La viuda del médico del pique mortal de la M-30 relata cómo su marido murió en sus brazos y su vida se vino abajo

La viuda del médico muerto en el pique de la M-30 relata en el juicio cómo murió en sus brazos y el devastador impacto en su familia.

4 minutos

Juicio contra dos conductores por el homicidio de un hombre en una carrera mortal en la M30 EUROPA PRESS

Publicado

4 minutos

La esposa del médico internista fallecido en el 'pique' mortal de la M-30 en julio de 2021 ha explicado ante el tribunal cómo su marido murió en sus brazos en el Hospital 12 de Octubre, adonde llegó varias horas después del siniestro sin conocer aún lo sucedido en los túneles de la vía, subrayando que desde ese instante su mundo “se hizo añicos”.

Juan Alfredo López, de 38 años y originario de Lugo, volvía aquella mañana del Hospital Fundación Jiménez Díaz. Ese día no figuraba en su turno, pero le pidieron que acudiera como voluntario para valorar a pacientes contagiados de Covid.

Junto a la testigo se encontraban los dos acusados por la muerte del médico, que escucharon su declaración con atención. Se enfrentan a penas de hasta quince años de cárcel por delitos de conducción temeraria con desprecio por la vida, homicidio y lesiones.

Visiblemente afectada pero manteniendo la calma, Laura Pineda ha descrito ante el jurado cómo transcurrió la última jornada de Juan y el efecto devastador que su pérdida ha provocado en toda la familia.

“Soy la mujer de Juan y la madre de sus dos hijos”, comenzó su testimonio, recordando que esa mañana su marido no tenía previsto acudir al hospital, pero decidió presentarse de forma voluntaria para atender a enfermos con el virus.

Según ha señalado, el médico, internista y especializado en urgencias, había trabajado en primera línea durante toda la pandemia, encadenando “turnos infinitos”. Aquel día abandonó el centro sanitario a las once de la mañana y, a las 11.08 horas, la llamó para avisar de que llegaría en breve.

Un segundo hijo en camino y una familia rota

La viuda ha rememorado que pocos días antes, el 8 de julio, les habían comunicado que esperaban su segundo hijo. Durante su declaración, ha contado que su hijo mayor perdió la alegría el mismo día del accidente y en ocasiones le pregunta por qué su “papa no está”. “Saben que su padre les adoraba”, ha añadido. Ambos menores han requerido apoyo psicológico y terapia para poder afrontar la pérdida.

La mujer ha relatado también las horas de angustia posteriores al siniestro, sin noticias del paradero de su marido. “No le encontraba. Fui llamando a hospitales hasta que llamé al 12 de Octubre. Pensaba que estaba vivo. “A las cuatro me dijeron que había sufrido un accidente de alto impacto. No entendía nada. Pude entrar al box y murió en mis brazos”.

En su intervención, ha querido resaltar igualmente la calidad humana de Juan. “Era una persona maravillosa, noble y amable. Todas las mañanas desayunábamos juntos. Ese día, me dormí, escuché un portazo y no le volví a ver. Ahora siento que tengo que honrar quién era”, ha concluido.

También han declarado los padres de la víctima, que han explicado lo que ha supuesto para ellos perder “a la persona más importante de sus vidas”. “No hay dinero que pague esta muerte”, ha manifestado el padre de Juan.

Relato de la persecución en la M-30

En la vista oral ha comparecido igualmente la exnovia de uno de los acusados, quien ha asegurado al jurado que el otro procesado les persiguió y que en esos momentos pensaba que les quería matar. En mitad de su declaración, la testigo perdió los nervios y se dirigió al jurado a gritos insistiendo en que el procesado “les quería matar”.

Según su versión, la mañana había transcurrido con normalidad tras regresar a casa después de pasar la noche en un hotel. Todo cambió al entrar en uno de los túneles de la M-30, donde se toparon con un coche que circulaba más despacio.

“Paco dio las largas para que se quitara, le adelantamos, pero empezó a venir detrás. Nos seguía, y yo gritaba a Paco que acelerase. Se ponía a nuestro lado y giró el volante para que chocáramos”, ha narrado, añadiendo que el otro conductor les miraba con “cara de loco” y llegó a lanzarles un objeto por la ventanilla.

“Nos quería matar, y yo gritaba a Paco: acelera. Y al final se chocó Pensaba que me iba a matar, estaba en shock. Todo pasó muy rápido”, ha añadido, muy alterada y alzando la voz. Tras el impacto, llamaron de inmediato a la Policía.

Testigos, velocidad extrema y consumo de drogas

Durante la sesión han intervenido varios testigos presenciales de los hechos. Uno de ellos, que socorrió al médico, ha contado que al llegar al lugar el conductor siniestrado “no tenía pulso”. “Llamé a emergencias. Estaba balbuceando, no decía nada”, ha explicado.

Otro testigo ha asegurado que los vehículos “iban haciendo carrera y esquivando coches”. “No era una persecución, me dio la impresión de que era una carrera. Iban a 180 kilómetros por hora”, ha indicado ante el jurado.

En la misma línea, un tercer testigo ha descrito el estruendo previo al choque. “Empecé a escuchar un sonido como de Fórmula 1, como de carreras. Tras el impacto, el coche se deformó, se arrugaba. Lo tengo grabado en la mente”, ha señalado. Según su relato, la víctima consiguió salir del vehículo tras el golpe, aunque presentaba lesiones: “Le dije que se sentara, le dolía la pierna, y llamé a emergencias”.

Los agentes han ratificado que el test practicado a uno de los conductores dio positivo en cocaína, cannabis, MDMA y otras sustancias estupefacientes. Este dato refuerza la posición de la Fiscalía, que sostiene que no fue un accidente casual, sino el resultado de una conducta deliberada y extremadamente peligrosa.

Las acusaciones mantienen que los procesados participaron en una carrera ilegal, siendo plenamente conscientes del riesgo de provocar una muerte. Las defensas, por el contrario, piden que los hechos se consideren un homicidio imprudente y cuestionan tanto los cálculos de velocidad de la Policía Municipal de Madrid como la incidencia del consumo de drogas en la responsabilidad penal.

El juicio continuará en los próximos días con nuevas pruebas periciales y declaraciones de testigos, mientras el jurado deberá decidir si la secuencia captada por las cámaras responde a una imprudencia grave o a un comportamiento con dolo eventual.