La neumóloga y directora médica de Linde Médica, Sandra Vañes, ha advertido de que la incidencia de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) está creciendo entre la población femenina, lo que, a su entender, obliga a revisar tanto el diagnóstico como la estrategia asistencial incorporando una perspectiva de género.
La especialista ha rememorado que, durante muchos años, la EPOC se consideró una dolencia casi exclusiva de hombres. No obstante, en la actualidad la diferencia entre sexos se ha estrechado de forma notable y, en algunos países occidentales, la mortalidad por EPOC en mujeres ya iguala o incluso supera a la de los varones.
De este modo, ha incidido en que las cifras actuales muestran un escenario epidemiológico muy distinto al de hace tres décadas: cada vez más mujeres conviven con EPOC, muchas de ellas comienzan con la enfermedad a edades más precoces y un número relevante sigue sin recibir un diagnóstico adecuado.
“La EPOC en mujeres tiene particularidades epidemiológicas, biológicas y psicosociales que debemos integrar en el diagnóstico y el manejo. Es una EPOC con matices propios. Reconocerlos no divide, sino que mejora la atención”, sostiene la experta.
La literatura científica respalda la existencia de estas diferencias. En el plano biológico, se han descrito factores anatómicos —como unas vías aéreas proporcionalmente más estrechas—, así como variaciones en la respuesta inflamatoria y en el metabolismo de los componentes del humo del tabaco.
“Las mujeres no solo tienen un calibre bronquial menor, sino que existen diferencias hormonales y en la expresión de determinados mediadores inflamatorios que pueden influir en cómo el pulmón responde a la agresión crónica del humo. También se han descrito variaciones en la forma en que metabolizan ciertos componentes tóxicos del tabaco, lo que podría favorecer un daño más precoz o más intenso con la misma exposición”, ha explicado Vañes.
En cuanto a la forma de presentación de la patología, la evidencia también confirma que la EPOC no cursa igual en hombres y en mujeres. “En los hombres predomina más la destrucción del tejido pulmonar profundo, especialmente de los pequeños sacos donde el pulmón capta el oxígeno. Ellas debutan a edades más tempranas, suelen presentar mayor intensidad de disnea para el mismo grado de obstrucción, menos expectoración y un componente bronquial más marcado, además de mayor frecuencia de exacerbaciones y de solapamiento con asma. Asimismo, a igualdad de exposición al tabaco, las mujeres parecen desarrollar mayor obstrucción pulmonar”, asegura Vañes.
Las divergencias también se observan a nivel sistémico. “En mujeres con EPOC son significativamente más frecuentes patologías como la ansiedad y depresión, la osteoporosis y riesgo de fractura, y la desnutrición y sarcopenia, mientras que en los hombres predominan las comorbilidades cardiovasculares y metabólicas”, comenta la experta.
Respecto al abordaje terapéutico, las guías clínicas vigentes no contemplan por ahora diferencias en el tratamiento según el sexo, y tanto los broncodilatadores como la rehabilitación pulmonar ofrecen beneficios comparables en hombres y mujeres. Aun así, algunos estudios apuntan a que las pacientes podrían responder mejor a los corticoides inhalados y mostrar mayor adherencia y beneficio con la oxigenoterapia domiciliaria, aunque la base de evidencia sigue siendo limitada.
“No se trata de tratar diferente por sistema, sino de comprender mejor las diferencias para poder personalizar mejor la atención. Necesitamos ensayos clínicos que analicen los resultados estratificados por sexo”, insiste Vañes.
Infradiagnóstico y peor calidad de vida
Según la neumóloga, este patrón de comorbilidades repercute de forma directa en la calidad de vida. Diversas investigaciones describen una peor percepción de salud y una mayor limitación funcional en mujeres, incluso cuando presentan una función pulmonar similar a la de los hombres. Sin embargo, la supervivencia tras un ingreso hospitalario por exacerbación de EPOC resulta más favorable en ellas. En una cohorte publicada en la revista ‘Thorax’, el riesgo ajustado de mortalidad después de una hospitalización por EPOC fue aproximadamente 1,45 veces superior en varones.
El deterioro en la calidad de vida se ve agravado por el retraso en el diagnóstico. Diferentes estudios han puesto de manifiesto que las mujeres con EPOC sufren con más frecuencia infradiagnóstico y, en no pocas ocasiones, se las clasifica inicialmente como asmáticas o incluso como pacientes con trastornos de ansiedad. “Ese retraso diagnóstico implica iniciar el tratamiento más tarde y llegar a consulta con mayor carga sintomática y peor calidad de vida. La EPOC en mujeres no solo es diferente; también ha sido menos reconocida”, advierte Vañes.
Ante esta situación, los expertos coinciden en la necesidad de incrementar la sospecha clínica de EPOC en mujeres con disnea persistente, aunque tengan una menor carga tabáquica; integrar de forma rutinaria la valoración de ansiedad, depresión y salud ósea en su seguimiento; evitar la banalización de los síntomas atribuyéndolos exclusivamente a causas emocionales; y poner en marcha campañas específicas de prevención tanto frente al tabaquismo como orientadas a mejorar la calidad del aire en interiores.
“Ignorar estas diferencias no nos hace más equitativos, nos hace menos precisos. Integrar la perspectiva de sexo y género en la investigación y en la práctica clínica es el primer paso para ofrecer una atención más justa, más personalizada y, en definitiva, más eficaz”, ha finalizado Vañes.