Los tres procesados por introducir cerca de 900 gramos de cocaína camuflada en 30 planchas escondidas en las fundas de 15 discos de vinilo enviados en un paquete desde Lima (Perú) a Roquetas de Mar (Almería) han asumido una pena de cinco años y un día de cárcel durante la vista celebrada este martes en la Audiencia Provincial de Almería.
El tribunal de la Sección Tercera ha adelantado el fallo, ya firme, tras la conformidad de los encausados, que alcanzaron un acuerdo con la Fiscalía. El Ministerio Público ha solicitado además para cada uno de ellos una multa de 60.000 euros y ha dejado para la fase de ejecución la posible expulsión de los condenados del territorio nacional.
En el pacto se ha eliminado el subtipo agravado del delito contra la salud pública por el que inicialmente se les acusaba, lo que ha evitado la petición inicial de ocho años de prisión que formulaba la acusación. Los investigados han estado asistidos por los letrados Nabil El Meknassi, Paloma Zuloaga y Miguel Martínez Molina.
Los tres acusados, en situación regular en España y originarios de Colombia y Perú, acordaron introducir la sustancia estupefaciente mediante un envío de paquetería postal con la finalidad de distribuirla en el mercado ilícito, organizando entre ellos la recepción del paquete.
Sin embargo, funcionarios de Aduanas de la Guardia Civil del Aeropuerto de Alicante-Elche Miguel Hernández detectaron el envío sospechoso mientras realizaban labores de análisis de riesgo en la mañana del 3 de enero del pasado año.
Ante las dudas, decidieron someter el paquete a la máquina de RX al sospechar que podría contar con un doble fondo para ocultar sustancias. En la inspección localizaron 25 discos de vinilo y comprobaron que, en el interior de las carátulas de 15 de ellos, se ocultaban 30 planchas de cocaína cuidadosamente disimuladas.
La droga intervenida arrojó un peso total de 897,5 gramos de cocaína con una pureza del 88 por ciento, con un valor estimado en el mercado negro de 32.988,44 euros.
Con estos elementos, los agentes solicitaron y obtuvieron autorización judicial para efectuar una entrega vigilada en el domicilio del destinatario. Para ello sustituyeron la cocaína incautada por otra sustancia, con el objetivo de que el paquete no levantara sospechas entre los receptores.
El Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de la Guardia Civil organizó un operativo con agentes desplegados en las inmediaciones de la dirección de entrega y un guardia civil infiltrado como repartidor, con uniforme y vehículo similares a los de la empresa de mensajería.
Los investigadores constataron que, sobre las 11,12 horas, cuando el agente caracterizado como repartidor llegó a las cercanías del domicilio, ya se encontraban en la zona los tres acusados: dos de ellos realizando labores de vigilancia y el tercero como receptor del envío.
El agente realizó entonces una llamada al teléfono del destinatario del paquete, que fue atendida por uno de los procesados, quien se identificó como tal y avisó de que se hallaba en la calle, para después acercarse al lugar y recoger el envío, firmando el albarán de entrega. Fue arrestado instantes después, cuando ya tenía el paquete en su poder.
Los otros dos implicados, al observar que su compañero había sido detenido por la Guardia Civil, trataron de huir de la zona, pero fueron perseguidos y capturados por los agentes pocos minutos más tarde en los alrededores.
Durante la operación se intervinieron los teléfonos de los acusados, que utilizaron los datos de un cuarto varón para la gestión del envío y la recepción del paquete. No obstante, su posible implicación quedó descartada en la investigación y se acordó el sobreseimiento provisional de las diligencias respecto de esta persona.