Un informe del CSIC y la UPV constata que la menstruación altera la rutina diaria de más del 80% de las mujeres en España

Un estudio de INGENIO (CSIC-UPV) muestra que la menstruación condiciona la vida diaria de más del 80% de mujeres en España y revela el peso del estigma social.

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Un estudio de CSIC e Instituto INGENIO revela que la menstruación condiciona la vida de más del 80% de mujeres en España CSIC

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Un trabajo impulsado por el Instituto INGENIO, centro mixto de la Universitat Politècnica de València (UPV) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), concluye que la menstruación condiciona el día a día de más del 80 por ciento de las mujeres en España. Los resultados se han difundido en la revista especializada ‘BMC Women's Health’.

Se trata de la cuarta entrega de una amplia radiografía sobre la salud menstrual en el país, en la que han participado más de 4.000 mujeres. El estudio examina de qué manera el estigma en torno a la regla repercute en la vida cotidiana, la participación en actividades sociales y el bienestar general. Los datos muestran que solo el 15,4 por ciento de las encuestadas mantiene su rutina sin alteraciones durante los días de sangrado.

“La forma en que se vive no depende únicamente de los síntomas físicos, sino también del contexto social en el que ocurre”, ha subrayado la investigadora del Instituto INGENIO, Sara Sánchez-López. Esta reflexión se vincula con el hecho de que muchas mujeres modifican su conducta por el dolor, los sangrados abundantes o para evitar situaciones de incomodidad o exposición.

Según el análisis, ante estos síntomas las estrategias más habituales pasan por adaptar la ropa -evitando prendas blancas (48%) y determinados tipos de vestimenta (36%)-, reducir la práctica de ejercicio físico (21%) y limitar actividades como nadar o ir a la playa (22%). El principal motivo declarado detrás de estas decisiones es el dolor menstrual.

No obstante, el equipo investigador remarca que estas conductas no se explican solo por el malestar físico. La ansiedad ante la posibilidad de mancharse, la ausencia de espacios adecuados y el miedo a reacciones negativas del entorno apuntan a la vigencia de normas sociales que relegan la gestión de la salud menstrual a un ámbito estrictamente privado.

Estigma, discriminación y credibilidad

“A menudo, el malestar menstrual no se reconoce como una necesidad legítima de apoyo, sino como algo que puede restar credibilidad”, ha indicado Sánchez-López. La investigadora añade que, “en un contexto donde la menstruación se ha usado para excluir a las mujeres de ciertos roles, mostrar vulnerabilidad puede percibirse como un riesgo colectivo”.

El informe recoge numerosos relatos de mujeres que acuden a su centro educativo o a su puesto de trabajo pese a sufrir dolor intenso, náuseas o una gran fatiga. Mientras el 41 por ciento de las participantes reconoce haberse ausentado alguna vez por estos síntomas, un 44 por ciento asegura no haber dejado de asistir por motivos relacionados con la regla.

Los resultados también incluyen testimonios de burla y episodios de humillación, y ponen de relieve que la menstruación se ha utilizado con frecuencia para poner en duda o desacreditar emociones, decisiones o conflictos en la vida diaria, especialmente en el entorno interpersonal y doméstico.

“Estas situaciones refuerzan estereotipos que vinculan la menstruación con falta de control emocional o irracionalidad, lo que puede traducirse en una menor credibilidad”, ha señalado la investigadora del Instituto INGENIO y coautora del trabajo, Rocío Poveda. Por su parte, el profesor del Departamento de Matemática Aplicada de la UPV y coautor del estudio, Santiago Moll, ha apuntado que “las experiencias más positivas se asocian a contextos donde hablar de menstruación no genera incomodidad y donde se reconocen las necesidades físicas o emocionales vinculadas al ciclo”.