Una psicóloga destaca que besar alivia el estrés, mejora el ánimo y refuerza los lazos personales

Una psicóloga explica cómo besar libera hormonas que reducen el estrés, mejoran el ánimo y fortalecen los vínculos afectivos y la salud mental.

2 minutos

Publicado

2 minutos

Durante un beso se producen liberaciones de neurotransmisores y hormonas —entre ellas la oxitocina, la dopamina, la serotonina o las endorfinas— que ayudan a reducir el estrés, a fortalecer los vínculos con otras personas y a generar sensaciones de bienestar, placer y seguridad, tal y como explica la directora del Grado de Psicología en UNIE Universidad, integrada en la red de educación superior de Planeta Formación y Universidades, Conchita Sisí.

Con motivo del Día Internacional del Beso, que se celebra el 13 de abril, Sisí detalla que, desde el punto de vista psicológico, el beso puede considerarse una “conducta de afiliación” que pone en marcha sistemas implicados en el vínculo y en la regulación de las emociones.

Los besos se incluyen dentro de las conductas de intimidad que favorecen la cohesión en las relaciones y la sensación de apoyo social, dos factores “estrechamente vinculadas” con el bienestar emocional. Además, según la psicóloga, este tipo de contacto afectivo contribuye a disminuir los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés, lo que se refleja en una mejora del estado de ánimo y en una mayor relajación.

Impacto en la cohesión y la salud mental

Sisí subraya también que besar tiene un efecto directo en la dinámica de las relaciones. Diversas investigaciones señalan que el contacto físico afectivo potencia la cohesión entre las personas, mejora la percepción de apoyo social y refuerza el sentimiento de conexión con los demás. Besar se ha relacionado incluso con un incremento de la autoestima y con una mejor calidad en las relaciones de pareja.

“La evidencia indica que el contacto físico afectivo no solo tiene efectos inmediatos sobre el estado de ánimo, sino que también puede desempeñar un papel relevante en la calidad de las relaciones y, a largo plazo, en indicadores de salud mental”, ha continuado.

Este tipo de muestras de afecto no solo facilitan la conexión interpersonal, sino que también funcionan como reguladores emocionales cotidianos. “Algunos estudios han mostrado que el contacto afectivo íntimo se asocia con la liberación de oxitocina, clave en la formación de los vínculos, así como con la activación de circuitos dopaminérgicos relacionados con el refuerzo y el placer. Además, se ha observado que este tipo de interacción puede contribuir a la reducción de los niveles de cortisol, lo que sugiere un posible efecto modulador sobre la respuesta al estrés”, ha detallado la psicóloga.

A lo largo de la historia, el beso ha sido una forma de comunicación no verbal “clave”. Existen referencias de su práctica desde hace más de 4.500 años en civilizaciones como Mesopotamia, donde ya cumplía una doble función: afectiva y social. En la actualidad continúa siendo una de las maneras más directas de mostrar cercanía y conexión.

Con todo, la experta recuerda que no todo el mundo experimenta el contacto físico de la misma forma ni lo requiere en igual grado, ya que el bienestar emocional también puede construirse mediante otros gestos como la conversación, la escucha o el simple acompañamiento. Así, aunque besar no es imprescindible, puede convertirse en una forma “muy clara y natural de expresar cercanía”.

En conjunto, el beso, integrado de manera espontánea en las relaciones interpersonales, se presenta como una “herramienta sencilla” pero muy potente para favorecer el bienestar, siempre respetando las preferencias individuales y las distintas maneras de relacionarse.