El hantavirus reabre el debate sobre las amenazas sanitarias del siglo XXI: “Las enfermedades zoonóticas serán uno de los mayores retos para la salud pública”

El Dr. Javier Castrodeza analiza en Demócrata por qué el hantavirus no tiene el potencial pandémico que sí tenía el COVID-19 y cuáles son los riesgos de la zoonosis

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Ilustración Demócrata.

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El brote de hantavirus detectado a bordo del MV Hondius ha vuelto a colocar las zoonosis —las enfermedades que saltan de animales a humanos— en el centro del debate sanitario internacional. Aunque los expertos descartan, por ahora, cualquier paralelismo real con la pandemia de COVID-19 y rebajan el riesgo de una expansión global similar, el episodio ha servido para reabrir una discusión de fondo: hasta qué punto el mundo está preparado para afrontar unas amenazas biológicas cada vez más condicionadas por el cambio climático, la presión sobre los ecosistemas y la creciente interacción entre humanos y fauna salvaje. Porque si algo ha dejado claro la última década es que las grandes alertas sanitarias del siglo XXI ya no llegan solo desde los hospitales, sino también desde el equilibrio —o desequilibrio— entre salud humana, animal y medioambiental.

Un virus grave, pero no comparable

En declaraciones a Demócrata, el Dr. Javier Castrodeza Sanz, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública (Universidad de Valladolid) y jefe de Servicio de Medicina Preventiva y Salud Pública en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid, explica los motivos por los que no considera plausible que el hantavirus desemboque en una nueva pandemia, como ocurrió con el coronavirus.

Castrodeza esgrime que “el hantavirus no es tan transmisible como SARS-CoV-2 porque, en general, no está adaptado a transmitirse de forma eficiente de persona a persona por vía respiratoria cotidiana”; sino que “su transmisión suele depender de exposiciones ambientales concretas, especialmente al contacto o inhalación de aerosoles contaminados con orina, heces o saliva de roedores”.

Recuerda que “el COVID-19 se propagó con gran eficacia porque SARS-CoV-2 se replicaba en vías respiratorias superiores y podía emitirse al ambiente al respirar, hablar o toser, incluso con síntomas leves o antes de que la persona supiera que estaba infectada”, mientras que el hantavirus “no circula entre humanos y requiere de exposiciones mucho más específicas”.

En definitiva, “el hantavirus puede causar cuadros graves, pero gravedad no equivale a transmisibilidad”, por lo que “su potencial pandémico es mucho menor que el de un virus respiratorio humano con transmisión presintomática eficaz, como SARS-CoV-2”.

Qué son las enfermedades zoonóticas

Las enfermedades zoonóticas, o zoonosis, son infecciones que se transmiten de los animales a las personas. Pueden propagarse por contacto directo con animales infectados, a través de alimentos o agua contaminados, o mediante vectores como mosquitos y garrapatas. Entre las zoonosis más conocidas se encuentran la rabia, la salmonelosis o la COVID-19. El hantavirus, por tanto, es también una enfermedad zoonótica.

El verdadero problema: cuándo una zoonosis deja de ser local

A juicio del Dr. Javier Castrodeza, las enfermedades zoonóticas constituyen uno de los mayores retos para las crisis de salud pública actuales y futuras, si bien no serán las única. “No toda zoonosis tiene potencial pandémico, pero muchas de las amenazas con mayor capacidad de generar emergencias sanitarias proceden de la interfaz animal-humano-medio ambiente”, remacha.

Las zoonosis aparecen donde interactúan fauna silvestre, animales domésticos, ganado, vectores, personas y ecosistemas. “Por eso no basta con vigilar los acontecimientos sanitarios solo a las personas y en su espacio asistencial, centros de salud, hospitales etc.… también hay que vigilar animales, explotaciones ganaderas, mercados, fauna silvestre, aguas, vectores y cambios ambientales”, apunta Castrodeza.

El catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública subraya que los factores de riesgo están aumentando por cuestiones como la deforestación, el cambio de uso del suelo, la expansión agrícola y ganadera, el comercio de fauna silvestre, la urbanización rápida, el cambio climático, la movilidad internacional, la intensificación de la producción animal y la pérdida de biodiversidad: “Favorecen nuevos saltos zoonóticos”.

"No toda zoonosis tiene potencial pandémico, pero muchas de las amenazas con mayor capacidad de generar emergencias sanitarias proceden de la interfaz animal-humano-medio ambiente”

Filtros que debe superar una zoonosis para causar una gran crisis:

  • Saltar del animal al ser humano.
  • Infectar eficazmente células humanas.
  • Transmitirse entre personas.
  • Hacerlo de forma sostenida.
  • Propagarse antes de ser detectada o controlada.

Un evento local puede globalizarse

Este experto explica que la conectividad actual fomenta que se puedan propagar infecciones que antes quedaban limitadas a una granja, aldea o región concreta; y el COVID-10 fue “el ejemplo más extremo”, pero también hay otros procesos como la gripe aviar, ébola, monkeypox y arbovirosis “sobre los que existe una preocupación internacional”.

En este sentido, señala que “en salud pública no preocupa solo la letalidad, sino la combinación de transmisibilidad, gravedad, ausencia de inmunidad previa, capacidad diagnóstica, disponibilidad de vacunas o tratamientos, confianza social y capacidad de respuesta”.

Cuáles son las zoonosis especialmente preocupantes

Zoonosis especialmente preocupantes:

  • Las de transmisión respiratoria eficiente, como coronavirus o gripe.
  • Las que tienen reservorios animales amplios y difíciles de erradicar.
  • Las que mutan o recombinan con facilidad, como gripe.
  • Las transmitidas por vectores, sensibles al clima y a cambios ecológicos.
  • Las de alta letalidad, como Ébola o Nipah.
  • Las que pueden transmitirse de forma silenciosa o presintomática.
  • Las que afectan simultáneamente a salud humana, sanidad animal, economía y seguridad alimentaria.

El consenso científico es cada vez más claro: las zoonosis marcarán buena parte de las amenazas sanitarias del siglo XXI. La experiencia reciente ha demostrado que la respuesta pasa por consolidar un verdadero enfoque One Health, capaz de integrar la vigilancia epidemiológica en humanos, animales y medio ambiente, reforzar la detección precoz y agilizar el intercambio de información entre países y autoridades sanitarias. A ello se suma la necesidad de acelerar el desarrollo de vacunas, antivirales y otras herramientas de respuesta. En un mundo cada vez más interconectado y expuesto a alteraciones climáticas y ecológicas, la prevención ya no es solo una cuestión sanitaria: es también una cuestión estratégica.