Una oftalmóloga alerta de que los problemas de visión en niños con TEA pueden pasar desapercibidos si no expresan sus síntomas

Una especialista del IOFV advierte de que los problemas visuales en niños con TEA pueden pasar desapercibidos por las dificultades de comunicación.

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La doctora Lucía Fernández-Vega, integrante del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega (IOFV), ha advertido de que, cuando un menor con trastorno del espectro autista (TEA) no es capaz de relatar los síntomas del problema visual que sufre, este puede pasar “desapercibido”.

“En muchos casos, el principal reto no es la exploración ocular en sí, sino identificar que existe un problema visual”, ha explicado la especialista, que añade que, “si un niño no puede explicar que ve borroso, que se marea al leer o que le duele la cabeza, es más probable que el problema pase desapercibido o se atribuya a otras causas”.

Coincidiendo con el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, que se conmemora este jueves, 2 de abril, el IOFV recuerda que detectar alteraciones oculares en menores con TEA resulta especialmente complicado por las dificultades de comunicación propias de este trastorno.

Estas limitaciones pueden generar obstáculos a la hora de que los niños describan qué perciben, si la luz les resulta molesta o si padecen dolor, visión borrosa o cansancio visual, lo que puede demorar la identificación de patologías oculares.

“Cuando no hay una comunicación clara de síntomas, tenemos que apoyarnos más en signos indirectos y en lo que observan padres, madres, docentes y cuidadores”, ha indicado Fernández-Vega. El TEA es un trastorno del neurodesarrollo que se caracteriza por déficits en la comunicación social, alteraciones del lenguaje y patrones de conducta restrictivos o repetitivos.

Impacto en la atención y el aprendizaje

La visión, además, repercute de forma directa en las actividades cotidianas y puede intensificar dificultades de atención, rendimiento escolar, lectura, juego y coordinación motora. Por este motivo, resulta clave identificar y tratar cuanto antes defectos refractivos como miopía, hipermetropía o astigmatismo, entre otros, para favorecer un desarrollo adecuado.

En este sentido, la experta señala que la exploración oftalmológica puede necesitar adaptaciones específicas. “La consulta debe ser flexible: dar más tiempo, reducir estímulos si es necesario y explicar cada paso de forma sencilla”, ha destacado, al tiempo que recuerda que, en algunos casos, no será posible realizar “todas las pruebas estándar en la primera visita”.

La colaboración con la familia se vuelve entonces fundamental para prever situaciones que puedan generar ansiedad o rechazo. La información que aportan los cuidadores “ayuda a adaptar la exploración según las necesidades de cada niño”, y “ese trabajo conjunto puede marcar la diferencia”, ha subrayado.

Desde el IOFV recomiendan vigilar determinadas conductas que, aunque no son exclusivas de un problema ocular, pueden apuntar a su existencia cuando se repiten o interfieren en la vida diaria: acercarse en exceso a pantallas, libros u objetos; entrecerrar los ojos para intentar enfocar; evitar tareas que exigen esfuerzo visual, como puzzles, lectura o dibujo, o mostrar frustración ante ellas; sensibilidad acusada a la luz o lagrimeo habitual; frotarse los ojos de forma reiterada y sufrir caídas o golpes frecuentes sin una causa evidente.

“No todo comportamiento tiene un origen visual pero, si hay una alteración ocular y no se detecta, el niño seguirá teniendo una barrera añadida”, ha señalado Fernández-Vega, quien recuerda que “por eso, es importante no dar por hecho que, si no expresa ningún problema, no existe”. Para favorecer el diagnóstico, la doctora aconseja que las familias registren estas conductas y “apuntar estos comportamientos y compartirlos con el oftalmólogo”.