El juicio que se sigue en el Tribunal Supremo por las presuntas irregularidades en la adquisición de mascarillas en los momentos más críticos de la pandemia ha completado ya su primera semana. En estas sesiones iniciales, los primeros testigos han relatado contrataciones de varias mujeres vinculadas a José Luis Ábalos en empresas públicas, la llegada de “tacos de billetes” a la sede del PSOE y han declarado familiares de los tres acusados: el exministro de Transportes, su exasesor Koldo García y el empresario Víctor de Aldama.
Durante las tres vistas celebradas esta semana, más de una veintena de testigos se han colocado frente al tribunal, presidido por el magistrado Andrés Martínez Arrieta, para contestar bajo juramento a las preguntas sobre la supuesta red de corrupción investigada.
Algunos de ellos, como el hermano del exasesor, la empresaria Carmen Pano y su hija o un socio de Aldama, se acogieron a su derecho a no responder a determinadas cuestiones, al estar imputados en la Audiencia Nacional en el denominado 'caso Koldo'. La ley les permite guardar silencio parcial para no perjudicar su propia situación procesal.
Eso fue lo que hizo el hermano de Koldo, Joseba García, el tercer testigo en comparecer. Pese a la insistencia del fiscal jefe Anticorrupción, Alejandro Luzón, reiteró que no contestaría a varias preguntas siguiendo las indicaciones de su abogada, Leticia de la Hoz, que también ejerce la defensa del exasesor.
Joseba y los sobres en Ferraz
Con todo, Joseba sí admitió que acudió en dos ocasiones a la sede del PSOE en la calle Ferraz de Madrid para recoger sobres con dinero, y que viajó a República Dominicana para recoger un sobre con documentación como favor a Aldama.
“Yo solamente he estado allí dos veces que recuerde y las dos para eso, no he vuelto nunca más”, explicó al ser cuestionado sobre si retiró dinero en Ferraz durante su declaración como testigo.
Vinculó sus desplazamientos a República Dominicana a un posible negocio con pitaya y a una relación personal con una mujer, rechazando que tuvieran que ver con entregas de efectivo. “Era coger unos documentos que les hacían falta a ellos aquí y volver, ya está”, afirmó.
En otra línea de investigación, Víctor Ábalos, hijo del exministro, negó haber actuado como “custodio” del dinero de su padre o haber empleado supuestas palabras clave como 'café' con el exasesor, tal y como sospecha la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil: “A Koldo le gusta mucho el café, pero igual que a mi suegro, a muchas otras personas, es eso”.
Interrogado por el abogado del exministro, Marino Turiel, el hijo de Ábalos describió la situación financiera de su progenitor como “lamentable, como la de toda la familia”.
Regalos y piso para Jéssica
Jéssica Rodríguez, expareja del exministro, reconoció como testigo que recibió varios obsequios: un teléfono móvil, el pago de la matrícula universitaria y, como punto central de su declaración, el alquiler de un piso en el centro de Madrid.
Rodríguez explicó que “pensaba” que los gastos de la vivienda los asumía el entonces ministro y que no pidió detalles sobre el origen del dinero porque “no hay necesidad de hacerlas”.
Relató que Ábalos le animó a buscar vivienda y que “eligiera” la que más le “gustara”. Según dijo, “no teníamos un sitio donde poder vernos. Entonces me dijo que yo tenía 30 años y que lo suyo era que tuviera un sitio para mí y no siguiera compartiendo” piso.
Señaló igualmente que la ruptura no fue especialmente conflictiva, sino que “simplemente él iba a continuar en su vida paralela” y ella no lo aceptó, pero el exministro le aseguró que “seguiría ocupándose” del piso.
Posteriormente, el empresario Luis Alberto Escolano, socio de Aldama, confirmó que fue él quien abonó el alquiler de la vivienda de Rodríguez y que dejó de hacerlo cuando Aldama le indicó que cesara los pagos.
