Un hombre que se sienta en el banquillo por supuestamente agredir sexualmente en más de 300 ocasiones a su sobrina menor de edad en Mallorca ha negado este jueves las acusaciones y ha defendido que la relación con la niña siempre fue “la normal de padrino y ahijada”.
En la vista celebrada este jueves en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Baleares, el acusado ha manifestado que desconoce qué pudo llevar a la interposición de la denuncia por agresión sexual y ha insistido en que nunca estuvo a solas con la menor.
La hermana del procesado, y madre de la víctima, ha explicado cómo la niña le reveló lo ocurrido, en una conversación en la que ella misma le contó que también había sufrido abusos en el pasado. “Un día la vi triste y le conté cosas que a mí me habían pasado antes y ella me dijo 'a mí también'. Le insistí y me dijo que había sido el padrino”, ha relatado ante el tribunal.
No obstante, la mujer ha admitido que nunca presenció conductas extrañas entre ambos y que acudió a denunciar después de que los servicios de protección de menores le advirtieran de que, si no lo hacía, ella misma podría ser objeto de investigación. Ha señalado, en cualquier caso, que “tiene su perdón y el de su hija”.
Durante su declaración, la testigo ha reconocido que personalmente no vio motivos para la denuncia, pero que otorgó plena credibilidad al testimonio de su hija debido a su condición de autista. “Los autistas no mienten. Confío 100 por 100 en mi hija porque no es una mentirosa”, ha subrayado.
En términos similares se ha pronunciado la madre del acusado y abuela de la joven, quien ha asegurado que jamás observó indicios de abusos ni actitudes inadecuadas por parte de su hijo en el periodo en el que convivió con ellos, cuando la niña pasaba largas estancias en la vivienda familiar. “Juro por Dios y por lo que más quiero que nunca oí nada”, ha declarado.
También ha comparecido la que fue pareja del acusado durante un tiempo, en cuya casa la menor acudía con frecuencia. Esta mujer ha señalado que tampoco detectó comportamientos sospechosos ni de carácter sexual del tío hacia su sobrina mientras convivieron.
En la sesión se ha reproducido la declaración grabada de la víctima, que ya es mayor de edad, en la que describía los presuntos abusos sufridos por parte de su tío desde que tenía siete u ocho años. “Venía y me tocaba en las partes íntimas. Ponía una manta por encima y lo hacía por fuera y por dentro de la ropa”, relataba.
La joven aludía a numerosos episodios ocurridos en distintos domicilios. “Iba a dormirme, se tumbó en la cama y empezó a tocarme”, recordaba en otro momento de su testimonio.
Valoración pericial y acusación de la Fiscalía
Una técnico de la Unidad de Valoración del Abuso Sexual Infantil (Uvasi) del Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales (IMAS) ha indicado que fue en la tercera o cuarta entrevista cuando la menor decidió contar lo sucedido, ofreciendo un relato con detalles que ha calificado de muy significativos.
Preguntada por la fiscal sobre si es frecuente que, pese a una denuncia por abusos sexuales y unos hechos tan graves, se mantenga una relación familiar aparentemente normal, la profesional ha respondido que “puede ocurrir”.
La Fiscalía reclama para el acusado una pena de 12 años de prisión y el abono de una indemnización de 15.000 euros a favor de la víctima, al considerarle presunto autor de un delito de agresión sexual con penetración a menor de edad.
Según el escrito de acusación, los hechos habrían tenido lugar entre 2012 y 2015. El hombre, aprovechando las noches en las que la niña dormía en su domicilio, la sometía a tocamientos y la violaba. Entre 2015 y 2016, cuando la menor pasó a residir en la misma vivienda que él, las agresiones sexuales se habrían repetido.
De acuerdo con el cálculo del Ministerio Público, los abusos se prolongaron durante cuatro años con una frecuencia mínima de siete episodios mensuales, lo que sitúa el número de agresiones en al menos 336.
Como resultado de estos hechos, la víctima, diagnosticada con un trastorno del espectro autista, ha desarrollado reacciones de tipo psicológico.
En marzo de 2019, un juzgado de Palma dictó contra el acusado una orden de alejamiento de 500 metros respecto de la joven, además de prohibirle cualquier tipo de comunicación con ella por cualquier vía.