Como es sabido, una de las mayores preocupaciones que ha mostrado el sector de la inteligencia artificial durante todo este proceso de regulación ha sido el de la ausencia de una definición clara y concisa, que -además- garantice su actualización durante un periodo de tiempo lo más extenso posible, lo que se viene conociendo con el término “future proof”.
Es decir, que, a la vista de la rápida evolución de esta tecnología, la norma no se limite a recoger una definición que no contemple aquellas nuevas tipologías de inteligencia artificial que -previsiblemente- vayan a ir surgiendo en los próximos meses.
