Un pediatra advierte de que el adelanto de la pubertad es un proceso paulatino que requiere control, no alarma

Un pediatra advierte de que la pubertad se adelanta de forma gradual en Europa, exige vigilancia individualizada y se relaciona con obesidad y factores ambientales.

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El pediatra del centro Hospiten Roca de Maspalomas (Las Palmas), el doctor César Herrera Molina, ha señalado que en Europa se observa un adelanto progresivo de la pubertad, una tendencia paulatina especialmente visible en las niñas y que precisa seguimiento, aunque sin generar alarma, ya que en la mayoría de las ocasiones se considera una variante de la normalidad.

Los estudios más recientes indican que, desde finales de los 70 y hasta 2013, la edad de inicio de la pubertad se ha adelantado en torno a tres meses por década. En el caso de las niñas, el primer signo clínico es la aparición del botón mamario bilateral, conocido como telarquia, que marca el comienzo del desarrollo puberal.

En los niños, el inicio se establece cuando el volumen testicular alcanza o supera los cuatro centímetros cúbicos. Durante años se aceptó que la pubertad no podía comenzar antes de los ocho años en niñas y de los nueve en niños, pero estos datos proceden de investigaciones antiguas y actualmente se admite una mayor variabilidad en la edad de inicio.

La interpretación de este adelanto debe hacerse con prudencia, según ha explicado Herrera Molina, quien recalca la necesidad de evitar la alarma social, pero también de no dar por normal cualquier modificación en el ritmo de la pubertad. El endocrinólogo pediátrico tiene la función de determinar qué menores requieren una evaluación más detallada y cuáles pueden beneficiarse, cuando procede, de tratamientos dirigidos a modular la velocidad del desarrollo puberal.

Respecto a los posibles riesgos de la pubertad precoz, en determinados casos puede asociarse a una mayor probabilidad de comorbilidades metabólicas a largo plazo, como la obesidad y la resistencia a la insulina. Asimismo, se han descrito más probabilidades de conductas sexuales más tempranas y de alteraciones del estado de ánimo, a menudo vinculadas al desfase entre la maduración física y el desarrollo emocional.

Aumento de consultas tras la pandemia

Tras la pandemia de la Covid-19 se ha observado un incremento notable de las consultas por sospecha de pubertad precoz. Este repunte se ha relacionado con varios factores que coincidieron en ese periodo, como el aumento del sobrepeso y la obesidad, el uso más intenso de pantallas, las alteraciones del sueño y el incremento del estrés emocional en la infancia.

Entre todos ellos, destaca la obesidad, ya que el tejido graso ejerce funciones hormonales activas y, cuando se acumula en exceso, puede favorecer la activación temprana de los mecanismos que ponen en marcha la pubertad, elevando así el riesgo. En este contexto, cobran especial importancia los hábitos alimentarios y la exposición a los llamados disruptores endocrinos, sustancias químicas capaces de interferir en el sistema hormonal.

Profundizando en este punto, Herrera Molina ha explicado que el tejido adiposo actúa como un tejido hormonal activo que, por un lado, envía al organismo una señal de suficiencia energética necesaria para iniciar la pubertad. No obstante, cuando existe un exceso de grasa corporal, se genera un estado proinflamatorio que puede alterar el eje hipotálamo-hipófisis-gonadal y propiciar un comienzo puberal más temprano.

En numerosos casos, además, existe una predisposición genética familiar al adelanto de la pubertad que se suma a factores ambientales, sin que ello implique necesariamente una enfermedad. Las causas secundarias de pubertad precoz son menos habituales, pero deben descartarse en determinados escenarios clínicos para asegurar un diagnóstico correcto.

En este sentido, las revisiones periódicas del niño sano son fundamentales, ya que permiten vigilar de forma sistemática el crecimiento, el peso y la aparición de los primeros signos puberales. Ante cualquier duda, la valoración por un endocrinólogo pediátrico facilita el estudio individualizado de cada menor y la decisión sobre si conviene intensificar el seguimiento o solicitar pruebas complementarias.

Por último, Herrera Molina ha remarcado que la actualización constante de los conocimientos de los profesionales sanitarios es esencial para evitar la difusión de mensajes inexactos o alarmistas. El abordaje de la pubertad precoz no recae en una sola figura, sino que requiere un trabajo coordinado entre distintos especialistas y niveles asistenciales.