Los médicos forenses que han comparecido este martes en la sexta jornada del juicio por el conocido como 'crimen de Halloween', que se sigue en la sección 2ª de la Audiencia Provincial de Murcia, han concluido que el procesado es "imputable" y que "sabía lo que estaba haciendo" aquella noche.
Al mismo tiempo, han indicado que no hallan base médica para justificar el supuesto 'blackout' que el acusado asegura haber sufrido durante el enfrentamiento, del que dice conservar únicamente "flashes". "Fue un minuto en el que perdió los papeles", ha expuesto la psiquiatra que ha declarado junto a los forenses, quien ha interpretado ese relato a la luz de la psicopatología del acusado, lo que le lleva a no descartar que esos "flashes" puedan producirse.
Los especialistas han remarcado que ese episodio no contradice la conducta posterior del acusado, que abandonó el local en una furgoneta, fue a recoger su coche y se dirigió después a su domicilio.
La psiquiatra ha añadido que la combinación de sus trastornos previos, el consumo de alcohol y la medicación hizo que actuara sin planificación, sin ser plenamente consciente ni anticipar las consecuencias de su conducta. En su informe pericial propone una eximente incompleta por semiimputabilidad.
Según ha detallado, en el instante en que sacó la navaja "no era capaz de controlar sus impulsos", y "estaba enajenado, fuera de sí". La especialista ha precisado igualmente que el acusado "estaba descolocado" mientras deambulaba junto al cuerpo de la víctima tras la agresión.
Además, a preguntas del jurado popular, uno de los forenses ha señalado que la actitud poco colaboradora del acusado tras su detención no tiene por qué estar vinculada a su trastorno, y que es una reacción frecuente en un contexto de arresto.
Perfil médico y psicológico del acusado
En calidad de testigo ha declarado también el médico de familia que atendió al acusado durante 11 años, quien lo ha descrito como "un tío raro" que "enseguida se envalentonaba".
Este facultativo ha relatado que "cuando lo provocaban tenía respuestas exageradas a estímulos insignificantes" porque presentaba "intolerancia a la frustración". A su juicio, "si no lo conoces puede ser una bomba de relojería en un momento determinado", y ha añadido que "si lo provocabas tenía el 'gatillo' fácil".
Por otro lado, el psiquiatra que lo trató entre 2021 y 2023 ha ratificado los diagnósticos de trastorno persistente del humor —un estado de ánimo bajo mantenido en el tiempo— y de trastorno de personalidad. Ha precisado que la medicación prescrita era de tipo ansiolítico y que el objetivo terapéutico era ir reduciendo progresivamente las dosis.
Este especialista ha recalcado igualmente que el acusado no presentaba alucinaciones, delirios ni ideas de tipo psicótico.