La exposición de las mujeres gestantes a ciertas sustancias químicas habituales en el entorno diario podría incrementar la probabilidad de que los recién nacidos presenten malformaciones congénitas que requieran cirugía pediátrica, según un estudio difundido recientemente en la “Journal of Pediatric Surgery”.
El trabajo está coordinado por Bernardo Núñez García y Natàlia Álvarez García, cirujanos pediátricos del Hospital Universitari Parc Taulí e integrantes del grupo de trastornos del crecimiento y del desarrollo del Institut d'Investigació i Innovació Parc Taulí (I3PT).
El equipo ha realizado una revisión sistemática de la literatura científica disponible sobre la relación entre la exposición prenatal a los llamados disruptores endocrinos —sustancias capaces de interferir en el sistema hormonal— y la aparición de malformaciones congénitas con repercusión quirúrgica en la infancia.
Entre los disruptores endocrinos se incluyen compuestos como los ftalatos, los bisfenoles y determinadas sustancias perfluoradas. Están presentes en productos de uso muy común, como plásticos, envases para alimentos, cosméticos, artículos de limpieza o recubrimientos antiadherentes. Diversas investigaciones han constatado que pueden detectarse en más del 95 por ciento de las embarazadas, lo que supone una exposición prácticamente generalizada durante fases clave del desarrollo fetal.
“Estas sustancias interfieren en procesos hormonales esenciales durante las primeras semanas de gestación, cuando se están formando los órganos. Por eso es importante entender qué impacto real pueden tener sobre el desarrollo del feto”, ha explica Núñez.
La revisión recopiló 66 estudios observacionales publicados entre 2010 y 2025, con información de 35.732 participantes de 18 países, sobre todo de Europa, América del Norte y Asia. El análisis se centró en malformaciones congénitas que con frecuencia precisan cirugía, como la hipospadias, el criptorquidismo o diversas cardiopatías congénitas.
Los resultados señalan una asociación estadísticamente significativa entre la exposición prenatal a disruptores endocrinos y un incremento del riesgo de algunas de estas anomalías.
Entre los compuestos evaluados, los ftalatos —en particular el DEHP y el DBP— son los que muestran una relación más marcada con las malformaciones urogenitales masculinas. En el caso de los bisfenoles, los datos apuntan a una asociación relevante con las cardiopatías congénitas.
“Estos compuestos pueden alterar la síntesis hormonal, modificar la expresión de determinados genes del desarrollo o generar estrés oxidativo en tejidos en formación, mecanismos que ayudan a explicar la relación observada”, señala Núñez.
El estudio también destaca que la exposición durante el primer trimestre del embarazo resulta especialmente determinante, ya que en ese periodo tiene lugar la organogénesis, la etapa del desarrollo embrionario en la que se forman los órganos y los principales sistemas corporales.
Implicaciones clínicas y preventivas
Aunque los autores recuerdan que la mayoría de los embarazos expuestos a estos compuestos no desembocan en malformaciones, sus conclusiones refuerzan la importancia de considerar los factores ambientales en el seguimiento prenatal y en el manejo clínico de las anomalías congénitas.
“Este trabajo muestra que muchos de estos riesgos no son inevitables. Reducir la exposición a determinados productos durante el embarazo puede abrir una vía real de prevención”, apunta Álvarez.
El estudio incide asimismo en la conveniencia de impulsar medidas preventivas, tanto mediante el asesoramiento a las mujeres embarazadas como desde las políticas de salud pública y la regulación de sustancias químicas.