Los padres del cabo fallecido en Cerro Muriano reclaman nueve años y medio de prisión para cada uno de los mandos procesados

Los padres del cabo muerto en Cerro Muriano reclaman prisión e indemnizaciones millonarias para cuatro mandos por el fatal ejercicio de paso de río.

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Militares acordonando el lugar donde fueron localizados los dos militares fallecidos en la base de Cerro Muriano. RAFAEL MADERO/EUROPA PRESS

Militares acordonando el lugar donde fueron localizados los dos militares fallecidos en la base de Cerro Muriano. RAFAEL MADERO/EUROPA PRESS

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Los progenitores del cabo Miguel Ángel Jiménez Andújar, fallecido durante un ejercicio en la base militar de Cerro Muriano en diciembre de 2023, solicitan penas de nueve años y seis meses de cárcel para cada uno de los cuatro mandos señalados en esta causa: el capitán Zúñiga, el teniente Tato, el teniente coronel Zanfaño y el comandante Velasco.

Junto a las penas de prisión, exigen indemnizaciones por un total de 257.064 euros destinadas a los padres y al hermano del militar, figurando el Estado como responsable civil subsidiario.

Jiménez Andújar, perteneciente a la Brigada Guzmán El Bueno X, perdió la vida junto al soldado Carlos León Rico durante un ejercicio realizado el 21 de diciembre de 2023.

Según la calificación de la acusación --previa al juicio oral ante el Tribunal Militar Central-- a la que ha tenido acceso Europa Press, el capitán Zúñiga fue “el responsable del diseño, preparación, ejecución y dirección del ejercicio”, consistente en “paso del río”, “tomando una serie de decisiones de las que fue conocedor y participe, de forma activa y directa, el teniente Tato, sin que tales decisiones fueran comunicadas al entonces jefe de la Plana Mayor del Regimiento, teniente coronel Zanfaño, en comisión de servicio, o al comandante Velasco, nombrado en sustitución”.

El escrito añade que “Pese a no comunicar estas decisiones por parte del capitán y el teniente a la Plana Mayor, la misma omitió el deber objetivo de cuidado que le está encomendado”, subrayando que el teniente coronel Zanfaño y el comandante Velasco no actuaron con la diligencia exigible, al no atender la obligación inherente a sus cargos de impedir que un riesgo derivado de la actividad terminara produciendo un resultado lesivo, recordando que la Plana Mayor no agota su función con la simple recepción de la documentación de las maniobras, “sino que ante esto, comienza su labor de diligenciar, custodiar y cuidar de las mismas”.

En esta línea, se sostiene que “dentro de la imprudencia acaecida, además de los hechos desarrollados por el capitán Zúñiga y el teniente Tato, destaca de manera más que evidente la infracción del deber de cuidado, la infracción de la obligación de evitación de resultado como consecuencia de una actividad peligrosa, y todo ello, manifestado por la Plana Mayor”.

Así, se indica que “los dos mandos procesados pertenecientes a la Plana Mayor, el teniente coronel Zanfaño y el comandante Velasco, sólo limitaron su actuación a recibir y aprobar actividades, pero nunca ejercieron su deber objetivo de cuidado de las actividades a desarrollar”. Por ello, se reitera que “en todo momento omitió la diligencia debida y que debió de ejercitar con respecto a su labor y disposición en la Plana Mayor, así como eludió y no desarrolló la obligación inherente a su cargo de evitar el riesgo de una acción que pueda materializarse con un resultado lesivo, y en el caso que nos ocupa, como consecuencia de la realización de una actividad peligrosa”.

El ejercicio en el pantano

En la calificación se detalla que “de cara a la ejecución del ejercicio, en ningún momento, tanto en la preparación como en la ejecución, el capitán Zuñiga expuso a sus mandos las condiciones en las que se iba a ejecutar o desarrollar, no especificó que se tratara de una actividad que tuviera por objeto practicar la flotabilidad, tampoco explicó por dónde y de qué manera se iba a realizar el ejercicio ‘paso de río, sino que, actuando bajo un criterio personal e improvisado, basado en la necesidad de ‘nadar y evitar ir andando’, buscó apoyo en su unidad orgánica, en base a la previsión de la Circular 305/23, para que la práctica se realizase conforme había ideado”.

