El Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (Ifapa) ha dado a conocer siete guías con pautas de manejo para algunos de los cultivos más representativos de Andalucía después de los episodios de lluvias intensas e inundaciones registrados en las primeras semanas de 2026 en la comunidad.
Estos documentos de transferencia de conocimiento, elaborados por equipos científicos y técnicos del Ifapa, estudian las consecuencias agronómicas de las precipitaciones extraordinarias y los principales perjuicios que ocasionan las inundaciones en cítricos, vid, olivar, frutales, frutos rojos, aguacate, cereales y otros cultivos herbáceos, ofreciendo distintas recomendaciones de manejo, ha indicado la Junta en una nota.
Las siete publicaciones, que pueden descargarse desde la página web del Ifapa, se presentan en un formato visual y pedagógico en el que se detallan los posibles impactos y las estrategias a aplicar en explotaciones afectadas por encharcamientos, con especial atención a la mitigación de daños y a la contención de los efectos de las lluvias extremas.
Los especialistas recogen algunos de los problemas derivados del exceso de agua y de las inundaciones, como la erosión del terreno, la asfixia radicular (deficiente oxigenación de las raíces), el aumento de la incidencia de enfermedades, la lixiviación o lavado de nutrientes, la dificultad para realizar las labores culturales en los cultivos o los daños físicos en la arboleda provocados por el viento y la humedad.
Además, la incidencia y severidad de muchas enfermedades se ven favorecidas por condiciones de elevada humedad y altas temperaturas. Por ello, después de periodos prolongados de lluvias es de esperar una alta incidencia de enfermedades de la parte aérea, del suelo o causadas por hongos que provocan podredumbre radicular.
En esta línea, las guías detallan los principales efectos adversos y las actuaciones recomendadas, tanto preventivas como posteriores, para reducir y evitar daños, proponiendo en determinados casos prácticas agrícolas orientadas a minimizar su impacto. Los textos también subrayan que, en ciertas situaciones, resulta fundamental no hacer circular maquinaria hasta que el terreno pierda humedad suficiente, ya que el peso de los equipos puede compactar el suelo mojado y eliminar los poros de aire, agravando la asfixia radicular.
De igual forma, las precipitaciones muy intensas pueden originar lavado de nitratos, pérdida de azufre, movilización de potasio en suelos ligeros y, en consecuencia, una merma del rendimiento potencial por déficits nutricionales, siendo aconsejable, según el caso, recurrir a fertilizantes y productos bioestimulantes. Estas guías con recomendaciones de manejo de cultivos tras los episodios de lluvias intensas difundidas por el Ifapa se han redactado en el marco de proyectos respaldados con fondos europeos FEDER.
La sucesión de borrascas que ha atravesado Andalucía durante los meses de enero y febrero de 2026 ha ocasionado daños de consideración en el sector agrario. Las repercusiones se han materializado tanto en pérdidas directas de producción como en un deterioro de la calidad de las cosechas, debido a los retrasos o a la imposibilidad de acometer las tareas de recolección y los tratamientos en el momento oportuno.
Para contextualizar la intensidad y el alcance de estos episodios, así como para aportar una base técnica que sirva de referencia en la posterior estimación de daños y en la definición de posibles medidas de actuación diferenciadas por cultivo, el personal técnico del Ifapa ha realizado un análisis preliminar a partir de los datos de 92 estaciones meteorológicas de la Red de Información Agroclimática de Andalucía (RIA).
La comparación de las precipitaciones acumuladas ha permitido extraer conclusiones significativas, como que en las estaciones situadas en Huelva, Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada los acumulados registrados en 2025-2026 fueron entre un 70% y un 80% superiores a la media climatológica. En Jerez de la Frontera, el incremento se situó en torno al 50%, mientras que en Almería rondó el 30%. En el caso de Málaga, el aumento fue más moderado, con valores aproximadamente un 10% por encima de la media de referencia.
El documento también resalta aspectos como el elevado número de días consecutivos con lluvia, un indicador clave para valorar las condiciones reales de acceso a las explotaciones y la posibilidad de llevar a cabo labores como la recolección, el abonado o la aplicación de tratamientos fitosanitarios. Este factor resulta especialmente relevante desde el punto de vista productivo, ya que amplifica los efectos del exceso de agua más allá del simple balance de precipitación.
De forma general, entre el 1 de septiembre de 2025 y mediados de febrero de 2026, la precipitación media acumulada en las zonas agrícolas controladas por la RIA alcanzó los 486 mm, con registros que oscilaron entre los 155 mm y los 968 mm según la ubicación. En este sentido, conviene recordar que la RIA está diseñada específicamente para el seguimiento de las áreas agrícolas andaluzas, lo que la convierte en una herramienta especialmente adecuada para cuantificar las lluvias caídas en este ámbito concreto.
No obstante, los datos presentados se limitan a estas áreas y no incluyen registros de otras zonas donde las precipitaciones han sido incluso mayores, como ocurre en el entorno de Grazalema. La combinación de la información de la RIA con los registros de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha permitido dimensionar con mayor exactitud la magnitud de los episodios de lluvia registrados en Andalucía durante este periodo, elaborando un análisis individualizado para cada una de las provincias.