Cada 6 de Diciembre es jornada de puertas abiertas en el Congreso de los Diputados. Nos encantan las puertas abiertas. Por eso llevamos años peleando para que este emocionante momento no se celebre solo una vez al año, sino que todos los días sean de puertas abiertas en el Parlamento. 47 años después del nacimiento de la democracia en España, por fin hemos conseguido que, al menos, se entornen.
Por el resquicio, las ciudadanas y ciudadanos de este país vamos a poder asomarnos a las reuniones de sus señorías con los grupos de presión (los lobbies), secretas hasta ahora. Y el felpudo no borrará más la huella legislativa, que facilita seguir el proceso que han vivido las leyes desde su concepción hasta su aprobación o rechazo.
Vamos a poder asomarnos a las reuniones de sus señorías con los lobbies
Después de dejarnos los nudillos llamando, hemos logrado algo que parece increíble que aún no exista en el siglo XXI: gracias a la creación de una ventanilla electrónica ya no será necesario acudir en persona a la Carrera de San Jerónimo a registrar una petición, por ejemplo. También hemos fundido el timbre a fuerza de pedir la publicación de los votos de las Comisiones, y el sonido ha debido de ser tan molesto que por fin nos hicieron caso.
Pero a la modernidad le cuesta entrar en la Cámara baja. Parece que las bancadas de maderas nobles combinan bien con los teléfonos móviles de última generación, pero menos con las innovaciones en participación ciudadana. Pedimos algo tan revolucionario como organizar un modo eficaz de que nuestros representantes nos escuchen e incluyan nuestros puntos de vista en los debates y en las leyes sobre los temas que nos afectan. Porque las personas somos las dueñas del poder, y ellos nuestros delegados. Es verdad que se va a abrir un proceso de reflexión en la Comisión de Calidad Democrática sobre el tipo de participación ciudadana que el Congreso quiere, pero en este punto: hasta que no lo veamos, no lo creeremos.
Ah, y parece mentira tener que hacerlo, pero el Plan les recuerda a las y los diputados que es obligatorio cumplir el Reglamento y el Código de Conducta. Así sea.
La consulta pública se ha limitado a una ventana de dos semanas, ya con el borrador finalizado, así que nos hemos pasado casi dos años intentando entrar a la casa por la puerta de atrás para intentar oler el guiso. Habrá quien piense que una comunicación unilateral a través de un correo electrónico y el plazo legal de 15 días es suficiente para escuchar a la población que vive más allá de la Puerta de los Leones, pero nos parece que en un proceso de búsqueda de la excelencia democrática como este se espera un plus de ejemplaridad.
En todo caso, una vez servida la comida, confiamos al menos en que el Plan pueda ejecutarse contando con quienes hemos defendido este modelo, como da a entender el apartado de “gobernanza” del documento. Les esperamos sentados en la sala de invitados. No se retrasen, que se enfría la cena.