La joven que denunció a un hombre por una agresión sexual cuando acudió a él en busca de ayuda tras haber sido violada por un sobrino del propio acusado ha mantenido este miércoles, ante el tribunal, la misma versión de lo ocurrido. El procesado, por su parte, ha rechazado cualquier implicación en los hechos.
“Se aprovechó de a situación, lejos de ayudarme”, ha declarado la denunciante en la Audiencia Provincial de Cantabria. La chica tenía 14 años en el momento de lo sucedido, en diciembre de 2020.
Ante la Sección Primera, la víctima ha relatado que conocía al acusado desde que era “muy niña”, ya que formaba parte del “círculo cercano” de su familia. Ha recordado que el hombre está en prisión por un robo con fuerza y que ahora se enfrenta a una pena de diez años de cárcel por este caso. En cambio, era la primera ocasión en que veía en persona al sobrino condenado.
Según su testimonio, ambas agresiones ocurrieron en la vivienda del adulto, a la que acudió invitada por el sobrino. Ha señalado que, nada más llegar, el hombre le ofreció “un porro”, que la dejó “aturdida”.
Después, se marchó con el joven a un dormitorio, donde este la agredió y abusó sexualmente. Tras esa primera agresión, la menor, con “moratones, sangre y en ropa interior”, se dirigió al cuarto del hombre para “buscar protección”.
Una vez en la habitación del adulto, ha contado que él la abrazó y empezó a besarla y tocarla, hasta tumbarla en la cama para penetrarla. De este modo, “lejos de ayudarme” –ha insistido la joven– “se aprovechó de la situación”, una reacción que no se “esperaba” por la relación casi familiar que mantenían.
“Cuando me preguntó si quería (mantener relaciones), yo no sabía qué responder. No me salían las palabras. Acababa de tener un abuso”, ha explicado durante el interrogatorio, en el que ha estado acompañada por una educadora social. Después, ha añadido, se quedó “parada, bloqueada y en shock” sobre la cama y posteriormente la llevaron a su domicilio.
Demora en la denuncia y presuntas amenazas
La joven presentó la denuncia sobre estos hechos tres años más tarde, porque tras lo ocurrido sentía “miedo” y “vergüenza”, y además le daba “pena” el acusado, ya que tiene hijas pequeñas. Finalmente decidió acudir a la justicia siguiendo el consejo de su entorno y ha asegurado que, desde entonces, su vida ha mejorado “notablemente”.
Ha explicado también que avisó al procesado de que iba a denunciar y ha rechazado que su familia le solicitara dinero a cambio de no hacerlo. “Nunca”, ha remarcado, subrayando en cambio que su entorno sí ha recibido “amenazas”.
Versión del sobrino y del acusado
En la vista ha declarado por videoconferencia, desde la cárcel, el sobrino del acusado, ya condenado por forzar a la menor a mantener relaciones sexuales en otra vivienda, en un procedimiento anterior en el que reconoció los hechos. Además, acumula otra condena por agresión sexual a otra menor, amiga de la víctima en este caso.
El joven, originario de República Dominicana y al que su tío trajo a España y ha criado desde pequeño, ha manifestado que el día de los hechos el hombre le dejó las llaves de su casa para estar con la chica y que las relaciones fueron “consentidas”.
“Todas”, ha añadido, para afirmar que no entiende “qué pasa hoy en día” con los testimonios de hombres y mujeres en estos casos, sugiriendo que a ellas se las cree y a ellos no, y justificando así que “me he comido yo la del pulpo”.
Sobre su tío, ha asegurado que no presenció “nada” de la agresión que ahora se juzga y que la joven nunca le comentó “nada” al respecto. “Ella me decía que le gustaba más y que le atraía más mi tío”, ha indicado.
El acusado, por su lado, ha sostenido que “en ningún momento” mantuvo “ningún tipo” de relación sexual con la menor y que el día de los hechos no estaba en casa: “Creo que estaba en un bar del pueblo”.
También ha negado rotundamente haber ofrecido un porro a la chica, calificando de “mentira” y “totalmente incierto” ese extremo. “No he hecho nada. Tengo hijas también. Me están pidiendo muchísimo (pena de cárcel) cuando no he hecho nada”, ha manifestado en su turno de última palabra.
Peritajes psicológicos y posiciones de las partes
En el juicio han intervenido asimismo las psicólogas que entrevistaron y evaluaron a la víctima. Ambas han concluido que su testimonio “tenía sentido” y resultaba “coherente”, sin detectar “indicios de fabulación”.
Las peritos consideran que las secuelas que presenta la joven –estrés postraumático y sintomatología ansioso-depresiva “con repercusiones significativas en diferentes ámbitos de su vida y en su funcionamiento cotidiano”, según el Ministerio Fiscal– son “compatibles” con el “impacto” de la agresión sexual relatada, dentro de una trayectoria vital “compleja”, aunque sin poder fijar una “causalidad exclusiva”.
Tras la práctica de la prueba, la Fiscalía ha mantenido su solicitud de diez años de prisión por un delito de abuso sexual a menor de 16 años y una indemnización de 15.000 euros para la víctima, al considerar que la joven ha ofrecido una narración “bastante coherente y firme” de lo sucedido.
La acusación particular, ejercida por el Gobierno de Cantabria al tratarse de una menor tutelada por el Instituto Cántabro de Servicios Sociales (ICASS), ha defendido que sería “disparatado pensar que se ha inventado los hechos”, ya que “ningún motivo existe” para ello, y que la chica se ha limitado a relatar “la verdad”, sin “contradicciones”, solo con “pequeños matices justificables”.
A su juicio, el relato es “verosímil” y “coherente”, se ha mantenido “sin fisuras” y supone una incriminación “persistente” y carente de “interés vengativo”. La defensa, en cambio, sostiene que la joven ha “mentido” y que su cliente “es inocente”, alegando que su testimonio no resulta “consistente, creíble ni verosímil” y que, por tanto, no existe prueba de cargo suficiente para dictar una condena.