Un experto alerta de cómo los tratamientos oncológicos pueden dañar la vista

Un oftalmólogo advierte de que los tratamientos oncológicos pueden dañar la salud ocular y reclama controles específicos antes, durante y después de la terapia.

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El oftalmólogo y director del Instituto Universitario Fernández-Vega, Jesús Merayo, ha avisado de que determinados tratamientos oncológicos pueden repercutir en la salud ocular, provocando síntomas como sequedad e irritación que requieren una atención específica y controles periódicos antes, durante y después de la terapia contra el cáncer.

“El paciente oncológico puede experimentar síntomas oculares que a menudo se normalizan o se atribuyen al cansancio general. Sin embargo, evaluarlos a tiempo permite pautar medidas que alivian los síntomas y reducen el riesgo de que el problema se cronifique o derive en complicaciones de la superficie ocular”, ha explicado.

Merayo ha detallado que el propio proceso oncológico y sus tratamientos pueden alterar la producción y la calidad de la lágrima, desencadenar inflamación en la superficie del ojo y originar cambios en los párpados y en las glándulas, además de efectos secundarios ligados a ciertos fármacos.

Como consecuencia, los pacientes pueden notar sensación de arenilla, escozor, enrojecimiento, visión que cambia a lo largo del día, dificultades al leer o al usar dispositivos electrónicos, así como una mayor sensibilidad al entorno, al aire acondicionado o a la calefacción, además de peor tolerancia a las lentes de contacto.

Entre las manifestaciones más habituales, subraya el síndrome de ojo seco, que es el cuadro que más personas desarrollan. Merayo insiste en que debe tratarse desde las primeras fases para impedir que progrese hacia una queratoconjuntivitis o aparezcan úlceras corneales, con especial vigilancia en quienes ya sufrían ojo seco antes del diagnóstico oncológico.

El especialista advierte también de que el cristalino puede verse afectado y que algunos tratamientos oncológicos favorecen la aparición de cataratas. “El cristalino es muy sensible a agresiones químicas e inflamatorias; por eso, en algunos pacientes vemos que se degrada antes de lo esperado provocando cataratas. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, la catarata tiene solución con una intervención segura”, ha explicado.

Asimismo, ciertos fármacos pueden producir alteraciones en la retina, la mácula e incluso en el nervio óptico. “La retina es un tejido muy sensible, cualquier toxicidad, inflamación o cambio vascular puede traducirse en síntomas visuales”, ha apuntado.

Por este motivo, Merayo insiste en que la salud de los ojos debe formar parte del abordaje integral del paciente con cáncer, sobre todo en personas con antecedentes de ojo seco, blefaritis, cirugías oculares, uso habitual de lentes de contacto o enfermedades sistémicas como la diabetes y distintas patologías autoinmunes.

Además del tratamiento en sí, recalca la necesidad de un seguimiento continuado para distinguir entre efectos pasajeros y problemas que requieren terapias específicas, evitar complicaciones en la córnea y en la superficie ocular, adaptar las pautas de cuidado según la fase del tratamiento oncológico y supervisar la evolución una vez finalizada la terapia, momento en el que algunos síntomas pueden mantenerse o incluso aparecer de forma tardía.

“Con medidas relativamente sencillas como mantener una lubricación adecuada, controlar posibles inflamaciones o realizar ajustes terapéuticos coordinados con Oncología podemos mejorar mucho estos efectos sobre la salud visual”, ha concluido.