Contratos en empresas públicas y presuntos enchufes
Preguntada por su incorporación a sociedades como Ineco, donde llegó a figurar como auxiliar administrativa sin desempeñar labores efectivas, Rodríguez afirmó ante el tribunal que “no sabía ni siquiera que fuera una empresa pública, ni nada de nada”.
Por su parte, un ex alto cargo de Adif, Ignacio Zaldívar, declaró que “la presidenta” de la entidad ferroviaria, entonces Isabel Pardo de Vera, se puso en contacto con él porque Ábalos le había pedido que no generasen problemas a la joven.
En la misma línea, Claudia Montes, mujer vinculada sentimentalmente a Ábalos, declaró que el exministro le remitió enlaces con ofertas de empleo en la empresa pública Logirail, donde acabó siendo contratada. No obstante, aseguró que él no le aclaró si había sido “enchufada”.
Montes trabajó en Logirail, filial de Renfe, entre diciembre de 2019 y febrero de 2022. Empezó encargándose de un proyecto de trenes turísticos y, después, “con el tiempo, con esfuerzo, trabajo y muchas horas extras”, ascendió “a supervisora”, según relató.
Choque entre supervisores y horas en la biblioteca
La testigo confirmó que existió un “conflicto” entre sus superiores en Logirail, José Ángel Méndez y Óscar Gómez, quienes declararon justo antes que ella. Méndez informó a sus mandos de que Montes se ausentó de su puesto más de ocho días, “una situación de falta muy grave” que “puede ser sancionada con despido”.
Gómez, por su parte, sostuvo que el despacho asignado a Montes no le “parecía un puesto de trabajo adecuado para prestar los servicios que eran objeto del contrato”.
“Y allí yo estaba metida en el ajo sin comerlo ni beberlo”, protestó Montes, “porque uno me quería para la oficina de arriba y otro para la de abajo”.
La defensa de Koldo le preguntó si había dejado de acudir al trabajo. “No, en ningún momento. He cumplido”, aseguró, aunque precisó que “lo que hacía era ir a la biblioteca de Oviedo, coger libros y aprovechar para leer”.
Antes de finalizar, el magistrado Martínez Arrieta le pidió que detallara si esas visitas a la biblioteca se producían dentro del horario laboral. “En horario de trabajo. Los libros eran todos referentes a los trenes. O sea, quería saber todo lo referente a los trenes”, concluyó.
Los “tacos de billetes” y la casa para Ábalos
La empresaria Carmen Pano confirmó lo que ya había señalado a primera hora de la mañana quien la llevó en coche a Ferraz, Álvaro Gallego: que la vio bajar del vehículo en la sede del PSOE con una bolsa que contenía “tacos de billetes”.
Pano declaró que Aldama le encargó trasladar 90.000 euros en efectivo a Ferraz y que le explicó que el entonces ministro Ábalos “quería una casa” por su mediación en la licencia de hidrocarburos para la sociedad Villafuel.
Detalló que acudió en dos ocasiones con dinero en metálico a la sede socialista y que “siempre” siguió el mismo “modus operandi”: billetes de 50 y 100 euros en una bolsa de plástico blanca, introducida a su vez en otra bolsa de papel “de color marrón, de tipo Zara”.
Según su testimonio, esa suma estaría vinculada a la tramitación de la licencia para Villafuel, del empresario Claudio Rivas, quien, de acuerdo con Pano, decidió adquirir un chalet en La Alcaidesa (Cádiz) para que lo disfrutara el entonces ministro de Transportes.
Sobre la operación del chalet, la empresaria explicó que fue decisión de Rivas y que “en un principio” pensó que era “como inversión”, pero que después comprendió que “era para el señor Ábalos”, alquilado con opción de compra, una cláusula que, según dijo, introdujo Aldama.
“Aldama dice que el tema de la operadora se va a conseguir y que el señor ministro quería una casa. Dijo que tenía contacto directo con el Gobierno, con miembros del Gobierno y en concreto con Ábalos”, remachó Pano ante el tribunal.