Chats, cámaras y móviles apuntan a una emboscada en el crimen de Roquetas de Mar

La Guardia Civil reconstruye el crimen de Roquetas con cámaras, chats y móviles y apunta a una emboscada ligada a un presunto vuelco de hachís.

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Segunda sesión del juicio por asesinato a un hombre por un supuesto 'vuelco' de droga en Roquetas de Mar (Almería). EUROPA PRESS

Segunda sesión del juicio por asesinato a un hombre por un supuesto 'vuelco' de droga en Roquetas de Mar (Almería). EUROPA PRESS

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La Guardia Civil ha subrayado este viernes los indicios reunidos en torno al presunto asesinato de un hombre en enero de 2021, relacionado con un supuesto 'vuelco' de hachís en Roquetas de Mar (Almería). Los investigadores sostienen que la víctima fue objeto de “un seguimiento en toda regla” por parte de los sicarios tras concertar una cita con uno de los dos hermanos acusados de ordenar el crimen, reunión que habría servido de señuelo para controlar todos sus movimientos.

Así lo ha expuesto el responsable del equipo de homicidios de la Policía Judicial de la Guardia Civil durante su declaración en la segunda jornada del juicio con jurado contra seis procesados: dos hermanos señalados como presuntos autores intelectuales, los dos supuestos ejecutores materiales y otros dos acusados de colaborar en el plan.

El mando de la Guardia Civil ha respaldado la labor de investigación frente a las defensas, que han insinuado que no se agotaron todas las líneas posibles y que quedaron hipótesis abiertas que podrían favorecer la exculpación de sus representados, para quienes se solicitan penas de entre 23 y diez años de prisión por un delito de asesinato.

El instructor del atestado ha explicado, a preguntas de la Fiscalía, la complejidad de unas diligencias que se prolongaron casi tres meses y que arrancaron con la llamada de una testigo. Esta mujer avisó el mismo día de los hechos de que había visto desde su coche cómo dos encapuchados disparaban contra otro conductor en la vía de servicio de Las Colinas de Aguadulce, para después huir en un turismo antiguo y oscuro, tipo berlina.

A partir de ese aviso, recibido a las 18,19 horas del 3 de enero de 2021 —unos cinco minutos después del ataque—, los agentes fueron encajando las pistas y vestigios recogidos para reconstruir lo sucedido y tratar de identificar a los presuntos responsables del homicidio.

El jefe de la investigación ha detallado que la franja horaria del crimen y la dirección de huida del coche sospechoso resultaron “claves” para localizar el modelo de vehículo descrito por la testigo. Solo existían tres posibles rutas de escape, todas ellas cubiertas por cámaras de tráfico o de videovigilancia privada, lo que permitió acotar el rastreo.

Al revisar las grabaciones, detectaron un BMW 320 “antiguo”, “negro” y “con las llantas doradas” como la única berlina que abandonó la zona por la rotonda del Edificio Carrida sobre las 18,16 horas, es decir, instantes después de los disparos.

Las imágenes revelaron además que, antes del tiroteo, ese mismo vehículo había seguido durante unos 45 minutos al coche de la víctima, desde la rotonda del centro comercial Gran Plaza hasta el lugar donde se produjo el ataque, a casi siete kilómetros, efectuando un “seguimiento en toda regla” y “sin ningún género de dudas”.

“Seguían técnicas de seguimiento policial”, ha señalado el instructor, al describir cómo los ocupantes del BMW respetaban distancias y tiempos de espera para no ser detectados por la víctima, que recibió un tiro en el cuello cuando viajaba con otros dos acompañantes que abandonaron el vehículo y huyeron a pie.

La vigilancia practicada por los agentes permitió localizar días después el mismo coche de llantas doradas, conducido entonces por uno de los presuntos sicarios en La Mojonera. Cuando el turismo fue finalmente intervenido meses más tarde, las llantas habían sido sustituidas, aunque aparecieron en el garaje utilizado como taller por uno de los supuestos colaboradores.

