La responsable de Urgencias del Hospital Universitario La Luz, Ana Carolina da Silva, ha alertado de que gran parte de las alergias típicas de la primavera cursan de forma leve, pero si no se manejan de forma adecuada pueden progresar hasta desencadenar crisis respiratorias que precisan atención urgente.
“La alergia primaveral no debe banalizarse. Bien controlada es un proceso leve; mal controlada puede convertirse en una urgencia respiratoria”, ha resaltado Da Silva.
Con la llegada de la primavera y el incremento de los niveles de polen en el ambiente, la doctora recuerda que los servicios de Urgencias observan cada año un aumento de pacientes con clínica respiratoria. Durante los meses de marzo y abril, las consultas por alergia respiratoria se incrementan entre un 15 y un 25 por ciento, coincidiendo con el máximo de polinización de gramíneas y olivo.
En este periodo, los signos más frecuentes son congestión nasal, mucosidad acuosa, estornudos en serie y picor en nariz y ojos. No obstante, lo que más preocupa en Urgencias es la dificultad para respirar. “Cuando aparece sensación de opresión torácica, tos persistente, sibilancias o falta de aire, especialmente en pacientes asmáticos, estamos ante un cuadro que puede evolucionar rápidamente”, señala la especialista.
Una rinitis alérgica puede agravarse si la inflamación se extiende a la vía aérea inferior y provoca broncoespasmo. Si la persona necesita recurrir con más frecuencia al inhalador de rescate o no nota mejoría con su tratamiento habitual, es esencial acudir a una valoración médica sin demora.
La doctora subraya que hay signos de alarma que obligan a acudir de inmediato a Urgencias: dificultad respiratoria incluso en reposo; fuerte opresión en el pecho; sibilancias audibles; uso reiterado del inhalador sin respuesta; incapacidad para articular frases completas; mareo, sudoración fría o sensación de desmayo y coloración azulada en labios o uñas en los casos más graves. “Cuando la falta de aire interfiere en actividades básicas o aparece en reposo, estamos ante una urgencia”, añade la experta.
Población de mayor riesgo en primavera
Las personas con asma o antecedentes de reacciones alérgicas severas tienen más probabilidades de sufrir descompensaciones durante la primavera. En estos pacientes, la indicación es clara: seguir de forma estricta el tratamiento de base, revisar el plan de actuación antes del inicio de la temporada de polen y llevar siempre consigo la medicación de rescate.
En la infancia, las crisis pueden instaurarse de forma más rápida y manifestarse sobre todo como tos persistente, incluso sin que se escuchen sibilancias. En los mayores, la sensación de ahogo puede confundirse con problemas cardiacos o pulmonares ya existentes, lo que retrasa el diagnóstico. “Ambos grupos son más vulnerables y requieren una vigilancia más estrecha”, apunta la responsable de Urgencias del hospital madrileño.
Según la especialista, uno de los errores más habituales es la automedicación y la tendencia a restar importancia a los síntomas. “Muchos pacientes retrasan la consulta pensando que 'solo es alergia'. El problema no es tratarla, sino no reconocer cuándo deja de ser un proceso leve”, advierte, al tiempo que destaca que el uso incorrecto de antihistamínicos o inhaladores puede favorecer el empeoramiento del cuadro, sobre todo cuando hay afectación bronquial.
Para reducir el riesgo de que una alergia primaveral desemboque en una urgencia respiratoria, Da Silva aconseja iniciar o ajustar el tratamiento preventivo antes del pico de polinización, revisar a diario la información sobre niveles de polen y limitar las actividades al aire libre en jornadas de alta concentración.
Asimismo, recomienda ventilar la vivienda a primera hora del día y evitar abrir las ventanas en las horas centrales, cuando hay más polen en suspensión. En personas muy sensibles, sugiere el uso de gafas de sol o mascarilla. Por último, insiste en la importancia de mantener una adecuada higiene nasal con suero fisiológico y seguir de forma rigurosa el tratamiento prescrito.