Una revisión de la UPM concluye que los lácteos fermentados refuerzan el microbioma intestinal y el rendimiento físico

Una revisión de la UPM relaciona los lácteos fermentados con un microbioma intestinal más sano, mejor inmunidad y mayor rendimiento físico.

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Un grupo de especialistas de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Politécnica de Madrid (INEF-UPM) ha realizado una revisión científica en la que se constata que el consumo de lácteos fermentados potencia el microbioma intestinal y se asocia con una mejora del rendimiento físico.

El trabajo, llevado a cabo junto con el Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid (IdISSC), concluye que este tipo de productos, transformados mediante la acción de microorganismos vivos como bacterias y levaduras que fermentan la lactosa y generan ácido láctico, contribuyen a optimizar la respuesta del sistema inmunitario, favorecen la regulación de reacciones adversas a los alimentos y apoyan una mejor salud cardiometabólica.

“Mejorar la microbiota intestinal mediante lácteos fermentados puede tener un impacto directo en cómo el cuerpo rinde, se recupera y se protege frente al estrés físico y metabólico del día a día”, ha explicado el miembro del Grupo de Investigación ImFINE de INEF-UPM y autor principal de este estudio, el doctor Javier Modrego.

Reacciones adversas a los alimentos y salud cardiometabólica

Profundizando en esta revisión, publicada en la revista especializada ‘Nutrients’, los autores destacan que los lácteos fermentados contribuyen a modular reacciones adversas a los alimentos y a mantener una salud cardiometabólica más estable, tres aspectos íntimamente relacionados con la disponibilidad de energía, los procesos inflamatorios, la recuperación muscular y la capacidad de adaptación al esfuerzo físico.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo ha analizado la literatura científica disponible, recopilando y sintetizando la evidencia sobre cómo estos alimentos y sus compuestos bioactivos, entre ellos probióticos, péptidos, exosomas y microARN, influyen en la composición y la actividad del microbioma intestinal.

Asimismo, los investigadores han evaluado la relevancia de esta modulación microbiana en procesos clave como la función inmunitaria, las reacciones adversas a los alimentos (incluidas la intolerancia a la lactosa y la alergia a proteínas lácteas), la salud cardiometabólica y la respuesta inflamatoria del organismo.

Estos resultados “muestran que incorporar lácteos fermentados en la dieta puede ser una estrategia sencilla, económica y accesible para mejorar la salud intestinal, reforzar la inmunidad, reducir molestias asociadas a intolerancias o alergias leves y favorecer un mejor estado cardiometabólico, con beneficios que se traducen en más energía y mejor capacidad física”, han concluido los responsables de este trabajo.