Un nuevo material del IMDEA mantiene las uvas frescas un mes sin frío

Un material desarrollado en IMDEA Energía logra conservar uvas un mes sin refrigeración y apunta a envases activos más seguros y sostenibles.

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Un nuevo material del IMDEA mantiene las uvas frescas un mes sin frío

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La Comunidad de Madrid ha impulsado el desarrollo de un material pionero capaz de conservar uvas en buen estado durante un mes sin necesidad de refrigeración. El avance se ha logrado en la Unidad de Materiales Porosos Avanzados del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados IMDEA Energía y abre la puerta a una nueva generación de envases activos más seguros y sostenibles para preservar alimentos.

Este trabajo adquiere especial relevancia en un escenario mundial en el que se desperdicia cerca de un tercio de los alimentos producidos. La capacidad de prolongar la vida útil de frutas y otros productos frescos mediante tecnologías innovadoras podría disminuir de forma notable las pérdidas a lo largo de toda la cadena alimentaria, ha señalado el Gobierno regional en un comunicado.

El material forma parte de una familia de compuestos denominada redes metal-orgánicas, reconocida recientemente con el Premio Nobel de Química 2025. Se obtiene a partir de calcio, un elemento abundante y biocompatible, combinado con una molécula orgánica con propiedades antifúngicas.

El resultado es una estructura ordenada, estable y segura que actúa directamente contra los hongos que provocan el deterioro de la fruta. En el estudio, las uvas tratadas conservaron su aspecto, firmeza y color durante casi 30 días a temperatura ambiente y con elevada humedad, condiciones en las que normalmente se estropearían en pocos días.

Por el contrario, las uvas de control sin tratar presentaron en poco tiempo manchas, moho y signos evidentes de descomposición. A diferencia de otros sistemas que dependen de la liberación de conservantes, este material ejerce su efecto desde la propia superficie, gracias a la presencia de grupos ácidos con actividad antifúngica intrínseca.

Asimismo, presenta una buena estabilidad y bioseguridad, ya que no resulta tóxico para células humanas intestinales y pulmonares. Estas propiedades refuerzan su potencial para aplicaciones reales en el sector alimentario y abren la vía a su uso en embalajes activos destinados a alargar la vida útil de las frutas, contribuyendo a reducir el desperdicio alimentario de manera sostenible.