Las angustias de una afectada por el caso ataúdes: “¿En un palé, en una caja de cartón o incinerada con otra persona?”

Nuevos testimonios del caso ataúdes destapan dudas sobre el destino real de los cuerpos y cenizas y denuncian prisas, engaños y trato deshumanizado.

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Trib.- Caso ataúdes: "Nos quitábamos de comer por pagar el recibo de los muertos, que era sagrado, y nos han engañado" EUROPA PRESS

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La semana cierra una nueva sesión del juicio por el 'caso ataúdes' con más declaraciones de afectados, que han vuelto a relatar ante el tribunal la mezcla de “rabia”, “impotencia”, “dolor”, “indignación” e “incredulidad” que sintieron al descubrir, a través de los medios de comunicación, que los féretros y los arreglos florales utilizados en los funerales de sus familiares habrían sido reutilizados por el grupo funerario El Salvador.

Además de ese impacto emocional, muchos de ellos siguen atormentados por las incógnitas sobre el trato que recibieron los cuerpos de sus seres queridos y sobre la autenticidad de las cenizas que conservan en casa. Es el caso de Nuria P, cuya madre, Heliodora, falleció el 16 de julio de 2015, fue velada en el tanatorio de El Salvador y, dos días más tarde, incinerada en Santovenia.

“Yo pensé, pobre, dos días sola. Les pregunté que por lo menos tendrían una cámara frigorífica”, ha explicado la testigo, que ha recordado, en declaraciones recogidas por Europa Press, cómo al acudir al cementerio dos días después para recoger la urna con las cenizas, los empleados les echaron “la bronca” por presentarse tarde.

Años después, y siempre según su relato, se enteró por la prensa de que su madre figuraba entre los posibles casos afectados por la supuesta estafa, basada en el “reciclado” de ataúdes y ornamentos florales para distintos sepelios. Desde entonces, la misma pregunta le persigue: “¿En un palé, en una caja de cartón o incinerada con otra persona?”.

Una duda similar ha expuesto Ana María O.E, hija de Manuel y María Dolores, fallecidos en 2011 y 2014, respectivamente, así como Ana María D.C, cuya madre murió en junio de 2014. La primera ha acudido a la vista con el pesar de “reabrir una herida que ya pensaba cerrada” y con la incertidumbre permanente de si las cenizas que guarda son realmente las de sus padres. La segunda ha denunciado que el ataúd contratado no coincidía con el que contenía el cuerpo de su madre cuando llegó al tanatorio y que, incluso, a los trabajadores “se les olvidaron las flores”. También le atormenta esta idea: “Yo quiero a mi madre y no sé lo que tengo”.

“Terrible, las cenizas aún calientes”

Otros afectados, como Diego T.G. y María Isabel M. de la F, han descrito la desagradable experiencia de recibir las urnas con las cenizas de sus progenitores todavía calientes. Sus padres fallecieron en febrero de 2008 y marzo de 2013, respectivamente.

Diego ha relatado que a la familia “le costaba seguir por la carretera al coche fúnebre” camino del cementerio y que, tras la cremación del féretro, a la que no pudieron asistir porque los empleados se negaron, les indicaron que regresaran dos horas después para recoger la urna. “La cogió mi hermana, a la que llevaba en el coche, y no paró de llorar durante todo el trayecto porque las cenizas estaban muy calientes. No quiso ni siquiera dejar la urna en el suelo”, ha señalado, añadiendo que, tras conocer por la prensa los hechos que ahora se juzgan, dejó de despedirse de su padre cada vez que pasaba en coche junto al cementerio, como hacía antes.

María Isabel M. ha narrado una escena casi calcada al recoger también muy calientes las cenizas de su padre Julián, algo que ha definido sin dudar como “terrible”. Supo de la presunta estafa cuando la policía la citó en la Comisaría de Las Delicias y una agente le comunicó que su progenitor figuraba entre los posibles perjudicados. “La mujer nos enseñó una foto de él y nos dijo que era de los pocos que estaba bastante bien”, ha añadido la testigo, que asegura no encontrar palabras para describir la “poca humanidad” de los acusados y su afán por “ganar más y más y más...es algo increíble”.

Velatorios “a matacaballo” y heridas reabiertas

Entre las comparecientes se encuentra también María Laura T, que conserva el recuerdo de una “premura desmedida, a matacaballo” en el velatorio y la cremación de su padre Paulino, fallecido en noviembre de 2014. Explicó que pidió a los trabajadores que, en el último momento, le abrieran la caja para poder despedirse de él, pero no lo consiguió. “Llegó un señor, cogió el féretro y ya se lo llevaba. Le enganché y le pedí que lo abriera pero dijo que no se podía”, ha lamentado. De todo ello, asegura que le queda intacta la imagen de su padre, de quien afirma que “era un señor, la bonhomía personificada”, y que nada podrá empañarla, “ni siquiera lo realizado por gente de esta calaña”, en alusión a los procesados.

Otra de las testigos, Ana Isabel A, hija de Nicolás, fallecido el 11 de marzo de 2013, ha confesado que “cada dos por tres” le viene a la mente la fotografía de su padre que le mostró la policía tras destaparse la operación ‘Ignis’. Por su parte, Carmen M.M, que contrató los servicios funerarios para sus padres y un tío, se siente doblemente traicionada porque mantenía, según ha contado, una relación de confianza y cercanía con la familia Morchón desde su infancia, lo que no le ha impedido reprocharles el “engaño” sufrido.

También ha declarado Yolanda de la C.S, afectada por el caso de su madre, fallecida el 2 de abril de 2006, quien incluso se culpa a sí misma de haber podido propiciar la supuesta estafa: “De haber comprado una caja más barata, quizá no estaría aquí”, se ha reprochado con evidente pesar.

Con la fase de testificales de los perjudicados ya concluida, el próximo lunes, 20 de abril, está previsto que comiencen a declarar los ocho testigos propuestos por las defensas de las veintitrés personas procesadas, entre ellos trabajadores en activo y extrabajadores del grupo funerario El Salvador.