Un hombre procesado por presuntamente violar en repetidas ocasiones a su hija adoptiva ha negado ante el tribunal todas las acusaciones y sostiene que el relato de la joven es una invención motivada por venganza, al considerar ella que él le imponía “muchos límites” en su educación.
Al ser preguntado de forma directa si hubo algún tipo de contacto sexual con la menor, el acusado afirmó: “No hubo ninguno, nunca”. Lo hizo durante la vista celebrada en la Audiencia Provincial de A Coruña, donde declaró en último lugar.
Los hechos enjuiciados, recogidos en el escrito de la Fiscalía, se sitúan entre 2017 y 2020 en dos viviendas en las que convivían padre e hija, una en el partido judicial de Lugo y otra en el de Betanzos.
Sobre su papel como padre, el encausado explicó: “Yo le ponía muchos límites, ella no lo llevaba nada bien pero yo tenía que hacerlo”. Añadió que la joven “no aceptaba ni una puñetera norma” y que “no funciona muy fácil”. “Si le llevas la contraria casi seguro que acabas en Urgencias”, señaló al describir la conflictividad en la convivencia.
El hombre relaciona las denuncias por agresión sexual con una reacción de revancha tras haber sufrido, según su versión, “amenazas” por parte de la chica. “Empieza a decirme que le jodí la vida, te vas a cagar, me dice”, relató durante su declaración.
En cuanto a las fotografías y vídeos de contenido sexual que la menor le enviaba, así como al consumo conjunto de alcohol y cannabis, el procesado afirmó que en ocasiones optaba por “ir de colega” con ella.
Imágenes sexuales y relación familiar
Respecto al envío de imágenes íntimas, sostuvo que su intención era no perder la confianza de la hija: “Si me enfrento a ella nunca más vuelvo a tener su confianza, nunca más vuelve a contarme nada”. Aseguró que las fotos las hacía la propia joven para mandarlas a otra persona y publicarlas en redes sociales, y que él solo la ayudaba a escogerlas. “Yo nunca se las pedí”, subrayó.
El acusado insistió en que asumió múltiples roles en la vida de la menor: “Hice de padre, de madre, de confidente, de amigo... porque la madre se marchó”. Indicó que la chica mantenía “muchos problemas con ella” y que “siempre refería que no había perdido una madre, que perdió dos”, en referencia a la biológica y a la adoptiva.
También vinculó los reiterados intentos autolíticos de la joven a la relación con la madre: “son referidos a la madre”. “Quería la atención que no tenía”, afirmó. A su juicio, la adolescente “necesitaba mi apoyo porque no tenía nada más la pobre, estaba tan sola”, lamentó.
Peritajes psicológicos y psiquiátricos
En la sesión de este miércoles declaró una de las psicólogas que atendió a la denunciante. Explicó que la joven presentaba “tristeza e ira”, contaba con “muy pocas herramientas de gestión emocional” y mostraba “conductas autodestructivas”, entre ellas consumo de alcohol y drogas y autolesiones. “Manifestaba que lo iba a seguir haciendo y que quería morirse”, recordó la profesional.
Pese a ello, la psicóloga señaló que entre padre e hija existía “una buena relación, conflictiva pero buena”, aunque reconoció que la joven había referido “episodios importantes, con empujones e insultos” entre ambos.
Por otro lado, una psiquiatra vinculada al caso declaró que la paciente presentaba una “clínica depresiva”, para lo que pautó “medicación para calmar y rebajar síntomas”. Describió “una historia muy compleja, adopción, relación con los padres, una situación de desajuste emocional”.
Petición de condena y posición de las partes
La Fiscalía y la acusación particular mantienen su solicitud de condena para el procesado: seis años de prisión por un primer delito continuado contra la libertad sexual y once años por un segundo, además de la prohibición de acercarse o comunicarse con la víctima y la imposición de ocho años de libertad vigilada.
“No han existido vacilaciones respecto a cómo se produjeron los hechos y existe coherencia respecto a lo relatado”, defendió el fiscal en la lectura de sus conclusiones.
Como responsabilidad civil, se reclama una indemnización de 30.000 euros a favor de la joven por los daños morales, así como el abono de los gastos de atención psicológica privada que se acrediten en ejecución de sentencia.
La defensa, por su parte, solicita la libre absolución al sostener que los hechos nunca ocurrieron. “Estamos ante una denuncia totalmente preparada”, afirmó la letrada, que recordó que el hombre “había recibido amenazas” previas de su hija sobre su intención de denunciar.
Relato de la joven denunciante
En la vista del martes, la joven declaró que las agresiones se prolongaron durante “dos años aproximadamente”. “Fueron muchas veces, igual dos o tres por semana”, afirmó, insistiendo en que ella “no quería” mantener relaciones y que en esos momentos se quedaba “como paralizada”.
Describió una escalada en los abusos: “Fue poco a poco, primero tocamientos, luego penetración”. Aseguró que “yo sabía que no quería seguir ahí pero no tenía a nadie, él tenía toda mi vida controlada”, y recordó que sus progenitores estaban separados cuando supuestamente ocurrieron los hechos y que con su madre la relación era “mínima”.
“Dejé a mi madre y a mi hermano por irme con él porque me decía que se quedaba solo y yo le quería, era mi figura, él era mi referente, solo lo tenía a él”, explicó. Añadió que, “a raíz de esto no sabía cómo llevarlo, bebía alcohol y fumaba cannabis porque prefería estar evadida”. “De hecho muchas veces consumía con él”, indicó.
La joven también refirió numerosos episodios de autolesión, “sobreingestas” de medicación e ingresos en recursos de salud mental, tanto públicos como privados. “Cuando estaba ingresada me pedía vídeos y fotografías de carácter sexual y se dedicaba a comentarlos”, afirmó.
Asimismo, explicó su necesidad de reparación emocional: “Quería que me pidiese perdón, yo pensaba que era mi culpa, que había hecho algo mal y me lo merecía, me sentía culpable, yo solo necesitaba para sentirme mejor que él admitiera que tenía conductas inapropiadas, que yo era una niña y no tenía culpa de nada”.
Valoración clínica y ausencia de distorsión
La joven defendió la veracidad de su testimonio: “Todas son vivencias mías, yo tomaba medicación pero no alteraba mi realidad”. Esta versión fue respaldada por uno de los psiquiatras que la trató durante un ingreso motivado por su “trastorno de estabilidad emocional de la personalidad” y “comportamientos autolesivos y autodestructivos”.
“En absoluto tiene una patología que le haga distorsionar la realidad o que merme sus capacidades volitivas”, declaró el especialista por videoconferencia.
El psiquiatra también destacó que la “conducta del padre resultó peculiar en las entrevistas, ambivalente, y muy inapropiado con algún falcultativo”. Señaló que “cuando recomendaba ingresarla para tenerla protegida él se mostraba reacio”. En la misma línea, otra psicóloga que atendió a la menor apuntó que la chica “no tenía tendencia a la fabulación”.