La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Toledo ha fijado este miércoles una condena de 3 años y 11 meses de prisión para L.M.P.T., al que se le atribuía un delito de utilización de menores con fines pornográficos en su modalidad agravada, al ser la víctima una menor de 16 años en 2019.
En un principio, el Ministerio Fiscal reclamaba una pena de 8 años de prisión, pero la apreciación de la circunstancia atenuante de reconocimiento de los hechos, unida a la dilación indebida del procedimiento, ha permitido alcanzar un acuerdo que rebaja la pena por debajo de los 4 años de privación de libertad. El acusado ingresará de forma inmediata en un centro penitenciario, al constarle antecedentes por un delito de exhibición obscena ante menores de edad por el que fue condenado en octubre de 2015.
Fuentes judiciales citadas por Europa Press detallan que, además de la pena de prisión, el pacto contempla 7 años de alejamiento a menos de 500 metros y prohibición de comunicación con la víctima; 6 años de libertad vigilada una vez cumplida la condena, y 8 años de inhabilitación especial para cualquier profesión u oficio que implique trato directo y habitual con menores. Igualmente, deberá abonar a la víctima una indemnización de 3.000 euros en concepto de daños morales.
El escrito de acusación sitúa los hechos en el año 2019. En concreto, el 22 de agosto de ese año, el acusado, “con intención de satisfacer su apetito sexual” según el relato de la Fiscalía, se puso en contacto a través de la red social Instagram, vinculada al teléfono móvil del que era titular, con la menor, que tenía entonces 12 años, edad que el acusado conocía.
El hombre comenzó con la niña una conversación de carácter sexual, haciéndose pasar por un chico de 19 años para lograr que la menor creyera que habían iniciado una relación sentimental. En ese contexto, el procesado, de manera “insistente y manipuladora”, le pedía de forma reiterada imágenes de contenido sexual.
Ante la presión ejercida, la menor terminó remitiéndole un total de 34 archivos, la mayoría de ellos con distintas partes de su cuerpo desnudo, incluidos glúteos, pubis, pechos e incluso desnudos integrales. Estas comunicaciones se prolongaron hasta el 2 de septiembre de 2019, periodo en el que el acusado reclamó de forma constante más fotografías y vídeos de carácter sexual, apremiándola a enviarlos para no romper la supuesta relación afectiva que él había hecho creer a la menor que mantenían.
En esas mismas fechas, el acusado llegó a planear futuros encuentros sexuales con la niña que finalmente no se llevaron a cabo, ya que las conversaciones fueron descubiertas por la madre de la menor, quien puso fin a la comunicación y denunció los hechos ante la Guardia Civil.