Un repartidor declaró haber presenciado cómo uno de los dos acusados por el tiroteo mortal de julio de 2023 en Carabanchel efectuaba disparos desde una ventana contra el clan rival al que pertenecía la víctima, y cómo la familia contraria respondió después con más tiros, contradiciendo así la versión ofrecida por la defensa.
La Audiencia Provincial de Madrid ha celebrado la segunda sesión del juicio por los hechos ocurridos la noche del 16 de julio de 2023, en el marco de un enfrentamiento entre dos clanes de familias asentadas en los barrios madrileños de Orcasitas y Pan Bendito. A raíz del intercambio de disparos falleció un hombre de 38 años.
Durante esta vista, la defensa, representada por la letrada Teresa Bueyes, ha incorporado nueva documentación, entre ella vídeos con supuestas amenazas del clan rival a sus clientes y un informe pericial sobre la trayectoria de los disparos, con el objetivo de acreditar que se realizaron desde el suelo y no desde el piso 1A, domicilio de los procesados.
De acuerdo con la tesis de la defensa, los tiros habrían sido efectuados por error por los propios familiares del fallecido, por lo que las periciales sobre el recorrido de los proyectiles resultan determinantes. No obstante, la Policía Científica detectó restos de pólvora en las manos de los dos procesados.
En la fase testifical, la instructora del Grupo VI de Homicidios de la Jefatura Superior de Policía de Madrid ha explicado que un testigo clave, un repartidor ajeno a los clanes enfrentados, manifestó haber visto cómo un brazo asomaba por la ventana de la vivienda de los acusados y realizaba varios disparos.
La agente ha detallado que los hechos se sitúan en la madrugada del 16 al 17 de julio de 2023, cuando el Grupo VI de Homicidios fue avisado de un tiroteo en la calle Besolla, en el distrito de Carabanchel. Cuando los investigadores llegaron, el área ya estaba acordonada por efectivos de Seguridad Ciudadana y por miembros de la Policía Científica.
La víctima había sido evacuada por sus allegados al Hospital 12 de Octubre, donde murió poco después. Según los primeros testimonios recogidos en el lugar, un grupo de personas se dirigió al domicilio de los acusados tras anteriores disputas entre clanes, momento en el que habrían sido recibidos con disparos desde el interior de la vivienda.
En la inspección ocular se localizaron impactos y se recogieron vestigios balísticos, como vainas y proyectiles —al menos siete cartuchos en una de las zonas examinadas—, además de manchas de sangre.
Los cinco hombres que se encontraban dentro del piso, entre ellos los dos procesados, negaron en un primer momento conocer lo sucedido y aseguraron que únicamente escucharon detonaciones en la calle.
La investigación cambió de rumbo tras la declaración de un testigo independiente, el citado repartidor que se hallaba en el bloque de viviendas. En su testimonio relató que vio cómo varias personas se aproximaban al domicilio gritando nombres y que, tras un breve intercambio de palabras desde un balcón, las ventanas se cerraron.
Instantes después, afirmó haber visto cómo un brazo se asomaba por una de esas ventanas y se iniciaban los disparos. También dijo haber escuchado proyectiles pasar sobre su cabeza y haber visto caer a una persona antes de abandonar el lugar.
Padre e hijo se enfrentan a penas que pueden alcanzar los 65 años de prisión por delitos de asesinato, tentativa de asesinato y tenencia ilícita de armas.