Para ello, prosigue el escrito, “la semana anterior, sin dar ninguna novedad al jefe de la Plana Mayor, y sin este solicitarla, eludiendo su deber objetivo de cuidado, ordenó verbalmente al sargento que estaba en posesión de un curso de torre multiusos y había realizado una tarea similar en dos ejercicios anteriores, que el día 20 de diciembre instalara una cuerda en el pantano ‘Casa Mata’, sin concretar si se trataba de cuerda guía o línea de vida”.

En relación con esa orden, se precisa que el teniente Tato, “conocedor de la programación semanal del ejercicio, minutos después, especificó la orden del capitán en el sentido de que el recorrido de la cuerda fuera por un lugar en el que cubriera lo máximo posible”.

Desarrollo del día de los hechos

El día de autos, el capitán Zuñiga, “en su valoración del riesgo, comprobó ‘in situ’ el estado de la cuerda antes de iniciar la actividad, procediendo a dar el visto bueno y posteriormente, la orden de inicio de entrada en el agua”.

Las actividades previstas en la madrugada del 21 se habían cumplido conforme al plan, de modo que, llegada la hora fijada y para realizar el “paso de río” programado, “el capitán ordenó sin ninguna explicación previa de cómo iba a desarrollarse la actividad que los soldados se quitaran el chaleco anti fragmentos, alguna ropa de abrigo, además de los elementos electrónicos, gafas de visión nocturna y los tubos de simulación de lanzagranadas, con la finalidad de aligerar el peso y el equipo, quedando estos efectos depositados en un camión”.

El relato de la acusación indica que “el ejercicio consistía en cruzar a nado el pantano por el lugar que el capitán y el teniente habían supervisado previamente, es decir, desde una orilla de entrada hasta la opuesta, equipados con el uniforme de camuflaje, fusil de asalto HK, mochila de combate y casco”, y que “la mochila iría colocada delante de cuerpo como flotador, para lo que era imprescindible que estuviera perfectamente estanca para impulsarse con las piernas”.

Por su parte, el teniente Tato, “conocedor del diseño y preparación de la actividad, y sabedor de que se trataba de un ejercicio de flotabilidad, así como de las condiciones en las que se había colocado la cuerda, no ordenó, ni se preocupó de hacer las comprobaciones previas necesarias respecto a la estanqueidad de las mochilas y su sección continuó portando una mina de instrucción que se les había asignado, cuyo peso era superior a los tres kilos, lo que dificultó posteriormente la flotabilidad y las condiciones para mantenerse en el agua a una temperatura muy baja”.

Además, se expone que “el capitán les indicó de forma reiterada que la cuerda era una cuerda guía y no una línea de vida, por lo que no debían sujetarse salvo en caso de necesidad”, añadiendo que “no hubo unas instrucciones claras y precisas por parte del capitán Zuñiga y del teniente Tato y el desorden se produjo de manera inmediata, puesto que tenían dificultades para moverse por un fondo fangoso y con ramas; la profundidad y la temperatura del agua --alrededor de unos ocho grados-- dificultaban que pudieran avanzar y la mayoría de las mochilas no permitían la flotabilidad”.

El escrito describe que “Unos compañeros se adelantaban a otros, sólo se veían cabezas que subían y bajaban, sin distinguir de quién se trataba, se escucharon gritos de auxilio, se sujetaban entre ellos o buscaban donde agarrarse a la cuerda, mientras que insistentemente el capitán decía que soltaran la cuerda”, que “en un momento dado, perdió tensión e incluso llegó a quedarse sumergida, siendo utilizada por algún soldado para elevarse apoyando sobre la misma sus pies”.

La mayoría de los militares fueron finalmente auxiliados desde la misma orilla por la que habían entrado al agua. Ese día no había ambulancia presente en la zona. Además de la muerte de los dos militares, durante la realización del ejercicio otros dos soldados necesitaron atención médica por síntomas de hipotermia.