Lletres asturianes, patrimonio universal

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OPINIÓN PLANTILLA (16)

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Decía George Steiner que no existe idioma al que pueda considerarse "pequeño", o "menor", independientemente de su número de hablantes o de su contexto social o material, porque cada lengua crea un conjunto de mundos posibles y geografías de la memoria.

En efecto, cada idioma constituye un universo que se manifiesta en su toponimia, en su literatura, en el habla popular, en la expresión de los afectos, en lo íntimo y lo trascendente, en lo sublime y en lo concreto. Tal es el sentido de la diversidad lingüística como fuente de riqueza para nuestra sociedad, riqueza que no puede medirse por la cantidad de personas que la ostentan porque, como demuestra la Hestoria universal de Paniceiros de nuestro llorado Xuan Bello, el mundo entero cabe en una pequeña aldea.

Atravesamos tiempos, sin embargo, en los que quienes denostan la diversidad como espacio de encuentro y patrimonio común, tienen más altavoces que nunca, aunque no estoy seguro de que sean más que los mismos de siempre. Frente al permanente griterío uniformizante y empobrecedor que quiere reducir la diversidad a una anécdota folclórica, en nuestro país emergen todo tipo de propuestas artísticas y culturales, desde el centro y desde las periferias, en una interacción permanente que desmiente a cualquiera que pretenda limitarla. Así, la llingua asturiana, que en 2026 celebra el 8 de mayo su Día de les Lletres, reclama su lugar en el canon literario como parte de ese patrimonio colectivo, que no conoce fronteras ni jerarquías.

 Así debería ser, en todo caso, porque no podemos dejar de lamentar que lenguas no cooficiales, como la asturiana o la aragonesa, deban enfrentar constantes trabas administrativas en ámbitos tan sensibles como el educativo o el mediático. No podemos olvidar a los y las docentes de asturiano y eonaviego, que siguen luchando por la creación de las especialidades docentes para sus asignaturas, sin las cuales se ven condenados a la precariedad y a la interinidad permanente.

Tampoco podemos obviar la casi total ausencia de programación en llingua asturiana en la radio televisión pública, a pesar de que su propia normativa le encomienda fomentar contenidos audiovisuales en lenguas originarias. Y, desde la perspectiva de un diputado asturiano en el Congreso, la supuesta normalidad con la que se pueden emplear los idiomas del Estado esconde una serie de barreras procedimentales que, en la práctica, obstaculiza normalizar nuestra diversidad lingüística. Es cierto que en esta legislatura ha habido avances notables que se deben revindicar, pero la permanente excepcionalidad en la que se encuentra la llingua asturiana no solo dificulta su uso espontáneo, sino que le da herramientas a quienes pretenden aplanar cualquier manifestación de pluralidad en las instituciones.

Son solo algunos ejemplos de un reguero de trabas y obstáculos que serían fácilmente subsanables, especialmente si avanzamos en la dirección más lógica y que más consenso despierta en Asturies: la oficialidad de la llingua asturiana. No solo lo demandan los y las hablantes de la llingua, no solo lo aconseja el Comité de Expertos de la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias, sino que es una aspiración todas las personas que aprecian y defienden el conjunto de la tradición y cultura asturianas. Y en esa concepción integral del patrimonio brilla cada mayo la Selmana de les Lletres, la fiesta de la literatura de Asturies, un momento para sentirnos orgullosos y orgullosas de quiénes fuimos, de quiénes somos, de quiénes seremos y de la llingua que leemos y hablamos.

sobre la firma:

Rafa Cofiño es diputado en el Congreso de Sumar por Asturias.