Redes de distribución de gas: la gran paradoja del valor invisible

Raúl Suárez Álvarez, CEO de Nedgia, señala en Demócrata que la red de distribución es el eslabón esencial del sistema energético, aunque sigue recibiendo una atención y recursos insuficientes

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CEO de Nedgia, distribuidora de gas del grupo Naturgy
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Los seres humanos evaluamos el valor de las cosas de forma reactiva. Todo aquello que funciona en silencio, que no exige esfuerzo consciente ni produce disrupciones, tiende hacia el valor cero en nuestra percepción, independientemente de su importancia real. Tres mecanismos explican esta paradoja.

El primero es el sesgo de la ausencia. Solo valoramos activamente aquello cuya presencia requiere esfuerzo o cuya ausencia produce daño. Si la calefacción funciona no se activa ninguna respuesta emocional, pero si no lo hace, sí. Esto genera una asimetría profunda: las cosas que mejor funcionan generan menos atención y, por tanto, menos reconocimiento. Es un ciclo que se retroalimenta hasta que el sistema falla.

El segundo es la invisibilidad de la prevención: no se puede representar el valor de lo que no ocurrió. El mantenimiento no genera historia ni titulares. Sólo vemos los incidentes que ocurrieron, no los miles que se evitaron. Esto produce una distorsión sistemática en cómo asignamos recursos: casi siempre hacia la respuesta reactiva, casi nunca hacia el mantenimiento.

El tercer mecanismo es la complejidad como factor de opacidad. Cuanto más sofisticado y robusto es un sistema, más invisible resulta su funcionamiento.

Las dos primeras razones me llevan a reflexionar sobre la red de distribución de gas y si realmente la regulación le asigna los recursos necesarios. Su extensión daría dos veces la vuelta al mundo, distribuye más energía que todo el sistema eléctrico nacional y es el elemento más crítico del sistema gasista por su inmensa capilaridad, que hace que el “último tramo” sea irremplazable ante un incidente masivo porque es la que concentra el impacto directo e inmediato en el usuario final y porque su recuperación tras un incidente es extremadamente compleja y larga. El valor de la capilaridad quizá se percibe mejor con las carreteras. Pocos días después de la DANA las autovías ya estaban abiertas, pero meses después muchas poblaciones continúan sin carreteras de acceso o con partes aisladas sin puentes que las unan. La capilaridad tarda mucho en desarrollarse y sólo nos damos cuenta cuando la tenemos que reconstruir.

Cuando hablamos de seguridad de suministro energético en Europa, el debate público tiende a fijarse en los grandes gasoductos transfronterizos, en los terminales de regasificación o en los contratos de suministro con países terceros. Son elementos imprescindibles, sin duda. Pero existe un eslabón de la cadena que recibe menos atención y que, sin embargo, es donde la seguridad de suministro se materializa o fracasa: la red de distribución de gas.

La seguridad de suministro se construye kilómetro a kilómetro, nodo a nodo, en la red que llega hasta cada hogar e industria. Por esta razón es imprescindible que el nuevo marco retributivo reconozca que también en distribución se debe actualizar la retribución de los activos para que pueda seguir siendo el eslabón que cierra el ciclo con fiabilidad y seguir siendo el elemento más crítico que no se valora porque nunca falla.

Por otra parte, una red de distribución de gas que opera perfectamente es un prodigio de complejidad coordinada que, precisamente por eso, pasa desapercibido. La complejidad bien diseñada se hace transparente.

Una red de distribución de gas que opera perfectamente es un prodigio de complejidad coordinada

Las redes de distribución son críticas también desde el punto de vista de la ciberseguridad. Como infraestructura esencial para la seguridad del país están expuestas a un volumen creciente de amenazas en su operación. Sólo en 2025 se produjeron más de 15.000 ataques a la capa física-digital que gestiona el sistema de distribución de gas.

Es imposible prever qué tendremos que hacer en los próximos años -los “malos” siempre van por delante- para que esta extraordinaria complejidad siga siendo invisible a los ojos de la sociedad, pero lo que es seguro es que tendremos que incrementar de forma exponencial el esfuerzo material y económico.

Las redes de distribución son críticas también desde el punto de vista de la ciberseguridad

Identificar esta complejidad invisible requiere un esfuerzo cognitivo deliberado que va contra nuestra psicología natural: cultivar la capacidad de valorar lo que funciona antes de que deje de hacerlo.

En este sentido es justo reconocer y se debe valorar que la CNMC lo haya hecho al reconocer que la digitalización y la ciberseguridad son nuevas realidades que deben abordarse y, por tanto, necesitan un mecanismo retributivo específico. Nos debe dar tranquilidad que el regulador tenga esta capacidad de observar más allá de lo visible y sea anticipativo.

Sin embargo, si bien es un acierto por parte de la CNMC, el valor asignado se queda corto en comparación con lo que diversos estudios prevén que será necesario y lo que estamos viendo que sucede en otros sectores, probablemente no tan críticos.

La confianza hace invisible aquello en lo que se confía. La red de distribución de gas funciona como un sustrato de confianza. Es un sistema tan omnipresente que su coste de mantenimiento se ha vuelto invisible y, además, es muy barata – tenemos los peajes más bajos de Europa. Por tanto, se trata de una candidata perfecta a ser ignorada hasta que colapse.

En definitiva, esta paradoja tiene consecuencias estructurales en cómo las sociedades asignan recursos porque se produce un sesgo permanente hacia lo visible y lo urgente frente a lo importante y lo silencioso; se tiende a invertir en inauguraciones, no en mantenimiento o ciberseguridad; se tiende a que los reguladores reduzcan la retribución, no a que asignen los recursos necesarios para que los sistemas sigan funcionando a la perfección.

El marco retributivo debe dar respuesta a lo invisible, debe ser una palanca de confianza. Las empresas distribuidoras de gas operamos en un entorno regulado. Eso significa que nuestra capacidad de acometer inversiones y afrontar gastos -sean en renovación de red, en digitalización o en ciberseguridad- depende de que el marco retributivo las reconozca como necesarias y las remunere adecuadamente.

El actual período regulatorio en España, como en buena parte de Europa, fue diseñado en un contexto tecnológico y geopolítico sustancialmente diferente al actual. La amenaza cibernética no tenía la dimensión que tiene hoy. La integración de gases renovables no exigía el nivel de digitalización que requiere ahora. Y la criticidad social de las redes de distribución no había sido tan evidenciada como lo ha sido tras las crisis energéticas y geopolíticas de los últimos años.

La alternativa a atender adecuadamente el mantenimiento de los activos, en especial aquellos con mayor edad, la ciberseguridad y la digitalización no es ahorrar, es asumir un riesgo sistémico cuyo coste, cuando se materialice, será infinitamente mayor.

En realidad, la respuesta es tan simple como reconocer la propia paradoja: la ausencia de señal no es ausencia de valor, sino con frecuencia su forma más pura. Si la red de distribución de gas no nos preocupa y nunca falla es porque su valor es inmenso. Seamos conscientes, cuidémosla y asignemos los recursos retributivos necesarios para que su valor siga siendo invisible a los ojos de la sociedad.

SOBRE LA FIRMA:

Raúl Suárez Álvarez, CEO de Nedgia, distribuidora de gas del grupo Naturgy.