Las dietas muy restrictivas que se popularizan en redes sociales y que se siguen sin supervisión profesional pueden alterar el metabolismo y provocar desajustes hormonales, trastornos digestivos y carencias de nutrientes, según explica la nutricionista de Blua de Sanitas, Verónica Velasco.
Con frecuencia, estos contenidos carecen de base científica y promueven prácticas extremas, como ayunos muy prolongados o la eliminación total de la ingesta durante un día para “deshincharse” o compensar excesos puntuales.
Junto a los efectos físicos, se añade el impacto psicológico. El psicólogo de Blua de Sanitas, Jorge Buenavida, advierte de que los mensajes que presentan la restricción como herramienta de control o compensación consolidan una relación poco saludable con la comida.
“En personas jóvenes o vulnerables, este tipo de contenidos puede favorecer la aparición de ansiedad, restricciones no sanas, culpa asociada al no control en la alimentación, todo ello, al final, suponen conductas de riesgo vinculadas a los trastornos de la conducta alimentaria”, ha detallado.
En esta línea, los expertos de Sanitas señalan que la expansión de estas recomendaciones en redes sociales contribuye a “banalizar conductas” que, si se sostienen en el tiempo, pueden derivar en consecuencias graves para la salud.
Además, la exposición constante a este tipo de publicaciones desplaza a un segundo plano las pautas respaldadas por la evidencia científica, dificultando que la población distinga qué recomendaciones nutricionales son realmente seguras y adecuadas.
Importancia de una alimentación estable y equilibrada
En este escenario, Verónica Velasco desaconseja “la restricción total de alimentos” como método de compensación, ya que saltarse comidas o recurrir a ayunos puntuales no corrige los excesos y puede alterar el metabolismo, reducir la masa muscular, provocar cambios bruscos en la función digestiva, favorecer déficits de nutrientes y consolidar hábitos poco saludables. Por el contrario, una alimentación regular y equilibrada ayuda a mantener el tránsito intestinal, la energía diaria y la sensación de saciedad.
Asimismo, insiste en desconfiar de los mensajes que prometen resultados inmediatos o soluciones válidas para todo el mundo, dado que cada organismo responde de forma distinta a las pautas dietéticas.
Ante signos mantenidos en el tiempo, como hinchazón recurrente, dolor abdominal, problemas digestivos persistentes o variaciones marcadas de peso o volumen, Velasco subraya la necesidad de una evaluación individualizada que permita detectar el origen y fijar recomendaciones seguras.
Al mismo tiempo, anima a quienes se sienten influidos por estos contenidos a evitar comparaciones “poco realistas” y a trabajar la gestión de la culpa o la ansiedad, con el fin de construir hábitos más sanos y sostenibles.
“La alimentación saludable no se basa en prohibiciones ni en medidas drásticas, sino en un enfoque equilibrado, constante y con acompañamiento profesional, especialmente en un entorno digital donde la desinformación puede difundirse con rapidez”, ha concluido.