Hay una realidad que ya no admite discusión: la desinversión estructural del Estado en Catalunya. No es una percepción, es un hecho que la ciudadanía sufre cada día. Rodalies colapsadas, proyectos estratégicos como la Sagrera acumulando retrasos, carreteras saturadas como la N260, la AP7 o la A2 y conexiones deficientes que frenan el desarrollo económico.
No hablamos de un problema puntual. Hablamos de décadas de promesas incumplidas y de presupuestos que, demasiadas veces, ni siquiera se ejecutan. Pero el problema no es solo cuánto se invierte, sino cómo se decide. Durante años, las prioridades se han marcado desde despachos lejanos, sin suficiente conocimiento del territorio. Y así, las decisiones no responden a las necesidades reales del país. Ante esta situación hay dos maneras de hacer política.
La de Esquerra Republicana es clara: construir. Pensar en el conjunto del país, no en el bloqueo ni en el titular fácil. Trabajar para poner soluciones encima de la mesa y generar herramientas útiles que mejoren la vida de la ciudadanía. No nos resignamos ni nos instalamos en la queja permanente. Actuamos.
Hablamos de más capacidad de decisión, de mejor gobernanza y de ejecución real
Por eso hemos impulsado el Consorci de inversiones de Catalunya. Una herramienta concreta para cambiar las cosas: para planificar mejor, para asegurar que lo que se aprueba se ejecuta y para que la Generalitat tenga una participación real en decisiones que afectan directamente al día a día de la gente.
Hablamos de más capacidad de decisión, de mejor gobernanza y de ejecución real. De decidir des de casa y no des de fuera. De pasar de las promesas a los hechos.
¿Lo resuelve todo? No. El objetivo de fondo sigue siendo la plena soberanía fiscal. Pero los avances no llegan con discursos vacíos, sino con pasos concretos. Y este es un paso necesario para ganar capacidad, para desbloquear inversiones y para mejorar la vida de la mayoría social. Frente a esta propuesta, nos hemos encontrado lo de siempre: el “no”.
Un “no” sin alternativa, sin propuesta y sin voluntad de construir. Pero lo más grave no es solo la falta de propuestas. Es que ese “no” constante acaba bloqueando y destruyendo soluciones que podrían beneficiar al conjunto del país.
Votar en contra del Consorci de inversiones no es votar contra una iniciativa de un partido. Es ir contra decidir recursos, contra la ejecución de los presupuestos y contra oportunidades para la ciudadanía.
Catalunya no puede permitirse más bloqueo ni más política de trincheras
Mientras Esquerra trabaja para que haya más inversión, más capacidad de decisión y mejores condiciones de vida, Junts se limita a vetar. Y con vetos, el país no avanza. Vetar el Consorci, es quitar recursos a la Generalitat, es vetar que el país avance
Catalunya no puede permitirse más bloqueo ni más política de trincheras. La ciudadanía no puede seguir esperando mientras las infraestructuras se degradan y las oportunidades se pierden.
Hacer política es asumir responsabilidades. Es aprovechar cada oportunidad para avanzar. Es pensar en quien coge cada día el tren, en la pequeña empresa que necesita buenas conexiones, en los jóvenes que quieren construir su futuro sin marcharse.
La diferencia es clara. Hay quien se instala en el “no” y en el enfado permanente. Y hay quienes trabajamos, proponemos y construimos. Porque la política va de estar siempre. Va de hacer que las cosas pasen.
sobre la firma
Inés Granollers es diputada de ERC en el Congreso y portavoz en la Comisión de Transportes.