Los acusados por una agresión homófoba en Basauri niegan haber pegado o insultado al joven por ser homosexual

Once acusados por una agresión homófoba en Basauri niegan los golpes por odio mientras Fiscalía y acusación reclaman penas de cárcel y altas indemnizaciones.

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Juicio en la Audiencia de Bizkaia por agresión homófoba a un joven en Basauri (Bizkaia) EUROPA PRESS

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Los procesados por la presunta agresión homófoba cometida en 2021 contra un joven en Basauri (Bizkaia) han rechazado ante el tribunal haberle golpeado o proferido insultos por su condición sexual. Uno de ellos ha admitido, no obstante, que se “enzarzó en una pelea” con la víctima, después de que esta, “muy alterada”, increpara a uno de los encausados, y que pudo haberle dado “algún guantazo”, aunque ha insistido en que no le agredió cuando estaba tirado en el suelo e inconsciente.

La Audiencia Provincial de Bizkaia ha celebrado este miércoles la tercera y última jornada del juicio contra once personas acusadas de una agresión homófoba a un chico de 23 años en aquel momento, ocurrida de madrugada el 6 de junio de 2021 en el parque Bizkotxalde de Basauri.

En la sesión inicial del lunes, la supuesta víctima relató que fue golpeado y pateado mientras permanecía en el suelo hasta perder el conocimiento, a la vez que, según su versión, recibía insultos vinculados a su orientación sexual y escuchaba gritos como “puto maricón” y “esto te pasa por ser un maricón de mierda”.

Durante la vista de este miércoles, uno de los acusados, que padece una discapacidad, se ha acogido a su derecho a no declarar. Los otros diez solo han respondido a las preguntas de sus defensas. Dos han asegurado que no se encontraban en el lugar de los hechos y el resto ha explicado que estaban en el parque celebrando el cumpleaños de uno de ellos, negando cualquier tipo de agresión o insulto al denunciante, al que, según han dicho, no conocían “de nada”.

Todos han coincidido en rechazar que sientan odio hacia las personas homosexuales y han descrito a la víctima como una persona “muy alterada” cuando se acercó para pedirles que cambiaran la música del altavoz. Al negarse y pedirle uno de los encausados que se pusiera la mascarilla y se “echara para atrás”, el denunciante, según su versión, le lanzó un vaso y le insultó llamándole “gitano de mierda”, a lo que este respondió “payo de mierda”, iniciándose así la pelea.

Solo uno de los procesados ha admitido que se “enzarzó”, al intentar mediar en el altercado, con el joven, quien, según ha señalado, “rompió de un golpe las gafas” de uno de los encausados. Ha manifestado que “igual le di algún golpe y él a mí”, pero ha negado haberle pegado cuando estaba en el suelo y ha asegurado que no vio “a nadie de su grupo que lo hiciera”.

Otro de los acusados ha reconocido que se encontraba en el parque y que presenció el forcejeo, aunque ha insistido en que no intervino ni agredió ni insultó al joven.

Penas solicitadas y posiciones de las partes

Tras las declaraciones de los encausados, las partes han elevado a definitivas sus calificaciones. La Fiscalía ha mantenido su petición de tres años de prisión por un delito de lesiones agravadas por motivo de odio y una orden de alejamiento de cinco años para diez de los acusados, que tenían entre 18 y 27 años cuando sucedieron los hechos. Para el otro procesado, solicita 18 meses de cárcel, aplicando la eximente de incapacidad intelectual.

La acusación particular reclama las mismas penas, pero por un delito de lesiones con la agravante de alevosía y otro de odio en concurso con un delito contra la integridad moral. Además, ha incrementado la indemnización por daños físicos y morales de 10.500 a 12.500 euros.

Las defensas, por su parte, han pedido la absolución de los once jóvenes y, de forma subsidiaria, que los hechos se califiquen como un delito de lesiones leves. En cuanto a la responsabilidad civil, plantean el abono de 530 euros por las lesiones, tanto físicas como psíquicas.

