El Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS) ha difundido un nuevo informe sobre cáncer y radiofrecuencia, elaborado a partir de una amplia revisión de la literatura disponible, en el que se concluye que no existe una asociación causal entre la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencias (CEM-R) y el riesgo de desarrollar cáncer en personas.
El documento, sustentado en revisiones sistemáticas promovidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), analiza en detalle la posible relación entre el uso de teléfonos móviles y la aparición de tumores, incluyendo seguimientos de hasta 10 años. Para neoplasias como el glioma, el meningioma y el neurinoma del acústico, no se observó un aumento del riesgo.
Asimismo, no se detectaron asociaciones sólidas entre la leucemia infantil y la exposición a emisores fijos, como las antenas de telecomunicaciones, ni para otros tumores menos estudiados, entre ellos la leucemia o el linfoma no Hodgkin en población adulta.
En contraste, la evaluación de los trabajos que han explorado la relación entre la exposición a radiofrecuencia y la incidencia de cáncer en animales de laboratorio sí puso de manifiesto algunas señales de posible peligro.
En estos modelos experimentales se constató, por ejemplo, un incremento de gliomas en ratas macho, así como un aumento de schwannomas malignos de corazón en los mismos animales. En el caso del linfoma, los resultados fueron dispares entre estudios, mientras que, para tumores hepáticos y pulmonares, las señales positivas no se reprodujeron de forma consistente.
Los responsables de la revisión insisten en que trasladar estos indicios de peligro observados en animales al posible riesgo para los seres humanos resulta extraordinariamente complejo y debe abordarse con extrema prudencia, debido a las marcadas diferencias fisiológicas y dosimétricas entre especies.
Según señalan, la disparidad entre los resultados en animales y en humanos no implica una contradicción, sino que obedece a la distinción esencial entre “peligro” y “riesgo”. Mientras los estudios en animales identifican un peligro, es decir, la capacidad de un agente para producir daño en condiciones de laboratorio controladas y, con frecuencia, extremas, los estudios epidemiológicos en humanos valoran el riesgo, entendido como la probabilidad de que ese daño se materialice en la vida cotidiana, con los niveles de exposición habituales de la población.
En esta línea, el informe remarca que, aunque en roedores sometidos a exposición controlada se han detectado señales de peligro, estas no se han traducido hasta ahora en un riesgo cuantificable para la población humana.