El maestro de la Escuela Municipal Taurina de La Algaba (Sevilla), Manuel Carbonell, quien llevó ante la Fiscalía una denuncia por presunto acoso a un menor del centro contra el ya exalcalde de la localidad, Diego Manuel Agüera, ha manifestado este miércoles que habría sido víctima de una “difamación continuada” y ha avanzado que presentará una denuncia penal contra el exregidor por un supuesto delito “de acoso continuado y hostigamiento”.
Este anuncio llega después de que este martes se conociera que un juzgado había decretado el archivo de la causa que afectaba al exalcalde, al entender que no aparecía “debidamente justificado la perpretación del delito”.
En un comunicado remitido por Carbonell a Europa Press, sostiene que este sobreseimiento provisional obedece a un “archivo técnico por falta de prueba pericial” que, según afirma, Agüera, junto a su defensa, “pretende convertir” en “un certificado de impunidad y falsa inocencia”.
“El sobreseimiento de la causa del menor no paraliza en absoluto la ofensiva judicial por la brutal vulneración de mis derechos”, ha señalado, antes de reiterar que interpondrá una denuncia penal “por un delito de acoso continuado y hostigamiento contra mi persona”.
Carbonell indica que respeta “la decisión dictada por el magistrado instructor”, aunque subraya que no habría sido “llamado a declarar durante las diligencias previas para poder ratificar de forma indubitada y en sede judicial el material probatorio que se aportó”.
En esta línea, insiste en que “un archivo provisional por déficit de carga probatoria penal no borra la existencia material de los mensajes en los teléfonos, no borra los hechos y, desde luego, no otorga ninguna carta blanca para difamación continuada”.
Antecedentes del robo en la plaza de toros y cierre de la escuela
En cuanto a la investigación de un robo en la Plaza de Toros que derivó en el cierre de la escuela taurina, Carbonell explica que se le señaló “mediáticamente de un inverosímil robo de unas sillas, intentando denigrar mi larga trayectoria” y denuncia la existencia de una “maquinaria de acoso y derribo”, así como de una “campaña de desinformación” que atribuye al exalcalde y que, sostiene, responde a una “cortina de humo basada en una presunta actuación delictiva que es absolutamente falsa”, precisando además que “no existe, a día de hoy, denuncia policial ni judicial ninguna”.
Según relata, “orquestaron este falso conflicto laboral y el cierre de la escuela porque ellos ya sabían perfectamente que yo tenía en mi legítimo poder las capturas de pantalla del acoso que me había remitido, desesperado, al menor”, en referencia a los mensajes que, presuntamente, habría recibido dicho menor y que, de acuerdo con Carbonell, también habrían sido denunciados por los padres del chico ante la Fiscalía.
En este contexto, se pregunta: “¿Acaso pretende decirnos a los ciudadanos que los padres de la víctima también mienten maliciosamente sobre los mensajes que llegaron a la pantalla del teléfono de su propio hijo? Su evidente cobardía táctica le lleva a atacarme a mí, creyendo errónamente que soy el eslabón débil de la cadena institucional, porque no se atreve a mirar a la cara a unos padres que han visto con sus propios ojos la aterradora realidad a la que estaba expuesto su hijo”.
Frente a la “intencionalidad política” que la representación procesal de Agüera apuntaba como “causa” de la denuncia, Carbonell sostiene que la situación “no es fruto de una venganza laboral, esto es una cruda ‘reality’ fáctica, material y documentada”.
En paralelo, el juzgado que instruía las diligencias acordó el archivo de la causa contra el exalcalde de La Algaba al concluir que “de lo actuado, no aparece debidamente justificado la perpetración del delito que ha dado motivo a la formación de la causa”.
El pasado 23 de febrero, Agüera presentó su renuncia al cargo tras ser denunciado ante la Fiscalía por un empleado municipal por presunto acoso a un menor de edad de la localidad. Entonces afirmó que hacía “un paréntesis” en su trayectoria política para dedicarse “plenamente” a su defensa y sostuvo, además, que este trabajador habría “malignamente interpretado una conversación”.