El instructor ha explicado, a preguntas de una de las defensas, por qué inicialmente se optó por no incautar el vehículo, pese a que ello podría haber permitido a Criminalística buscar restos de disparos en su interior. “Eso sería una investigación rápida y chapucera, no es la forma de trabajar de la Guardia Civil ante un hecho grave”, ha argumentado.

Mensajes en redes y deuda por droga como posible móvil

En paralelo, una vez identificada la víctima, los agentes tomaron declaración a la esposa del fallecido, que se alojaba en un hotel de la zona tras haber abandonado Vera, según relató, por amenazas vinculadas a una supuesta deuda. En una segunda comparecencia ante la Guardia Civil, la mujer precisó que el día del crimen tenían previsto encontrarse con uno de los dos hermanos investigados.

De acuerdo con su testimonio, su marido había tenido problemas con S.A.M. a raíz de un presunto robo a “unos franceses” introducidos por el propio investigado. También afirmó que ambos habían mantenido conversaciones por Messenger con “amenazas” de todo tipo hasta pocos días antes del asesinato.

Del teléfono del fallecido se extrajeron ocho notas de voz entre M.A.M y la víctima, en las que concertaban una cita para el mismo día de los hechos. “Se hablaba con un lenguaje convenido de que --la víctima-- le iba a llevar una pieza de droga”, ha indicado el instructor.

La investigación permitió igualmente recuperar el chat entre S.A.M. y el muerto, con 167 mensajes intercambiados entre el 17 de noviembre y el 31 de diciembre de 2020. Según la Guardia Civil, en ellos el primero le recriminaba un “robo de droga”, le llamaba “ladrón” y exigía el pago de 50.000 euros. Consta además la existencia de cuatro mensajes finales que, según los peritos del Instituto Armado, fueron borrados por el acusado y cuyo contenido no pudo ser reconstruido.

Una vez acotado el círculo de sospechosos, las pesquisas se centraron en situarlos en el momento del crimen y en intervenir sus comunicaciones, con el objetivo de vincularlos con la planificación y ejecución del ataque.

Teléfonos de seguridad y vigilancia a los presuntos sicarios

Las escuchas telefónicas revelaron que los acusados activaron hasta tres nuevos terminales dos horas después del homicidio, todos con numeración correlativa. Al menos dos de ellos se encendieron en La Mojonera, desde donde el conductor de la berlina habría contactado con su supuesto acompañante. El posicionamiento de sus teléfonos anteriores también apuntaría, según los agentes, a que habían pasado la tarde juntos.

Los investigadores pusieron el foco en el presunto segundo sicario, cuyo registro de llamadas refleja que, apenas 45 minutos después del crimen, contactó con S.A.M. en cuatro ocasiones, la última supuestamente desde el propio barrio de Las Colinas, donde se produjeron los disparos.

En el domicilio de este acusado se halló una caja con munición compatible con el arma utilizada —faltaban cuatro cartuchos y los testigos dijeron haber oído entre tres y cinco detonaciones—. La Guardia Civil sospecha que acudió al escenario del tiroteo para comprobar la muerte del objetivo e informar a los presuntos autores intelectuales.

Este segundo acusado fue sometido a una estrecha vigilancia. Según la investigación, mantenía una “relación estrecha” y “casi diaria” con los dos hermanos implicados, hasta el punto de conducir un vehículo registrado a nombre de la madre de ambos.

En cuanto a los dos supuestos colaboradores que habrían dado apoyo desde otro coche, la instrucción es menos concluyente: ninguna cámara ni testigo sitúa su vehículo en el lugar y la triangulación de sus móviles no permite fijarlos con precisión en la zona en el momento crítico.

Aunque constan llamadas cruzadas entre ellos y los presuntos autores materiales minutos antes del ataque, los agentes carecen del contenido de esas conversaciones, lo que dificulta acreditar de forma más sólida que participaran activamente en el plan criminal.