El jefe de Geriatría del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, José Antonio Serra, subraya que el ejercicio físico es la herramienta más eficaz para poder ser “independiente” en la vejez. Por ello, defiende que la actividad física y el deporte se integren de forma explícita en la atención sanitaria y en las políticas públicas de salud dirigidas a las personas mayores.
El especialista, que también es profesor de Medicina en la Universidad Complutense de Madrid, remarca que la evidencia científica avala la actividad física “como intervención eficaz, segura y coste-efectiva frente a riesgos clave de salud”. Durante su intervención, estimó que entre los asistentes podía haber entre un 30 y un 40 por ciento de personas con hipertensión y alrededor de un 20 por ciento con diabetes, a quienes recomienda ejercicio físico “de forma estructurada” a lo largo de toda su vida.
El encuentro, celebrado en la Fundación Ramón Areces, ha insistido en que el ejercicio físico “aumenta la longevidad”, ya que ayuda a frenar el deterioro físico y también el deterioro mental. Serra ha recalcado que su propósito es sensibilizar tanto a la ciudadanía como a los responsables y proveedores de servicios de salud para “lograr un envejecimiento satisfactorio”.
Hacer realidad la evidencia científica
Los ponentes de la jornada coinciden en que el gran reto “no es producir más evidencia”, sino aplicarla de forma efectiva mediante estrategias sistemáticas que incluyan la prescripción de ejercicio en la atención primaria, el impulso de programas comunitarios y el desarrollo de políticas intersectoriales.
Desde la óptica económica, el catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Castilla-La Mancha, Juan Oliva, sostiene que una mayor práctica de ejercicio físico permitiría reducir el gasto sanitario. A su juicio, “la evidencia en ensayos controlados es suficientemente consistente para señalar que programas grupales, estructurados y multicomponentes tienen una alta probabilidad de ser costes efectivos. Aunque desconozcamos ese ahorro, sí sabemos que tiene un gran potencial en cuanto a mejora de salud y en cuanto a mejora de esperanza y de calidad de vida”.
El catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid, Fernando Rodríguez Artalejo, ha analizado las políticas de ejercicio físico en España tanto desde la salud pública como desde la práctica clínica, “avanzando resultados de la nueva cohorte IMPACT, donde miles de adultos usan acelerómetros de muñeca y muslo”. En el ámbito de la salud pública, apuesta por seguir “transformando entornos urbanos” para favorecer los desplazamientos a pie, impulsar el transporte público y aprovechar recursos locales ya existentes.
En el plano tecnológico, el profesor de Ciencias del Deporte de la Universidad Europea de Madrid, Borja del Pozo, ha puesto el foco en la utilidad de la monitorización objetiva mediante relojes inteligentes y teléfonos móviles para conocer “si has caminado más, si lo has hecho con más intensidad o si has subido las escaleras”.
Menos fármacos y más movimiento
Por último, el catedrático de la Universidad Pública de Navarra, Mikel Izquierdo, ha valorado positivamente la tendencia actual a “dejar de prescribir fármacos”, con el fin de promover “el círculo virtuoso del ejercicio físico, frente al círculo vicioso de la polifarmacia”. Ha detallado, además, los tres papeles clínicos del ejercicio: como sustituto (en el abordaje de la depresión, el insomnio o la hipertensión), como complemento (en ámbitos como la oncología, el cardiometabolismo o la EPOC) y como primera línea de intervención cuando no existen tratamientos farmacológicos eficaces (en casos de fragilidad y sarcopenia).
“No se trata de elegir entre fármacos y ejercicio, sino de integrarlos para maximizar calidad de vida y capacidad funcional”, ha concluido Izquierdo.