Tribunales

La hija de una víctima de agresión sexual en Ourense activó la investigación tras contárselo a su profesora

La confesión de una niña a su profesora destapó en Ourense un caso de maltrato y agresión sexual que se juzga con una petición fiscal de 15 años.

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Juicio en la Audiencia Provincial de Ourense contra un hombre acusado de agredir y maltratar a su pareja EUROPAPRESS

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La hija pequeña de una mujer víctima de un presunto delito de maltrato en el ámbito de la violencia de género y de otro de agresión sexual por parte de su pareja en Ourense fue quien desencadenó la investigación al comentar a una profesora de su colegio que había oído una fuerte discusión entre los adultos.

Según relató la docente, que declaró este jueves ante la Audiencia Provincial de Ourense, la menor le contó que la noche anterior había escuchado “ruidos de muebles y gritos” desde su habitación —en la vivienda que compartía con su madre y la pareja de esta— y le confesó que “tenía miedo de que su madre estuviese en peligro”.

La maestra explicó que, tras escuchar a la niña, recogió su relato en una nota que entregó al director del centro educativo, convencida de su veracidad porque “se le veía una niña franca y respetuosa”. A partir de ese aviso intervinieron los servicios sociales y, posteriormente, se tomó declaración formal a la víctima.

En el juicio, la mujer detalló que la discusión comenzó cuando el acusado, movido por los “celos”, le arrebató el teléfono móvil y lo rompió al comprobar que estaba chateando con “un amigo de la infancia”. Tras una primera intervención policial en el domicilio, la disputa continuó, y el hombre llegó a insultarla llamándola “puta” e “infiel” en repetidas ocasiones, además de decirle que “no se merecía” dormir en la habitación de la pareja, sino en la de invitados.

La víctima afirmó que, cuando se trasladó a la habitación de invitados, el procesado la siguió y la sujetó por el cuello hasta que “se sintiese asfixiada”. A raíz de ello comenzó a marearse y manifestó su intención de ducharse y acostarse, pero el acusado “insistió” en acompañarla al baño.

Ya en el baño, de acuerdo con su testimonio, el hombre la empujó contra la puerta, causándole un golpe en la cadera y en la cabeza. Después de la ducha, añadió, este la “cogió del brazo” y la condujo al dormitorio que compartían, donde, según su versión, se produjo la agresión sexual. La mujer declaró que, durante todo el episodio, reiteró al acusado que “no quería” mantener relaciones sexuales.

La víctima subrayó que, cuando el acusado terminó y abandonó la habitación, ella “se puso el pijama” pero “no durmió en toda la noche” porque “tenía miedo”. Añadió que, durante ese episodio, el hombre —diagnosticado con un trastorno de personalidad, tal y como corroboró la pericial— llegó a amenazar con suicidarse, y remarcó que aquella noche “no vio que estuviese afectado por la medicación” que tomaba, ya que se mostraba “agresivo y molesto”.

Declaración del acusado

El procesado, que solo respondió a las preguntas de su abogado, sostuvo que ese mismo día ambos mantuvieron relaciones sexuales “consentidas” en el salón de la casa, alegando que la menor “se había quejado de que los había escuchado en la habitación” en ocasiones anteriores.

Después, según su relato, la mujer “se puso a chatear porque era muy dada al móvil” mientras él veía la televisión. Afirmó que se tomó su medicación y empezó a notar que “le daba sueño”, y que, al ir a despedirse y “darle dos besos”, vio que ella estaba en una “página de contactos sexuales en el móvil”, algo que le “molestó mucho”.

El acusado declaró que se fue a la cocina porque “no quería ni verla”, y que ella “fue detrás pidiendo disculpas” después de que él la acusara de “haber sido infiel”. Aseguró que entonces le anunció que iba a “cancelar la boda” —cuyo trámite estaba en marcha, según confirmaron ambos— y que la mujer le respondió que si lo hacía “le iba a hacer la vida imposible”.

Reconoció haberla “zarandeado por los brazos” y haberle dicho que “si tanto miedo tenía de que la expulsasen” del país, que “hiciese lo que tenía que hacer”. Afirmó que, cuando ella se metió a la ducha, escuchó un golpe en el baño y a la mujer pedirle que “fuese a ayudarla, que se había caído y no se daba levantado”, pero que se negó a acudir. Negó de forma tajante haber cometido las agresiones sexuales posteriores.

También se proyectaron en la vista tres audios que el acusado envió a la víctima cuando esta ya había sido citada por la Policía Nacional, en los que le decía que “lo sentía mucho” y que le “había vuelto a fallar otra vez”.

Prueba testifical y pericial

Ante el tribunal declararon igualmente dos agentes de la Policía Nacional que participaron en la investigación. Ambos coincidieron en que, “a través del centro escolar”, tuvieron noticia de que una menor “había manifestado que habían pegado a su madre”. Tras entrevistarse con la mujer, observaron que presentaba “marcas de haber sido agredida”.

Comparecieron además cuatro peritos —dos médicos forenses, un trabajador social y un psicólogo—, que indicaron que en la víctima no se ha apreciado una “distorsión negativa” de la realidad. Pese a presentar “síntomas de malestar emocional” y secuelas traumáticas, la describieron como una persona “resiliente” que “ha aprendido de otros traumas”.

Respecto al posible efecto de la medicación del acusado en su conducta, los especialistas señalaron que “todos los fármacos que tomaba” tienen acción sedante, compatibles con que “se quedase dormido” con frecuencia, pero que no provocan “una alteración de la percepción de la realidad”.

Precisaron que, en caso de “síndrome de abstinencia”, la prioridad del paciente sería “conseguir el fármaco” y no “llevar a cabo otras acciones”, como una agresión sexual. La pericial reiteró que en su informe se recogían episodios de violencia verbal, física, psicológica, sexual e intimidación, entre otras formas de maltrato.

Conclusiones de las partes

La Fiscalía solicitó una condena de 15 años de prisión —un año por el delito de maltrato en el ámbito de la violencia de género y 14 años por agresión sexual— al entender que la declaración de la menor, los audios remitidos por el acusado y las lesiones observadas en la víctima respaldan un “relato lógico” y su “verosimilitud”, configurando un “cuadro probatorio más que sólido”.

El Ministerio Público recalcó además que “no existe dato” que acredite que el acusado actuase “bajo los efectos” de un síndrome de abstinencia ni de su trastorno de personalidad, e invocó el agravante de género al considerar que “se trata de un acto machista”.

El abogado de la acusación particular añadió que el procesado ya había sido condenado previamente por “el mismo tipo de agresiones, situación e intento de suicidio” con una pareja anterior.

Por el contrario, la defensa admitió las lesiones causadas a la mujer, pero pidió la libre absolución por el delito de agresión sexual, alegando “contradicciones” en las versiones de la víctima durante el procedimiento, frente al relato del acusado, que “no varió”. Solicitó además que su trastorno de personalidad y el consumo de fármacos se valorasen como atenuante.