Finalizado el año 2025 llega el momento de hacer un balance. Hemos tenido un ejercicio realmente complejo y apasionante repleto de iniciativas normativas, pero también de cambios importantes en el panorama nacional e internacional para todo el sector agroalimentario.
Sin ánimo de ser exhaustivos, en esta serie de reflexiones voy a tratar de sintetizar los principales temas que tienen que servir de referencia para afrontar un nuevo ejercicio del 2026 que seguramente va a poner a prueba a todos los operadores de la cadena agroalimentaria, siendo cada vez más conscientes de que estos tienen que poder leer el entorno con una perspectiva geoestratégica, sociológica y política para afrontar nuevas situaciones de riesgo y aumentar su capacidad de influencia en los decisores públicos para que la normativa ayude al desarrollo del sector.
Es difícil resumir un año tan intenso sin abordarlo de forma sistemática, por este motivo voy a comenzar con el panorama internacional, marcado por la dinámica de los acuerdos comerciales y decisiones arancelarias unilaterales y por los factores exógenos que han condicionado al sector en 2025.
Se han producido cambios muy importantes en el marco de las relaciones comerciales entre la Unión Europea y los países terceros. Este cambio es también consecuencia de las profundas transformaciones que se están experimentando en materia de relaciones internacionales.
En los últimos años ha cambiado radicalmente la dinámica de comercio exterior, basada en el multilateralismo y en los procesos largos de negociación, para responder a acuerdos bilaterales y decisiones reactivas de los bloques comerciales, en las que los productos agroalimentarios son siempre los primeros protagonistas.
Aunque Europa sigue apostando por dinámicas de negociación discutidas y consensuadas que integren los propios equilibrios entre los Estados Miembros y ajustándose a los procesos institucionales de toma de decisiones, en 2025 se ha visto sometida a un escenario convulso con una urgencia negociadora acuciante con los Estados Unidos.
Este escenario ha provocado una gran inseguridad a los operadores empresariales que deben de tomar decisiones de importación o exportación sobre la base de unas previsiones inciertas en términos arancelarios y de contingentes, y adelantarse muchas veces a lo que la racionalidad económica hubiera demandado.
La Comisión Europea ha planteado sus propuestas para la aprobación definitiva de los acuerdos comerciales con Mercosur, México e Indonesia
Otro tanto puede predicarse de las decisiones adoptadas unilateralmente por el Gobierno Chino, en relación con los cambios de los aranceles a determinados productos como pueden ser los productos cárnicos o la reciente activación de las medidas antisubvención sobre lácteos.
Pero volviendo al espíritu que tradicionalmente regia el funcionamiento de la UE, la Comisión Europea ha planteado sus propuestas para la aprobación definitiva de los acuerdos comerciales con Mercosur, México e Indonesia.
Si bien las movilizaciones de los agricultores europeos ponen en compromiso el final del proceso, no es menos cierto que un marco de estabilidad, con los controles y salvaguardas correspondientes, puede abrir un escenario de oportunidades y seguridad para la producción agroalimentaria, especialmente para algunos sectores. No podemos dejar de tener en cuenta que la producción española está demostrando ser una de las más eficientes de la UE, especialmente en algunos subsectores.
Los datos estadísticos del comercio exterior en 2025 nos irán proporcionando una cuantificación real de los efectos de estas medidas.
Entretanto, más allá del detalle de los acuerdos y de su afectación a los distintos productos, para las empresas no queda otra salida que tratar de reconducir a través de los contratos todo este tipo de eventualidades y rediseñar su cartera exterior. Seguramente se abrirá una etapa de negociaciones mucho más complejas y detalladas, de un aseguramiento financiero mayor, de contratos menos estandarizados y unas vías para la resolución de conflictos más ágiles y operativas.
Por otra parte, las empresas del sector agroalimentario han tenido que responder también a otros condicionantes exógenos, como los efectos derivados de los cambios climatológicos.
Sigue siendo cada vez más urgente una política de agua realista y consensuada que tenga en cuenta las necesidades de sector productor
Aunque 2025, comparado con el año anterior, ha sido mejor hidrológicamente en términos generales, no todas las cuencas ni producciones agroalimentarias han podido beneficiarse de esta mejoría. Sigue siendo cada vez más urgente, y así se demanda cada vez más por el propio sector agroalimentario, una política de agua realista y consensuada que tenga en cuenta las necesidades de sector productor.
También hemos visto cómo la crisis de la peste porcina africana es capaz de poner en jaque a uno de los subsectores más competitivos de nuestro sector agroalimentario, pese a que la gestión de la situación ha sido transparente y eficiente. También la gripe aviar ha obligado a tomar medidas drásticas para el sector avícola.
El riesgo cero no existe, pero la única forma de paliar sus efectos es con profesionalidad y rigor y con instrumentos de seguimiento y control efectivos.
A la cadena alimentaria le cuesta trabajo el trasladar a la opinión pública las causas del incremento de precios
En el plano interno, la inflación alimentaria ha marcado el debate, abriendo regularmente los informativos. A la cadena alimentaria le cuesta trabajo el trasladar a la opinión pública las causas del incremento de precios, unas veces debido a tradicionales circunstancias coyunturales de la producción y otras a factores estructurales o a incrementos de costes regulatorios.
Esta sigue siendo una tarea pendiente que exige un esfuerzo pedagógico constante para acercar a la población a la realidad del sector y también hacia los decisores públicos. Entretanto, el consumo interno sigue creciendo en términos de volumen con un crecimiento de la población de medio millón de habitantes pero con cambios muy importantes en la composición de la cesta de la compra y en los hábitos de consumo que ponen de manifiesto todas las empresas de estudios de mercado.
Frente a este panorama exterior, nuestra cadena alimentaria sigue dando muestra de una gran resiliencia que, sin duda, seguirá siendo puesta a prueba durante 2026.