Acusada de yihadismo niega lazos con DAESH y atribuye su conversión al islam a los malos tratos sufridos

La acusada niega vínculos con DAESH, atribuye su conversión al islam a los malos tratos y se enfrenta a 11 años por propaganda yihadista y quebrantar medidas.

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Fachada de la sede García Gutiérrez de la Audiencia Nacional, a 21 de octubre de 2025, en Madrid (España). Alejandro Martínez Vélez - Europa Press

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Una procesada por supuestamente almacenar y difundir vídeos del autodenominado Estado Islámico (DAESH) en la Audiencia Nacional ha rechazado cualquier vínculo con la organización yihadista y ha explicado que abrazó el islam durante el confinamiento por la pandemia, tras indagar “sobre los derechos de la mujer” en esa fe, después de haber sido “víctima de malos tratos”.

Así lo ha manifestado M.R., española que reside en Noruega, para quien la Fiscalía solicita 11 años de cárcel y una multa de 2.700 euros por presuntos delitos de adoctrinamiento terrorista, enaltecimiento del terrorismo y quebrantamiento de medida cautelar, de acuerdo con el escrito de acusación.

Según ese documento, la acusada, “actuando de forma consciente y voluntaria al servicio del aparato de propaganda del DAESH en el entorno virtual”, se habría dado de alta “como administradora de múltiples perfiles en diferentes redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea”.

El Ministerio Público sostiene que, “desde esta estrategia multiplataforma basada en el uso combinado de las principales redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea, ha accedido de forma habitual y con gran intensidad al material audiovisual editado por las productoras oficiales de la organización terrorista DAESH”.

Durante el interrogatorio, M.R., que ha contestado tanto a la fiscal como a su abogada, ha relatado que llegó a varios canales de Telegram con este tipo de material “a través de una chica de Facebook” y que el contenido le “llamó la atención”.

“Como había sido víctima de maltrato, empecé a investigar sobre los derechos de las mujeres en el islam. Más tarde, una chica en Facebook me pasó un enlace al grupo de Telegram y descubrí un mundo que nunca había visto”, ha indicado sobre el origen de su conversión. Ha añadido que, pese a ello, no era “muy practicante del Islam” y que llevaba “una vida normal en Noruega”.

La fiscal se ha interesado también por los 'nasheed', cánticos islámicos, con letras yihadistas que se compartían en esos grupos de Telegram. M.R. ha respondido: “No hablo árabe, me gustaba la melodía de esas canciones, pero no sé de lo que hablaban. Estaba en el grupo por la música y porque ponían vídeos de los niños europeos en los campos de Siria. Al margen de que sus padres sean o no terroristas, a mí los niños me duelen”.

“NO SOY UNA PRINCESITA, SOY UNA GUERRERA”

La representante del Ministerio Público ha preguntado igualmente por el mensaje “no soy una princesita, soy una guerrera” que la procesada envió en uno de esos foros. La mujer ha precisado que se produjo en el contexto de una discusión, después de que algunos usuarios intentaran expulsarla del grupo por ser mujer.

Según su versión, les recriminó su actitud y les llamó “misóginos”, insistiendo en que se definió como “guerrera” por “ser una mujer que ha sacado adelante a dos niños en el extranjero” y venir “de dos relaciones de maltrato”.

La acusada ha explicado que está “incapacitada” laboralmente por “problemas psicológicos” y se ha echado a llorar al recordar que su “hijo con autismo lleva dos años viviendo solo en un piso y no tiene a nadie que le pueda ayudar”.

“¿Cómo voy a apoyar un acto terrorista? No tengo interés en los contenidos. Era curiosidad”, ha afirmado ante el tribunal. La fiscal, sin embargo, ha manifestado que no puede “entender” su conducta como “algo azaroso o de mera curiosidad”, al subrayar que gestionaba “tres cuentas en Tiktok” y participaba en cuatro grupos de Telegram, “todos ellos de carácter yihadista”.

Viaje a Túnez, medidas cautelares y quebrantamiento

De acuerdo con la acusación, la mujer mantenía conversaciones por chat con un ciudadano tunecino condenado por yihadismo, con la intención de encontrarse con él en ese país. M.R. ha asegurado que desconocía dicha condena y que esas charlas le ayudaban a aliviar los “ataques de pánico” que dice padecer.

Fue detenida en agosto de 2023 en el aeropuerto de Asturias, cuando hacía una escala de varios días en España antes de volar a Túnez. Tras pasar a disposición judicial, la Audiencia Nacional acordó su libertad provisional con medidas cautelares, entre ellas la prohibición de abandonar territorio español.

En la vista, ha explicado que viajó a España para realizar gestiones relacionadas con su divorcio y que su intención era ver al ciudadano tunecino como si fueran “unas vacaciones”.

No obstante, el escrito del Ministerio Público sostiene que la mujer “manifestó su complacencia al deseo de esta persona de morir juntos y ser martirizados por el amor de Dios”.

La Fiscalía añade que “la acusada, contraviniendo las medidas cautelares impuestas judicialmente, el 24 de noviembre de 2023 fue detectada en territorio noruego”.

Pese a los requerimientos reiterados desde el juzgado, “la acusada permaneció en territorio extranjero, siendo necesaria la emisión de requisitoria internacional”, lo que llevó al juez a decretar su ingreso en prisión provisional en enero de 2024.

Propaganda yihadista y actividad en redes

El Ministerio Público reitera que la mujer, “actuando de forma consciente y voluntaria al servicio del aparato de propaganda del DAESH en el entorno virtual”, se registró “como administradora de múltiples perfiles en diferentes redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea”.

El escrito insiste en que, “desde esta estrategia multiplataforma basada en el uso combinado de las principales redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea, ha accedido de forma habitual y con gran intensidad al material audiovisual editado por las productoras oficiales de la organización terrorista DAESH”.

Paralelamente, la Fiscalía subraya que M.R. “ha participado activamente en la difusión de tal contenido a terceros, compartiendo dicho material y ejerciendo labores de dinamización en diversos grupos de estos foros”.

Además de sus perfiles en redes, los investigadores intervinieron su teléfono móvil y clonaron toda la información. De este análisis se localizó un repositorio remoto en la nube, “accesible desde el terminal incautado”, en el que se almacenaba “una cantidad ingente de propaganda yihadista radical”, según la acusación.