La vista preliminar del juicio en el Tribunal Supremo por las presuntas irregularidades en la adquisición de mascarillas durante la pandemia ha vuelto a sentar en el banquillo a los tres procesados. El exministro de Transportes José Luis Ábalos y su antiguo asesor Koldo García han intercambiado comentarios en distintos momentos, mientras que Víctor de Aldama, señalado como presunto intermediario en el 'caso Koldo', ha permanecido prácticamente impasible.
Los acusados se han situado tras sus letrados, en el lado izquierdo del tribunal que enjuiciará la causa, en el solemne Salón de Plenos del Supremo. Ábalos y Koldo, en prisión provisional desde el pasado 27 de noviembre, se han sentado juntos, flanqueados por dos agentes de Policía a cada lado. Aldama, en cambio, se ha colocado en el extremo del banco de los acusados.
Poco después de la hora fijada para el inicio de la sesión, las 11,00 horas, el presidente del tribunal, el magistrado Andrés Martínez Arrieta, ha anunciado que comenzarían abordando las propuestas de nuevas pruebas que no hubieran sido planteadas con anterioridad para el juicio.
Desde el arranque de la audiencia, el exministro se ha mostrado nervioso, moviéndose con frecuencia en su asiento, llevándose las manos al rostro o dirigiendo la mirada al techo. Su exasesor alternaba la vista entre el suelo y el frente, ocultando parcialmente la cara con la chaqueta, que utilizaba para taparse. De vez en cuando, ambos compartían confidencias e incluso alguna risa.
Mientras tanto, Aldama seguía con atención las intervenciones. Cuando el fiscal de Anticorrupción, Alejandro Luzón, exponía sus planteamientos, el empresario apenas apartaba la mirada de él, actitud que ha mantenido con el resto de las partes que han ido tomando la palabra.
Recusación masiva y pausa para deliberar
En su turno, la abogada de Koldo, Leticia de la Hoz, ha pedido apartar a cinco de los siete magistrados que integran el tribunal: cuatro --Martínez Arrieta, Manuel Marchena, Eduardo de Porres y Andrés Palomo-- por haber intervenido en la Sala de Admisión, y a Julián Sánchez Melgar por haber sido fiscal general del Estado a propuesta del PP, formación que ejerce la acusación popular en este procedimiento.
Tras la petición, Martínez Arrieta se ha inclinado hacia su izquierda para comentar la cuestión con el juez Manuel Marchena, que a su vez ha transmitido el mensaje al resto de miembros del tribunal. El presidente ha dado la palabra a las acusaciones, que se han opuesto a la recusación, y ha anunciado que se retirarían unos quince minutos para deliberar sobre el asunto.
Durante ese receso, Ábalos y Koldo han permanecido en sus asientos, conversando entre ellos y con sus defensas, siempre vigilados por los cuatro policías. El exministro ha solicitado a uno de los agentes poder abandonar la sala, lo que ha provocado un breve dispositivo para despejar el pasillo.
Con gesto adusto, Ábalos ha matado el tiempo caminando de un lado a otro frente a la tarima donde se desarrollaba la vista, hasta que se le ha autorizado a salir. A la hora prevista, los magistrados han regresado al salón, recibidos en pie por los presentes. Arrieta se ha dirigido con firmeza a la letrada de Koldo: “Como usted sabe, el 14 de enero de 2026 se comunicó la composición de la Sala. La recusación que ha formulado ha sido de forma extemporánea”.
Los gestos de Koldo y la frialdad de Aldama
El exasesor ha reclamado en repetidas ocasiones que se le devuelvan los dispositivos electrónicos intervenidos por la Guardia Civil en los registros de sus domicilios, entre ellos un disco duro propiedad de Ábalos.
De la Hoz ha reiterado esta petición en su turno de cuestiones previas, invocando la “igualdad de armas” y advirtiendo de que se trata de “una causa de nulidad como un castillo de grande”. Una solicitud que, según el criterio de Luzón, debía rechazarse, lo que ha provocado una visible reacción de sorpresa en Koldo.
El exasesor ha abierto los ojos de par en par y ha negado con la cabeza. Ábalos, en cambio, ha esbozado una sonrisa irónica, con la vista fija en el suelo. Ambos coacusados continuaban comentando entre susurros mientras el fiscal explicaba por qué, a su juicio, los dispositivos no debían ser restituidos.
En paralelo, Aldama seguía sentado, recto, atento a quien intervenía en cada momento y, en los intervalos, dejaba vagar la mirada por los tapices granates de las paredes y la gran cristalera que preside el Salón de Plenos.
A lo largo de las más de cuatro horas de audiencia, el empresario solo ha entablado conversación una vez con el agente que tenía a su lado, coincidiendo con el turno de Luzón. Tras intercambiar unas breves palabras, el policía ha llamado a la secretaria judicial para transmitirle la solicitud de Aldama.
Acto seguido, la funcionaria ha informado al presidente, que ha asentido levemente. Aldama se ha puesto en pie y ha abandonado la sala, movimiento que no ha pasado inadvertido para Manuel Marchena, quien le ha seguido con la mirada hasta que la puerta se ha cerrado.
Antes de que Alberto Durán, abogado del PP, iniciara sus cuestiones previas, ha pactado con Martínez Arrieta --que consideraba que ya era “una hora prudencial”-- reducir su exposición a unos veinte minutos. La sesión ha concluido en torno a las 14,30 horas.
La fecha de la primera jornada del juicio aún no está fijada, aunque se baraja que tenga lugar a comienzos de la primavera. Será entonces cuando las partes interroguen a testigos y peritos, presenten la documentación que estimen oportuna y sometan a declaración a Ábalos, Koldo y Aldama.