El hombre acusado de adquirir “sustancias químicas” para producir “mezclas explosivas, incendiarias y pirotécnicas” sin ningún tipo de permiso ni licencia ha admitido este martes los hechos ante el tribunal y ha asumido una pena de dos años de prisión, junto con cuatro años de suspensión de la condena.
Tras conocer la decisión judicial, el procesado ha manifestado ante los medios: “No sabía lo que hacía, estaba completamente obsesionado y me dio por comprar cosas”, insistiendo en que en ningún momento pretendió llevar a cabo ningún “acto vandálico” ni “hacer daño”.
Inicialmente, la Fiscalía solicitaba para él cinco años de cárcel por un presunto delito de tenencia o depósito de explosivos, pero el pacto alcanzado entre las partes ha incorporado dos circunstancias atenuantes.
Una de ellas es la de dilaciones indebidas y la otra, de anomalía psíquica, derivada de los “rasgos disfuncionales de personalidad de carácter obsesivo” que el Ministerio Público recogía en su escrito de conclusiones provisionales y que “afectaban su capacidad volitiva”. La resolución se ha dado a conocer en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Sevilla.
El acusado ha detallado que “lo compré a un hombre en Rusia que me dijo que no había ningún problema. Así, adquirí productos para la fabricación de cohetes. Ya no me gusta, pero antes era aficionado. Lo típico, tirar en Navidad cohetes. Quería guardarlo todo porque tenía una obsesión con guardar cosas. Llegué a gastarme miles de euros”.
Ha recalcado además que desconocía el alcance de su conducta y ha lanzado un aviso “a la gente” para que “tenga cuidado”. Según ha explicado, el origen de esta afición se remonta al confinamiento por la pandemia: “Encerrados, comencé a mirar vídeos sobre esto”, ha indicado, subrayando que “en Internet hay absolutamente todo tipo de vídeos, de la fabricación de este tipo de artefactos”.
De acuerdo con el escrito de conclusiones provisionales del Ministerio Público, al que ha tenido acceso Europa Press, los días 5 y 22 de julio se interceptaron “dos paquetes de 16 y 18 kilogramos de peso en el aeropuerto de Madrid-Barajas” dirigidos al investigado, que contenían “nitrato de celulosa, clorato potásico y nitrato potásico”, según determinó el laboratorio de Aduanas.
Estas sustancias, combinadas, permiten la elaboración de explosivos y pólvora. Al no tratarse de drogas, los envíos acabaron siendo remitidos al domicilio del acusado.
La Guardia Civil comprobó que, entre noviembre de 2020 y abril de 2021, realizó cuatro pedidos a la misma compañía rusa y que el 21 de julio de 2021 recibió en su puesto de trabajo otro paquete comprado por Internet con “carbón vegetal molino y refinado”, que “sirve también para la elaboración de pólvora”.
Según el relato fiscal, el procesado se interesó igualmente por adquirir nitrato potásico, otro componente utilizado para fabricar pólvora, aunque “sin que se tenga constancia de que llegara a adquirir”.
En el registro efectuado el 31 de agosto de 2021 en su vivienda se intervinieron distintas sustancias, entre ellas 5,7 kilogramos de mezcla explosiva ya preparada en forma de pólvora, 43 artefactos explosivos de fabricación casera terminados, 19 rollos de mecha y 10 mechas artesanales sueltas, 700 cerillas eléctricas y 28,3 kilogramos de precursores de explosivos restringidos.
Los agentes localizaron además 19 kilogramos de otros productos, incluidos químicos destinados a la producción de explosivos, 126 tacos de mezcla explosiva prensada para artefactos, manuales y notas manuscritas sobre la fabricación de mezclas explosivas y pirotécnicas, diversa maquinaria, así como herramientas y útiles para manipular dichas mezclas, además de otros dispositivos tecnológicos.
En la inspección del vehículo del acusado se hallaron en el maletero, según la Fiscalía, siete artefactos explosivos de elaboración artesanal, tres mazos de mecha detonadora de color rojo y una carcasa de cartón preparada para emplearse como mortero para lanzar artefactos explosivos o pirotécnicos.
El Ministerio Público sostiene que la pólvora intervenida “había sido fabricada artesanalmente por el acusado” y que “estaba destinada a la fabricación de distintos artefactos explosivos y pirotécnicos como los que fueron intervenidos ya terminados”. En cuanto a las mechas y detonadores, precisa que “los mismos estarían destinados a la fabricación artesanal de artefactos explosivos o pirotécnicos”.
Asimismo, se incautaron carcasas o envases cilíndricos que “eran utilizados por el acusado para la fabricación de artefactos caseros introduciendo la mezcla explosiva en los mismos y un sistema de iniciación, que a su vez se correspondía con los rollos de mechas incautados”, y tubos de cartón empleados para “introducir en ellos la mezcla explosiva que después prensaría con la prensa hidráulica”, junto con otros envases esféricos de plástico.
También se encontró una tarjeta de memoria con una carpeta denominada 'Pólvoras', que contenía “imágenes del acusado desde el año 2018 manipulando distintos tipos de petardos y cohetes de fabricación casera en la vía pública, con una especie de tutorial” sobre clases de mechas, además de vídeos explicativos sobre cómo elaborar artefactos y una imagen “con los grados de concentración y composición de la mezcla para elaborar pólvora”.
En un ordenador portátil se localizaron “diferentes correos electrónicos” relativos “la compra y envíos de paquetes” de nitrato potásico, nitrato de celulosa y perclorato de potasio, así como una carpeta llamada 'Pen' con manuales para “la fabricación artesanal de diferentes armas de fuego”.
El teléfono móvil del encausado almacenaba “numerosos sms, correos electrónicos, fotografías y vídeos relacionados con los precursores y sustancias incendiarias, explosivas y pirotécnicas referidas”.
Según recoge el escrito fiscal, los hechos constituyen un delito de tenencia o depósito de explosivos, del que el acusado responde como autor, con la atenuante de anomalía o alteración psíquica, por el que inicialmente se interesaba una pena de cinco años de prisión.