En su informe, el Ministerio Fiscal ha cuestionado que los acusados se presenten como “víctimas de una agresión que no vio nadie y que no derivó en ningún tipo de lesión para ninguno de ellos” mientras que “el perjudicado resultara con lesiones en las extremidades superiores e inferiores, en la cabeza y en la espalda”, y ha subrayado que los encausados “no tienen ni idea de cómo han podido producirse estas lesiones, cuando resulta que todos los testigos que han comparecido, manifiestan que fueron ellos quienes causaron estas lesiones mediante las patadas”.

La fiscal también ha recordado que la Ertzaintza los identificó en el lugar de los hechos “precisamente por ser las únicas personas que respondían a la descripción que habían facilitado los testigos respecto de los autores de hechos tan graves”.

Sobre la implicación concreta de cada uno, ha admitido que “no ha sido posible individualizar la actuación de cada uno de ellos o determinar cuántas patadas o puñetazos dio cada uno”, pero ha defendido que ello “no implica que se trate de coautores y estemos ante la actuación conjunta y coordinada de todos ellos”. A su juicio, “todos ellos responden por las lesiones padecidas por el perjudicado”.

Asimismo, ha sostenido que “no existe ningún tipo de duda” acerca de las lesiones psíquicas que “requirieron tratamiento médico”, y ha afirmado que “el único motivo” de la conducta de los encausados, a la vista de los insultos homófobos que han referido los testigos, fue “la orientación sexual” de la víctima, que “perfectamente conocían”.

El letrado de la acusación particular ha incidido en que ha habido “un reconocimiento a través de fotografía” de los acusados por parte de los testigos, además de la “identificación in situ” de los agentes. Ha añadido que “no puede ser que haya un informe forense tan elocuente y ninguna de estas personas haya pegado, solo una persona que declara que le da un guantazo, pero en absoluto que le patea”.

A su juicio, los procesados “si formaban parte del grupo agresor”, por lo que ha reclamado una sentencia condenatoria al considerar que “en el siglo XXI sencillamente no puede ocurrir que pateen a una persona por su orientación sexual”.

La versión de las defensas

Los abogados defensores han insistido en que, según las pruebas practicadas, los encausados “no son homófobos y no existe un origen del conflicto basado en ningún tipo de insulto de carácter homófobo”, sino que “lo que existe fue una discusión por la música en un botellón de personas que habían bebido más de la cuenta, tanto los unos como los otros”.

A su entender, en este procedimiento “lo único que se podría penar es la existencia de un delito de lesiones leves, dado que las lesiones físicas solo requirieron una primera asistencia facultativa, lo que determina cero días de perjuicio personal básico y días no impeditivos, sin que requiriera ningún tipo de tratamiento médico ni quirúrgico adicional”.

Han descartado que se trate de unas lesiones “causadas con voluntad y de forma metódica” porque “ni hubo una planificación previa ni un concierto para actuar de forma conjunta contra la víctima”, defendiendo que fue “una situación evidentemente sobrevenida, surgida de una manera espontánea en el curso de una discusión”.

Respecto a las identificaciones, han subrayado que la propia víctima “reconoce que todos los acusados eran agresores, pero no identificó a ninguno de ellos” ya que “el mismo dijo que se tapó la cara y no pudo ver a nadie”.

También han recalcado que “ningún testigo ha determinado el grado de participación de los presuntos agresores”, por lo que “no se sabe si los golpes fueron propinados por una o varias personas” y que, “de haber existido la intervención de los acusados, se produjo como una reacción defensiva y no una ejecución de un plan común previamente acordado”.

“Lo cierto es que ninguno de los testigos ha sido capaz de identificar con seguridad qué persona lleva a cabo qué actuación, más allá de decir que todos les golpearon de la misma manera. Por lo tanto, que una persona se encuentre en el lugar de los hechos no permite la condena por los mismos”, han concluido.

Tras la exposición de las conclusiones, ninguno de los acusados ha querido hacer uso de su derecho a la última palabra y el juicio ha quedado visto para sentencia.