Una psicóloga subraya que las primeras 24-48 horas tras el accidente de Adamuz son clave para la atención psicológica

Una psicóloga de emergencias recalca que las primeras 24-48 horas tras el accidente de trenes de Adamuz son decisivas para mitigar el impacto emocional.

3 minutos

Familiares de los pasajeros del tren procedente de Puerta de Atocha y con destino Huelva, acuden a la estación de trenes de Huelva. A 19 de enero de 2026, en Huelva (Andalucía, España). Clara Carrasco

Publicado

3 minutos

La psicóloga especialista en Emergencias Mónica Pereira, integrante del Grupo de Trabajo de Urgencias, Emergencias y Catástrofes del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, ha remarcado la relevancia de ofrecer apoyo psicológico en las primeras 24 a 48 horas a las personas afectadas por el accidente de trenes ocurrido en Adamuz (Córdoba), un hecho para el que “no está nadie preparado”.

En declaraciones a Europa Press, Pereira ha señalado que “la mayoría de las personas en este primer momento se quedan en 'shock' porque el cerebro nos pone en una burbuja para no seguir sufriendo, para que no siga entrando información que nos haga sufrir. Y mientras estemos en esa burbuja, aunque no lo estemos procesando, por lo menos no estamos empeorando la situación”.

Ha descrito esta reacción como una de las “respuestas automáticas” que pone en marcha el cerebro ante experiencias extremas, cuyo impacto hace “insuficientes” las capacidades habituales de afrontamiento. Junto a este estado de bloqueo, ha mencionado otras respuestas frecuentes, como la “huida”, que implica negar lo sucedido y actuar como si no hubiera pasado nada, y el “ataque”, que se manifiesta en enfado, quejas o búsqueda de culpables al pensar que se podría haber actuado de otra forma.

Pasadas las primeras horas, la profesional ha indicado que la persona empieza a tomar conciencia de lo ocurrido y a enfrentarse a la realidad, una fase en la que puede aparecer sintomatología “muy incómoda” que a menudo no se comprende. Entre estas reacciones, ha citado las reexperimentaciones en forma de pesadillas o ataques de ansiedad “repentinos” en quienes han vivido el accidente.

Pereira ha reconocido que “creo que pocas personas han vivido una situación como la que estamos experimentando ahora. Entonces, como no sé cómo manejarla, empiezo a probar métodos de afrontamiento de otras situaciones difíciles que he tenido, pero no suelen funcionar. Ahí nuestro trabajo es ayudarles con estrategias de regulación emocional”.

En este sentido, ha insistido en que las intervenciones psicológicas en las primeras 24 a 48 horas son “muy significativas”, especialmente para quienes han perdido a un familiar o allegado, porque permiten comprender que la sintomatología que presentan es “absolutamente normal” y facilitan recursos para poder afrontarla.

También ha precisado que, durante las primeras cuatro semanas tras el accidente, sin que sea un límite estricto, cualquier reacción emocional o física, por extraña que parezca, se considera normal. “A partir del primer mes, si la sintomatología que tengo no se reduce o no me permite hacer una vida diaria normalizada, es cuando ya sí recomendamos pedir ayuda para poder desarrollar habilidades y estrategias que me permitan avanzar”, ha añadido.

Proceso de recuperación tras el accidente

Respecto a la evolución a medio plazo, la especialista ha explicado que, a lo largo del primer año posterior al suceso, es habitual que muchos acontecimientos cotidianos se vinculen mentalmente con el accidente. Así, ha puesto como ejemplo “mi primer cumpleaños después del accidente, mis primeras vacaciones después del accidente, mis primeras navidades después del accidente y el primer aniversario del accidente”.

En esos hitos, ha descrito que suele producirse un “pico de ansiedad y de malestar”, aunque, una vez transcurrido ese primer año, las personas suelen percibir que son capaces de continuar con su vida y de superar lo ocurrido, momento en el que la recuperación “empieza a ser total”.

La psicóloga ha pedido evitar “psicopatologizar” las reacciones iniciales, puesto que la mayoría de los afectados se recuperará de manera espontánea. No obstante, ha recalcado que “pero si cualquiera, ya sea que han perdido un ser querido, que han tenido lesiones físicas, si sienten que no son capaces solos, cuanto antes pidan ayuda, mejor pronóstico van a tener”.

Sobre el papel del entorno cercano, Pereira ha señalado que familiares y amigos deben acompañar “normalizando” los síntomas, explicando a la persona afectada que forman parte del proceso de afrontamiento y recordándole que está a salvo. Al mismo tiempo, ha pedido que se mantenga la atención sobre la evolución de esa sintomatología y, si se prolonga más allá del primer mes o interfiere en la vida diaria, se les anime a solicitar apoyo psicológico especializado.