David Córdova, presidente ejecutivo de Demócrata, es una de esas personas de la que siempre aprendes cuando hablas con él. En esta ocasión, me pidió mi opinión sobre la nueva regulación europea de la Inteligencia Artificial.
Al terminar, me invitó a leer un fragmento de la biografía de Elon Musk. En dicho fragmento se explica cómo el día del cumpleaños de Musk, allá por el año 2013, aquel debatía con algunos de sus invitados acerca de la necesidad de establecer medidas de seguridad para el desarrollo de esta nueva tecnología ya que, de lo contrario, “los sistemas de inteligencia artificial podrían sustituir a los humanos y condenar a nuestra especie a la irrelevancia o, incluso, a la extinción”.
Máquinas, humanos e Inteligencia Artificial
Según prosigue el libro, entre los invitados se encontraba Larry Page, quien rebatía el temor de Musk afirmando que no importaba si llegaba un día en el que las máquinas superasen a los humanos en inteligencia y hasta en conciencia, ya que, simplemente -sostenía el fundador de Google- sería la siguiente fase de la evolución.
De hecho, el propio Page acusaba a Musk de “especista”, tratando de definirle como alguien que tiene prejuicios a favor de su propia especie.
“Joder, a mí me gusta la humanidad, tío”, sentenció Musk.
Los sistemas de inteligencia artificial podrían sustituir a los humanos y condenar a nuestra especie a la irrelevancia o, incluso, a la extinción
Elon Musk
Debo confesar que no fui invitado a esa fiesta, por lo que no puedo confirmar la veracidad de esta discusión ni que, en caso de producirse, Page no estuviera bromeando.
Sin embargo, el debate ético entre la postura humanista y la tecnológica se vuelve a plantear a la hora de determinar cuál debe ser el alcance de su regulación en los distintos países del mundo, con sus propias culturas, creencias, ambiciones y prejuicios.
