siempre debe ser explorada", ha recalcado Szerman. El psiquiatra ha dirigido el estudio junto a los doctores Francisco Ferre, jefe del servicio y director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, e Ignacio Basurte, director médico de la Clínica López Ibor de la capital.
En un escenario en el que casi el 7 por ciento de los pacientes ingresados en unidades de agudos de Psiquiatría presenta un trastorno por juego, a menudo pasado por alto, Szerman ha insistido en que "la identificación de la dualidad posibilita tratar los otros trastornos mentales (por ejemplo, el TDAH), al mismo tiempo que se inicia un tratamiento también biológico para el trastorno por juego, seguido de un tratamiento psicológico y social".
Prevención en tres niveles
Los especialistas plantean una estrategia preventiva escalonada en tres niveles. En la prevención primaria, el objetivo es detectar a la población con mayor probabilidad de desarrollar un trastorno por juego dual. La evidencia disponible estima que el 0,4 por ciento de la población de entre 15 y 64 años presenta un trastorno por juego, aunque alrededor del 1 por ciento tiene ya problemas relacionados con esta conducta.
"Mientras esperamos disponer, esperemos que pronto, de marcadores biológicos y genéticos, en la actualidad, podemos basarnos en datos clínicos fenomenológicos", ha indicado Szerman. En la misma línea, Basurte ha precisado que "las familias con alta densidad de trastornos mentales o aquellos jóvenes con elevada impulsividad y/o problemas de conducta deberían ser objeto de acciones preventivas".
Respecto a la prevención secundaria, el trabajo detalla que entraría en juego cuando aparecen los primeros signos del trastorno por juego. "El trastorno por juego dual requiere de un tratamiento integrado biológico, psicológico y social, pero hay bastante desconocimiento de esta perspectiva", lamenta Szerman.
Este abordaje integrado incluiría intervenciones diferenciadas y complementarias, como el empleo de fármacos para modular la impulsividad, psicoterapias específicas y medidas de carácter social. Entre estas últimas se mencionan la autoexclusión de juego, la limitación del acceso a entidades de crédito rápido y la aplicación del paradigma de reducción de daños.
"Esta aproximación, en lugar de priorizar el dejar el juego, prioriza mejorar el funcionamiento, reducir el daño psicológico y financiero y facilitar, más adelante, la involucración del paciente en el tratamiento", ha explicado el también psiquiatra e investigador del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario Gregorio Marañón, quien critica que "muchas veces se sigue valorando el trastorno como un mero problema de conducta".
Por último, la prevención terciaria se orienta a la reinserción social de estas personas. Los estudios longitudinales citados indican que la mayoría de los pacientes continúa jugando, pero en niveles no problemáticos, mientras que entre un 40 y un 60 por ciento sufre recaídas. Los autores sugieren que esto puede deberse a que la condición de jugador se mantiene en el tiempo, por lo que consideran necesario redirigir la impulsividad hacia actividades que resulten beneficiosas tanto para el individuo como para la comunidad.