Últimamente, el mes de diciembre se está convirtiendo en un momento legislativamente relevante. En efecto, el 22 de diciembre de 2022, el DOUE publicaba la Directiva NIS2, el Reglamento DORA y la Directiva sobre resiliencia de entidades críticas, que son pilares fundamentales para la ciberseguridad de ciudadanos, empresas y sector público.
En esta misma línea, el pasado viernes 8 de diciembre se lograba un acuerdo para la aprobación de la IA Act, un Reglamento que está llamado a servir de marco regulador del uso que vaya a darse de esta tecnología disruptiva en un mercado (por lo menos en el español) que en la actualidad está copado por herramientas de origen, principalmente, norteamericano.
El IA Act es un Reglamento que está llamado a servir de marco regulador del uso que vaya a darse de esta tecnología disruptiva en un mercado copado por herramientas de origen, principalmente, norteamericano.
El texto acordado ahora tendrá que ser adoptado formalmente tanto por el Parlamento como por el Consejo para convertirse en ley de la UE. Los comités de Mercado Interior (IMCO) y Libertades Civiles (LIBE) del Parlamento votarán sobre el acuerdo en una próxima reunión, ya en 2024.
Los negociadores del Parlamento y del Consejo llegaron a un acuerdo provisional sobre la Ley de Inteligencia Artificial. Este reglamento tiene como objetivo garantizar que los derechos fundamentales, la democracia, el estado de derecho y la sostenibilidad ambiental estén protegidos de la IA de alto riesgo, al tiempo que impulsa la innovación y hace de Europa un líder en el campo. Las reglas establecen obligaciones para la IA en función de sus riesgos potenciales y nivel de impacto.
Luces y sombras
Como en toda regulación que afecta a los desarrollos tecnológicos, encontraremos partidarios y detractores de una regulación que ha sido controvertida a la vista de la oposición -primero- de los lobbies tecnológicos y -después- por países como Francia, Italia y Alemania que se opusieron a la propuesta de texto que iba a ser objeto de negociación.
Todos aquellos consideraban que una regulación tan trascendental requería un análisis más profundo de una tecnología que, desde hace ya varios años, viene transformando las actividades de numerosas empresas y sectores.
